Así va la vida

Solo hay unos 30.000 leones de los 200.000 que había un siglo atrás

Situación. En países de África la especie es fuente de ingresos de cazadores y enemiga de pastores

La Razón (Edición Impresa) / El País / Dakar (África)

00:00 / 02 de agosto de 2015

En muchos países de África el león supone una importante fuente de ingresos que llegan tanto del turismo como de la caza. El hombre redujo su territorio y son cada vez más frecuentes los ataques de felinos al ganado y hay cazadores que los matan.

“No podemos imaginar África sin leones”, asegura Xavier Surinyach, miembro de la ONG Serengueti Watch, “pero asistimos a una pérdida incesante de su hábitat por la ocupación progresiva del territorio por parte del hombre, lo que provoca continuos conflictos en los que siempre acaba perdiendo el animal”. Si hace un siglo el continente albergaba unos 200.000 ejemplares repartidos por un amplio territorio, ahora se estima que quedan unos 30.000 y su presencia es significativa en siete países: Botsuana, Tanzania, Kenia, Sudáfrica, Etiopía, Mozambique y Zimbabue.

En este último país, el león Cecil se había convertido en un símbolo. Con 13 años, era el ejemplar más grande de la reserva de Hwange, líder de una manada compuesta por tres hembras y siete cachorros, además formaba parte de un programa de investigación. Su muerte a manos del cazador estadounidense Walter Palmer generó una oleada de repulsa y la apertura de un proceso judicial en Zimbabue.

En África es habitual cazar leones. Existen reservas para hacerlo. En Tanzania, el país con más leones de África, está prohibido abatir hembras y machos menores de seis años. Las autoridades entienden la importancia de la especie como estrella de los safaris turísticos, mientras que la caza genera 25 millones de dólares anuales.

El problema es que “muchas compañías de safaris de caza y las que regentan las reservas no respetan estas cuotas, dejan a los clientes matar tantos animales como puedan”, añade Surinyach, para quien el caso de Cecil es “100% caza furtiva” porque la reserva donde el emblemático animal se movía “tenía cuota cero para leones”. Además, está el problema de que esos límites de caza a veces no respetan criterios científicos y se conceden más permisos de los que permiten proteger a la especie.

Pese a la progresiva reducción de su hábitat, el león sigue poblando las leyendas y la tradición oral de numerosos grupos étnicos africanos. Hoy ya no quedan en la zona, pero en Guetalá, un pueblo situado al oeste de Malí, el cazador es una de las personas más respetadas porque hace muchos años logró matar a un león, una historia que se cuenta por generaciones. Y es que un viejo refrán bantú dice que “mientras los leones no tengan historiadores, las historias de caza seguirán glorificando al cazador”. Al menos hasta la irrupción de internet y las redes sociales, porque parece que a Cecil le han surgido millones de cronistas, y no tiene pinta de que Walter Palmer esté viviendo precisamente un momento de gloria.

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