Así va la vida

La venta de fósiles en Marruecos goza de total impunidad

Urgencia. Una paleontóloga pide museos de historia natural para preservar esas piezas

La Razón (Edición Impresa) / EFE / Rabat

00:08 / 15 de mayo de 2014

Los fósiles, testigos de la historia de un país, son vendidos y comprados en Marruecos con total impunidad, a veces para engrosar colecciones científicas, y en ocasiones hasta para convertirse en mesas e inclusive en muros de chalets de lujo.

Hace ya mucho tiempo que se han convertido en un artículo de artesanía en los bazares marroquíes, donde se venden junto a la cerámica de Fez o los afamados collares bereberes, unas veces clasificados en coquetas cajitas aterciopeladas, otras en impresionantes piezas individuales, como trilobites de hasta 300 kilos de peso.

En los recodos de las carreteras del Atlas y del Sahara, los niños y no tan niños ofrecen al viajero colecciones de amonitas, trilobites, dientes de tiburón y caracolas marinas junto a minerales y bisutería. Es cierto que algunos de los fósiles parecen falsos, pero son los menos, porque en Marruecos cuesta más fabricar y esculpir un fósil que encontrarlo en ciertas regiones.

A la puerta del desierto del Sahara, ciudades como Errachidía o Zagora tienen tiendas enteras con su patente comercial dedicadas a la venta de fósiles de todas las clases y tamaños; preguntar por la legalidad hace sonreír a los dueños. “Gracias a Dios, este es el único medio de vida para muchas familias en estas tierras”, explicaron en referencia a los buscadores.

Nezha Lazreq pasa por ser una de las mayores expertas paleontólogas de Marruecos. Profesora en la Universidad de Marrakech, elaboró en 2012 una “Carta para la valoración y preservación del patrimonio paleontológico” y se ha propuesto reunir a sus colegas de distintas universidades una vez al año para compartir sus preocupaciones.

Lazreq señaló a EFE que faltan en Marruecos museos de historia natural, y las únicas colecciones existentes están en unas pobres vitrinas de los pasillos del Instituto Científico de Rabat y en el Servicio Geológico del Ministerio de Energía y Minas.

¿Por qué en el Ministerio de Minas? Porque ha sido la actividad minera la que más ha hecho aflorar estratos enteros ricos en fósiles que algunas veces (las menos) son salvados, mientras que otros son destruidos, como en el caso del fosfato, un mineral compuesto por las partes blandas de los reptiles que poblaban la llanura central de Juribga.

Lo más sangrante, sin embargo, es el hecho de que ciertos yacimientos fosilíferos entran en la categoría de “materiales de construcción” de los 64 autorizados por el Estado y susceptibles de convertirse, con toda legalidad, en “muros y fachadas exteriores”.

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