Así va la vida

Los asiáticos apenas son recordados en homenajes de la II Guerra

Japón tendió la línea de tren entre Birmania y Tailandia con prisioneros y ‘romusha’

La Razón (Edición Impresa) / EFE / Kanchanaburi (Tailandia)

00:00 / 07 de agosto de 2014

Los trabajadores asiáticos padecieron la peores condiciones en el “ferrocarril de la muerte” entre Tailandia y Birmania construido durante la II Guerra Mundial, pero apenas si existen monumentos o películas que honren su memoria.

Multitudes de turistas y familiares visitan todos los años los cementerios y monumentos dedicados a prisioneros de guerra británicos, australianos u holandeses enterrados en la provincia de Kanchanaburi, en el oeste de Tailandia.

Algunos murieron ejecutados y torturados por los japoneses, pero la mayoría a causa de la malnutrición, enfermedades y las duras condiciones durante la construcción a marchas forzadas de más de 400 kilómetros de vías que entre 1942 y 1943 unieron Birmania y Tailandia.

En total, el Ejército japonés empleó unos 60.000 prisioneros, de los que murieron más de 12.300, mientras que había entre 180.000 y 260.000 asiáticos, en su mayoría malayos, tamiles y javaneses embaucados con falsas promesas o empleados a la fuerza.

Se calcula que murieron más de 90.000 asiáticos, conocidos como romusha (trabajador en japonés), aunque es sólo un cálculo y la cifra podría ser mayor.

“Los prisioneros militares tenían una organización militar, pero no los trabajadores asiáticos, que padecían unas condiciones insalubres tremendas”, explica a EFE Rod Beattie, director del Centro del Ferrocarril Thailand-Burma.

A costa de un enorme coste humano, el Ejército japonés finalizó en un tiempo récord de 17 meses el ferrocarril entre Tailandia y Birmania, construido con picos y palas por impenetrables selvas tropicales y escarpadas colinas.

Los romusha, en su mayoría analfabetos, no dejaron testimonios escritos y casi no existe documentación sobre los que yacen en fosas comunes a lo largo del trazado del ferrocarril.

“Algunos familiares de trabajadores asiáticos nos piden información, pero no podemos ayudarles. No hay información sobre el paradero de sus familiares muertos”, reconoce Beattie, quien lleva más de 15 años investigando sobre el ferrocarril y la Segunda Guerra Mundial.

Sapaka fue uno de los miles de malayos obligados a viajar hasta Kanchanaburi para trabajar en el ferrocarril. "Los guardias podían ser muy fieros. Incluso si tenías que orinar, debías pedir permiso. Si no lo hacías, te ataban las manos a la espalda y te golpeaban con palos con hormigas rojas. Te picaban por todo el cuerpo", dijo el malayo, según testimonio recogido por el historiador David Boggett.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia