Así va la vida

En Mecapaca emplean billetes de alasita

La tradición no muere, renace. Cada 24 de enero, en el municipio paceño de Mecapaca los niños compran y venden sus cosechas con billetes de Alasita. Este año no fue la excepción.

La Alasita del municipio de Mecapaca se realiza en las calles, al aire libre, sobre el empedrado y los gritos de los niños anunciando sus productos llenan el ambiente. Foto: Guido Huanca

La Alasita del municipio de Mecapaca se realiza en las calles, al aire libre, sobre el empedrado y los gritos de los niños anunciando sus productos llenan el ambiente. Foto: Guido Huanca

La Razón (Edición Impresa) / Erick Ortega / La Paz

00:00 / 31 de enero de 2016

La tradición no muere, renace. Cada 24 de enero, en el municipio paceño de Mecapaca los niños compran y venden sus cosechas con billetes de Alasita. Este año no fue la excepción.

Cuando empieza a clarear, después de las seis de la mañana, los infantes despiertan y luego de desayunar alistan sus camiones.

Los coches están hechos de madera y no tienen motor, pero sí cargan mucha ilusión. Cada conductor se encarga de revisar su vehículo y ver que las ruedas estén óptimas para transitar por las calles empedradas del municipio que está ubicado a unos 45 minutos de la ciudad de La Paz.

Las poblaciones de Huaricana, Satélite, Huayhuasi, El Palomar, Cahuayuma y otras en las riberas del río La Paz son las que más participan en la fiesta alasitera.

Mientras algunos arreglan los vehículos, otros niños se van al campo y ayudan a las niñas en la cosecha de productos. Eso sí, todos sacan sus billetes de Alasita.

Cargando aguayos, cajas y sacos, los menores van a sus chacras para recoger las verduras, hortalizas y frutas de la temporada.

Por la tarde, las vías de las comunidades se apoderan del bullicio de los mercados. Hay un grito en forma de pregunta que se escucha en las calles y en las puertas de las casas: ¿Tienes carga?

Las niñas se entusiasman a la hora de vender los productos. Salen a las avenidas, que están cortadas para el tráfico vehicular, y solo se permiten coches miniaturas.

En el suelo, en cajas de madera en miniatura, en sacos pequeños, en canastitas están agolpadas peras, tunas, higos, choclos, repollos, brócolis, coliflores, acelgas, apios, lechugas, perejiles y muchos otros productos que han sido cosechados durante el día. Y, por ser jornada alasitera, únicamente se venden los de tamaño ch’iti.

Es una época de flete de coches, también. Son noches de negocios. Los camioneros descargan los artículos de sus carrocerías y cobran un alquiler por sus servicios. Se sueltan las ch’iphas (redes de cuero, en miniatura) y el chofer recibe su salario. El precio del transporte oscila entre los Bs 200 y 400. Con ese dinero de mentira se aviva el negocio.

En la vía pública hay quienes han dejado piedras o aguayos para reservar espacios para la venta por menor.

Allí llegan familias íntegras para observar las novedades. Desde los ancianos hasta los niños se ocupan de adquirir y vender las verduras y las frutas. Como en la vida real, hay quienes piden una rebaja y otros que pagan sin chistar.

En Mecapaca, la fiesta de Alasita se celebra las noches 24, 25 y 26 de enero, cuenta Guido Huanca Huayta, responsable de Educación y Cultura del municipio. Luego de las jornadas de fiesta, la vida vuelve a la normalidad... al menos durante un año.

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