Sociedad

El fin del Partido Republicano

El Partido Republicano está muriendo, y la forma en la que colapse, sea cuál sea, será caótica.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 29 de octubre de 2016

La política es un factor perdurable de la vida humana, pero los partidos políticos son mortales. Esta semana observamos el comienzo del fin de uno de los partidos más grandes y célebres de Estados Unidos. El Partido Republicano, como lo conocíamos, está muriendo.

La muerte de un partido no es tan inusual. Los eruditos dividen la historia estadounidense en seis sistemas de partidos distintivos, cada uno corresponde a una era política particular. En ocasiones, los partidos conservan su nombre, pero se transforman ideológicamente, como el Demócrata, que pasó de ser del sur y estar a favor de la esclavitud y de Jim Crow a ser lo opuesto. Otras veces los partidos colapsan totalmente, como lo hizo el Partido Whigs a mediados del siglo 19, destruido debido a diferencias de opinión en cuanto a la esclavitud. De hecho, en un paralelo interesante, la caída del Partido Whigs fue acelerada por el levantamiento de un partido llamado Know-Nothings, dedicado a detener lo que en ese entonces era visto como una inmigración descontrolada. Sea cual sea la manera del colapso del Partido Republicano, será caótica.

El debate del domingo pasado puede haber sido el momento clave. Tal como señalaron varios comentadores y algunos de sus estrategas, era bastante obvio lo que Donald Trump necesitaba hacer: disculparse, estar arrepentido y luego descubrir amplios temas de cambio, restablecer los empleos y colocar a Estados Unidos en el primer lugar. Idealmente debía dirigirse a las mujeres, el grupo de votantes que desesperadamente debe ganar.

Sin embargo, Trump hizo lo opuesto. Minimizó su comportamiento como “charla de vestuario”, acusó a Bill Clinton de algo mucho peor, e hizo desfilar a las acusadoras del expresidente en una rueda de prensa. Desde ese entonces, las cosas han entrado en una espiral descendente. La extraña y contraproducente estrategia de Trump ha generado especulación de que sus ambiciones reales se encuentran más allá de la elección, y que intenta establecer una red conservadora de medios para competir con Fox News.

Es muy posible. No obstante, en todo caso, lo que significa para el Partido Republicano es simple: Donald Trump no se retirará. Varios republicanos han alimentado la fantasía de que su partido ha sido tomado por un corto período por una extraña aberración histórica que perderá la elección y luego, de alguna manera, todo volverá a la normalidad. Ahora Trump ha dejado muy en claro que no desaparecerá suavemente.

De hecho le ha declarado la guerra a la institución del GOP (Partido Republicano). Su meta, sin duda, consiste en hacerse cargo del Partido Republicano, convertirlo en un partido populista, proteccionista y nacionalista, del tipo que sus consejeros orientados por Breitbart han soñado durante años.

Habrá una lucha por el alma de lo que queda del Partido Republicano. Podemos ver los frentes de combate. Personas como Paul Ryan que tienen el apoyo de los intelectuales conservadores más serios intentarán restaurar el partido según la ideología de Reagan (mercados libres, gobierno limitado, reforma de derechos y una política exterior asertiva). Otros, como Mike Pense, apoyados por conservadores cristianos, intentarán superar las divisiones y mantener a todos en una gran carpa. Pero luego se encuentra Trump, quien posee, por el momento, las muchedumbres, la energía y un mensaje poderoso. El científico político Justin Gest encuestó hace poco a los estadounidenses blancos sobre si apoyarían a un partido comprometido con “detener la inmigración masiva, ofrecer trabajos estadounidenses a trabajadores estadounidenses, preservar la herencia cristiana de Estados Unidos y detener la amenaza del islam”. El 65% dijo sí.

El establishment republicano podría haber detenido a Trump, pero en vez de eso se entregó a él, hace meses o tal vez años atrás. Los republicanos recuerdan con frecuencia a Neville Chamberlain y su política de apaciguamiento respecto a Adolf Hitler cuando desean criticar a sus oponentes por ser débiles. Y sin embargo, ése es exactamente el enfoque que tomaron los dirigentes del partido con Trump: apaciguarlo con la esperanza de que al hacerlo iba a satisfacer sus apetitos. Toleraron a Trump, lo excusaron y lo encubrieron mientras él comenzó su carrera política con el racismo, inició su campaña presidencial con difamaciones contra los mexicanos, la aumentó con la intolerancia contra los musulmanes y entusiasmó a las muchedumbres con políticas que eran inconstitucionales o equivaldrían a crímenes de guerra, todo el tiempo degradando a las mujeres como si fuesen objetos. Winston Churchill dijo con respecto a los apaciguadores: “Cada uno espera que si alimenta bien al cocodrilo, éste lo dejará para lo último”.

Trump perderá la elección. Casi nunca ha estado delante de Hillary Clinton en las encuestas desde que ambos fueran nominados. Los modelos principales que predicen la elección solamente una o dos veces colocaron sus posibilidades por encima del 40%. Empero, Trump no se sentará en una oposición leal a Clinton. Él dice a sus legiones que la elección será manipulada. Sostiene que los medios de comunicación mienten y que las personas no deben confiar en ellos. Advierte que el país será totalmente destruido si gana Clinton. Está alimentando un movimiento tóxico de protesta e insurgencia.

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