Así va la vida

La historia del ‘papá zombi'

Transformación. Edmar Siles se hizo tatuar los ojos

Trabajo. Edmar durante la entrevista, en su estudio Catrinas Body Art de Sopocachi.

Trabajo. Edmar durante la entrevista, en su estudio Catrinas Body Art de Sopocachi. Wara Vargas.

La Razón (Edición Impresa) / Erick Ortega / La Paz

02:22 / 19 de diciembre de 2015

“No me rebelo contra nada”, aclara y suelta una sonrisa que rompe con la sincronía de su mirada. El segundo viernes de agosto, Edmar Siles se hizo tatuar los ojos y perdió el blanco de los globos oculares. Desde entonces la gente lo ve diferente.

“Lo que menos quiero es producir miedo”, explica el muchacho de 24 años que es padre de dos niños. Uno de ellos, el mayor de tres años, lo bautizó como “papá zombi”; mientras que el otro, de un año, sigue aferrándose a su padre como si el cariño pudiera estar al margen del color de los ojos.

“Quería un cambio, algo diferente para mí”, explica Edmar en su taller de tatuajes de Sopocachi.  Viste campera oscura, jeans y una gorra con algo de verde en la parte frontal. Es el mismo joven amiguero y amante de la red social Facebook  que tiene 33 tatuajes y ocho perforaciones en el cuerpo.

Lo único que ha cambiado en él son sus ojos. Y eso también le ha cambiado la vida. Cuenta, por ejemplo, que en la ciudad chilena de Arica un niño lo vio en la calle y se asustó luego de que Edmar se sacara las gafas. Cuando bolichea por Sopocachi, su zona preferida, la gente lo sigue con la mirada. El tatuaje lo hizo su amigo Juanjo, quien fue el primer boliviano en tener los ojos completamente de un solo color.

“No me dolió nada”, dice Edmar. Él estuvo aproximadamente una hora y media con los ojos abiertos y mirando fijamente un punto. Mientras, el tatuador fue inyectando tinta en agujas de insulina en sus globos oculares. Después tuvo que someterse a un cuidado extremo: nada de luz, cero televisión y, además, tenía prohibido mirar la pantalla del celular. Tuvo que aprender a dormir sentado. Al tercer día volvió a ver  la luz. Se observó en el espejo de su baño y cayó en cuenta de que su deseo se hizo realidad: quería algo diferente y lo logró.

Su salud, por ahora, no está en riesgo. Trabaja normalmente de lunes a viernes, en su estudio Catrinas Body Art, ubicado en la intersección de las calles Rosendo Gutiérrez y Sánchez Lima. “Quizás en 15 años tenga alguna dificultad”, admite. De momento eso no le interesa al "papá zombi".

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