Así va la vida

Uruguayos siguen fieles al mate cueste lo que cueste

Su precio ha subido en 46% en los últimos 12 meses y se espera que aumente otro 30% antes de fin de año, un incremento que el presidente José Mujica cree “catastrófico”.

Yerba mate. Foto: Wordpress

Yerba mate. Foto: Wordpress

La Razón (Edición Impresa) / EFE / Montevideo

23:51 / 28 de septiembre de 2013

Aunque dolorosa para muchos hogares, la inusitada subida del precio del kilo de yerba mate en Uruguay no parece por ahora argumento suficiente para mermar el hábito de consumo de esta infusión entre la población.

En la calle, en casa o incluso en el autobús o al volante de un automóvil —desafiando la prohibición de consumir mate en vehículos por motivos de seguridad— es fácil identificar la calabaza vaciada donde se vuelca la yerba, la bombilla (sorbete) por la que se succiona la bebida, y el termo para “cebar” o ir añadiendo el agua caliente a la infusión.

Y eso pese a que su precio ha subido en 46% en los últimos 12 meses y se espera que aumente otro 30% antes de fin de año, un incremento que el presidente José Mujica cree “catastrófico” para el país campeón mundial en consumo de mate, con más de nueve kilos por persona.

El aumento de valor se explica en parte por la inflación, del 6,73% en lo que va de 2013, pero también porque, contra lo que muchos podrían pensar, el 95% de la yerba que se toma en Uruguay procede de Brasil y allí se ha encarecido notablemente por dos razones. Una, porque se produce menos ya que muchos productores han sustituido el cultivo de la planta por la soja, mucho más rentable; y otra, porque el alza del dólar respecto al real brasileño ha incrementado el valor de las importaciones uruguayas desde aquel país.

Pero, ¿de dónde procede la tenaz propensión del uruguayo por esta bebida? La costumbre responde a “un hábito social” y no a que la yerba tenga propiedades adictivas, según el investigador Nelson Bracesco, de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República. Bracesco dice que “tiene componentes estimulantes que son los que te permiten mantenerte despierto y más atento”, fundamentalmente cafeína. “La gente de 50 (años) para arriba sabe que si toma mate después de las 17.00, no duerme”, señala.

El precursor en materia de mate fue el milenario pueblo guaraní (noreste argentino, Uruguay y sur de Paraguay y Brasil), que otorgó a la yerba la cualidad de planta “benéfica y protectora”. La palabra mate, que designa tanto a la infusión como el recipiente en el que se consume, proviene en realidad del quechua mati, que significa “calabaza”.

Su consumo fue difundido aún más por los religiosos jesuitas en el siglo XVII, durante la colonización española, y terminó por expandirse a regiones de Chile y Bolivia.

En Uruguay, a pesar de la competencia actual del café y los refrescos, el tomar mate sigue más vivo que nunca gracias a la transmisión de una costumbre de generación en generación.

“Desde que uno es chiquito ya anda con el mate. Mi madre toma mate todavía, y tiene cerca de 90 años. Es una cosa que ya viene de tradición”, contó Jorge Salinas, vigilante de coches en una céntrica plaza de Montevideo. Él explica que consume mate para combatir el frío y que la yerba es “aún más compañera que el cigarro”.

“Yo ya dejé de ser de la clase humilde o la clase pobre. Yo ya soy de la clase media-alta: tomo mate todos los días”, ironiza sobre el aumento de su precio, que ha pasado de 70 a 150 pesos el kilo (unos $us 7).

Costumbre. Para Pablo Tasende, representante de la empresa Carrau, que comercializa una marca de yerba importada de Brasil, en el aumento del precio también influye “la regularización de los trabajadores de las plantaciones de mate”, que ha aumentado “los costes de producción”. Pero, ¿por qué Uruguay no produce directamente la yerba? Porque el país “no reúne las condiciones climáticas ni de suelo para producir mate”, aclara Tasende.

Bracesco puntualiza que esas “condiciones adversas” podrían superarse “con el uso de la tecnología”, pero advierte que “la extensión de terreno y la inversión tecnológica” necesarias para sembrarla en Uruguay serían “desproporcionadas”. Por eso, los sufridos consumidores de mate uruguayos seguirán padeciendo por ahora los vaivenes del comercio internacional, pues el hábito parece muy lejos de desaparecer. Lo resume muy bien Verónica, una empleada de supermercado: “A los que nos gusta el mate, le vamos a seguir dando”.

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