Sociedad

Un ejemplo de valor, Solyana será bachiller y estudiará Psicología

Escribe textos con los dedos de sus pies, que son leídos en las charlas que ofrece a la comunidad. Sus pies también le permiten comunicarse, vía online, con los profesores de sexto de Secundaria de un colegio en Brasil, para alumnos regulares, donde estudia.

La Razón (Edición Impresa) / Wilma Pérez / La Paz

02:30 / 14 de julio de 2013

Solyana Coelho escribe en la computadora, toca el órgano electrónico, es nadadora, este año saldrá bachiller y quiere ser psicóloga. Los logros de la adolescente de 16 años son propios de cualquier persona normal, aunque nació sin brazos.

“Ingresé a la escuela a los tres años y aprendí a escribir con los pies de forma natural, al igual que otros lo hacen con las manos. Cuando cumplí cinco años, mis padres me llevaron a las clases especiales de natación, pero después me trasladaron a los cursos con niños normales porque yo también soy normal”, recordó.

Escribe textos con los dedos de sus pies, que son leídos en las charlas que ofrece a la comunidad. Sus pies también le permiten comunicarse, vía online, con los profesores de sexto de Secundaria de un colegio en Brasil, para alumnos regulares, donde estudia.

La brasileña de nacimiento llegó a Bolivia hace seis meses por su padre, quien es diplomático de la Embajada de Brasil, pero a fin de año regresarán a su ciudad, Río de Janeiro.

Este año saldrá bachiller y está buscando una universidad en Brasil para estudiar la carrera de Psicología. En el tiempo que radica en Bolivia aprendió a conversar y escribir en español, y pronto hablará en inglés.

Significado. La palabra normal es demostrada en cada una de las actividades que realiza Solyana. Al levantarse, es su mamá la que le  ayuda a vestirse; pero después desarrolla todas sus ocupaciones de manera independiente.

Se acomoda en un rincón de su dormitorio y conversa por su celular con sus amigos, toma bebidas y algunos alimentos sin problemas, y se distrae sacando melodías al órgano electrónico.

Los fines de semana sale con sus padres a pasear, al cine o viajan para conocer otras regiones de Bolivia. Los paisajes y la gente que conoce en el recorrido son descritos y guardados en la computadora o en su cuaderno.

En La Paz, realiza otras actividades como dar charlas a grupos de padres sobre los derechos de los niños y adolescentes, con énfasis en los que tienen discapacidad. Por la labor que desarrolla, es una activista de los derechos de los niños y adolescentes con discapacidad y por ello es la vocera de su sector en el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en Bolivia.

Tal es la oratoria de Solyana, que inspira a su entorno, como el caso de una charla que dio en una universidad privada de La Paz. Su madre, Luciana Loredo, rememoró que al término de la exposición se acercó un padre para preguntar sobre la actitud que debe asumir cuando sale a la calle con su hijo que no tiene orejas.

“Me sorprendió que ese papá no saque a su hijo a pasear sólo porque el menor no tiene orejas. Si nosotros no los aceptamos como son, no pidamos que el resto de la gente lo haga”, reflexionó.

Según el Programa Moto Méndez, del Ministerio de Salud, algunas familias negaron el registro de niños con síndrome de Down o autismo, nadie explicó las causas, casi todos los hogares eran de ingreso económico medio a alto.

Para Solyana, lo importante es que la sociedad los vea en la calle como a cualquier persona y que no se detengan a observarlos como alguien raro. “Soy normal al igual que muchos niños y adolescentes de Bolivia. Estudio, voy a la playa en Brasil, dentro de poco ingresaré a la universidad, seré psicóloga y sé que trabajaré como cualquier persona normal”, dijo.

Desde que nació, sus padres jamás intentaron ocultarla o internarla en algún centro especial. El síndrome que tiene se denomina Amelia, que es una malformación congénita que se caracteriza por la falta de uno o más miembros.  

“Cuando nació nos sorprendió, nos preguntamos qué hacer y Dios nos direccionó. Somos una familia feliz, mi hija es igual que otras adolescentes ríe, llora, canta y estudia mucho, la única diferencia es que no camina, pero no por eso la ocultamos”, afirmó la mamá.

  • Cifra

Según el informe 2013 de Unicef, en el mundo hay cerca de 93 millones de niños entre 0 y 14 años con algún tipo de discapacidad.

  • Región

En Bolivia y otros países    de la región, el 12% de la población infantil tiene algún tipo de discapacidad. Se calcula que  hay más de medio millón de niños menores de 14 años.

94% de niños con discapacidad no van a la escuela

En Bolivia, el 94% de los niños, las niñas y los adolescentes con algún tipo de discapacidad no está registrado en el sistema educativo regular o especializado, porque su familia no lo acepta como tal o por la falta de recursos económicos.

Marcela Morales, directora del Centro de Investigación para el Desarrollo Socioeconómico (Ceindes), explicó que a las unidades educativas regulares y especiales del país sólo asiste el 6% de los niños con discapacidad.

“El 2% ingresa a las unidades educativas regulares y el 4% a los centros de educación especial. Existe un grado de exclusión social elevado hacia las personas con discapacidad física o mental y uno de ellos, y el principal, es el acceso a la educación”, indicó.

Según datos del Ministerio de Educación, desde 2009 hasta 2011 hubo una disminución paulatina del registro escolar de los menores con discapacidad, sin embargo, para 2012 aumentó. Morales detalló que en 2007 el reporte fue de 8.067, pero para la gestión 2011 sólo se inscribieron 3.058 niños. En cambio, el registro de 2012 es de 7.309 estudiantes con discapacidad que asistieron a 139 centros educativos.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) señala que en Bolivia hay más de medio millón de niños, niñas y adolescentes, menores de 14 años, con algún grado de discapacidad. El registro del programa Moto Méndez del Ministerio de Salud anotó, hasta marzo de 2013, a 4.486 personas; 2.823 menos que el registro de Educación.

“Debemos dejar de discriminar a los niños con discapacidad y prestar más atención a sus capacidades. Es necesario erradicar las barreras que no les permiten demostrar todo su potencial”, aseveró el representante de Unicef en Bolivia, Marcoluigi Corsi, durante la presentación del informe mundial de discapacidad, el 2 de julio.

En el evento, Jorge Gutiérrez, niño de ocho años con discapacidad visual, pidió a la sociedad que lo acepte como es y le dé la oportunidad de desenvolverse con normalidad. “No piensen que no puedo leer ni escribir, la única diferencia es que lo hago de manera diferente”.Morales dijo que los datos son preocupantes, y a esa realidad se suma la falta de infraestructura para que los menores con discapacidad se desenvuelvan con normalidad.

“Las ciudades no son nada amigables para las personas con discapacidad. En las calles y los edificios son pocas las rampas para las sillas de ruedas, las aceras están llenas de vendedoras y los semáforos no informan a una persona ciega cuando cambia de color”.

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