Así va la vida

El secreto de los súper centenarios sigue oculto

Longevidad. Estudios tratan de descubrir genes especiales

La Razón (Edición Impresa) / El País / Madrid

00:00 / 17 de noviembre de 2014

Vivir más de un siglo es cuestión de azar. Para alcanzar los 80 o incluso los 90 años de edad, una vida sana puede desempeñar un papel importante, pero para llegar más allá es necesario ser un mutante.

Entre la población normal, la longevidad depende hasta en 30% de los genes. Sin embargo, esa cifra se incrementa entre las familias que alcanzan a tener edades excepcionales.

Los supercentenarios, esos raros humanos que viven más de 110 años, no siempre son monjes del brócoli y la carrera matutina diaria. Jeanne Calment, una francesa que murió con 122 años, el récord de todos los tiempos, fumaba dos cigarrillos diarios y comía un kilo de chocolate a la semana, y un estudio en Okinawa mostró que la mitad de los supercentenarios del lugar fumaban, y un tercio bebía alcohol.

Parece claro que estos privilegiados cuentan con un sistema de protección tan potente que casi no se ve afectado por los factores ambientales.

Para tratar de desentrañar ese secreto genético, se han realizado numerosos estudios que tratan de encontrar una combinación común a la longevidad extrema.

El último de estos análisis, que se publica en la revista PLoS ONE, trató de encontrar variantes genéticas comunes a 17 supercentenarios. Estas particularidades deberían producir proteínas diferentes a las personas comunes con efectos protectores frente a enfermedades como el cáncer o los problemas cardiovasculares.

Así se podría explicar, por ejemplo, que solo 19% de las personas que viven más de un siglo sufre algún tipo de cáncer, frente al 49% de la población normal, y que padezcan menos enfermedades cardiovasculares.

Sin embargo, los autores, liderados desde la Universidad de Stanford, no encontraron estos genes comunes. Pese a no haber logrado detectar variantes genéticas especiales en los supercentenarios, los autores de este último estudio creen que será posible lograrlo si se acumula el conocimiento suficiente, algo que no es tan sencillo en una población tan escasa en la actualidad.

Lograrlo, piensan, puede “ayudar a extender la edad media de la gente normal”, opina Kim Stuart, investigador de la Universidad de Stanford y autor principal del artículo. “Los supercentenarios [90% son mujeres] parecen tener un reloj del envejecimiento más lento”, señala Kim.

Una vez que se lograsen identificar los genes protectores, la investigación podría centrarse en encontrar maneras de fomentar su actividad o, en el futuro, modificar o cambiar las variantes negativas a través de la terapia génica. Son pocos los humanos que guardan el secreto.

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