Así va la vida

Las mascotas y sus amos son felices cuando se ven a los ojos

Fenómeno. La producción de la hormona del amor se  estimula cuando se observan

La Razón (Edición Impresa) / Manuel Andese, El Pais / Madrid

00:03 / 21 de abril de 2015

Las mascotas y sus amos retroalimentan su felicidad mirándose a los ojos. Se trata de un fenómeno que dispara la producción de la hormona del amor en los cerebros, dicen los expertos. “El amor hacia el perro es voluntario, nadie lo fuerza. Y lo principal: ninguna persona puede otorgarle a otra el don del idilio. Eso solo lo sabe hacer el animal”, escribía Milan Kundera en La insoportable levedad del ser. En la novela, la protagonista, Teresa, llega a pensar que el amor que siente por su perra Karenin es mucho mejor que el que siente por su marido. “El amor entre un hombre y un perro es un idilio. En él no hay conflictos, no hay escenas desgarradoras, no hay evolución”, justifica el libro.

Este sentimiento se repite en un sinfín de obras artísticas y se condensa en una frase, “Cuanto más conozco a las personas, más quiero a mi perro”, que ha sido atribuida a decenas de autores, aunque posiblemente podría ser firmada por decenas de millones. Un equipo de científicos ilumina este proceso de enamoramiento entre los perros y sus dueños: retroalimentan su felicidad mirándose a los ojos.

Los investigadores, encabezados por el japonés Takefumi Kikusui, metieron a 30 perros con sus dueños en una misma habitación durante 30 minutos y observaron lo que ocurría: miradas, caricias, voces mimosas... Y antes y después del experimento midieron la cantidad de la llamada hormona del amor, la oxitocina, en la orina tanto de las mascotas como de los amos.

Las conclusiones de Kikusui, de la universidad de Azabu (Japón), son sorprendentes: cuanto más se miraban a los ojos los perros y sus dueños, más oxitocina producían sus cerebros. Repitieron el experimento con lobos domesticados desde cachorros y sus amos. La hormona, químico fundamental del cariño que sentimos en el cerebro, no aumentaba en este caso.

El equipo de científicos fue todavía más allá. En un tercer experimento, rociaron oxitocina en el hocico de algunos perros y los volvieron a meter en una habitación con su dueño y dos personas desconocidas. En los videos del laboratorio, puede verse cómo algunas mascotas se quedaban congeladas mirando solo a los ojos de sus dueños, que producían una cantidad de oxitocina equivalente.

“Estos resultados respaldan la existencia de un bucle de oxitocina que se autoperpetúa en la relación entre humanos y perros, de una manera similar a como ocurre con una madre humana y su hijo”, sostiene el equipo de Kikusui, que publica sus conclusiones en la portada de la revista científica Science. Es la primera vez que se detecta este vínculo hormonal entre los seres humanos y otra especie. Las implicaciones del estudio son importantes. Los resultados apoyan las terapias con perros para personas con autismo o trastorno de estrés postraumático.

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