Sociedad

La fuga de Coati en 1972 con una pelota de aliada

Documento. Un libro recuerda el gran escape de los presos políticos de Banzer 

Turístico. Una cárcel funcionó en el ‘72 en la Isla de la Luna. Foto: La Razón-archivo

Turístico. Una cárcel funcionó en el ‘72 en la Isla de la Luna. Foto: La Razón-archivo

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Quispe / La Paz

00:00 / 16 de noviembre de 2014

En 1981 se estrenó el filme Escape a la victoria, drama donde unos prisioneros huyen de un campo nazi tras jugar un partido de fútbol. Nueve años antes, en 1972, 72 presos bolivianos escaparon de la Isla de Coati, o de la Luna, engañando a sus guardias con una pelota como aliada.

Furia de los Andes se llama el libro que Eusebio Gironda, un perseguido político por la dictadura de Hugo Banzer Suárez, escribió para recordar el legendario escape de los 72 presos políticos bolivianos que se produjo el 2 de noviembre de 1972 desde la Isla de Coati, o de la Luna, que junto a otros campos formaba parte de los sitios a donde eran confinados los “rojos” o “comunistas”, como los militares llamaban a los hombres de izquierda.

Muchos de ellos eran torturados y varios desaparecieron. Un régimen de terror se había instalado a partir del 21 de agosto de 1971 en Bolivia, liderado por Banzer.  Los militares habían iniciado una caza de brujas para dar con los conspiradores, entre ellos Gironda, dirigente universitario, quien junto a Froilán Aguilar Paredes, Alfonso Camacho, Fernando Alvarado, Jorge Sattori, Max Menacho y otros fueron llevados hasta la Isla de Coati.

Ese año, el entonces ministro del Interior, Adett Zamora había declarado: “En Coati están los delincuentes políticos más peligrosos. Coati es una cárcel inexpugnable, de allí no sale nadie”.

Alejados de Copacabana, escapar de Coati era casi una misión imposible por la distancia y por los militares desplegados en la zona, pero en noviembre de 1972 estos presos políticos protagonizaron el segundo escape más numeroso de prisioneros del mundo.

En 1964, unos 111 presos políticos uruguayos, llamados “tupamarus”, fugaron de la cárcel de Punta Carretas, entre ellos el actual presidente José Mujica. No obstante, la fuga de Coati fue de película. Gironda cuenta que, después de un intento fallido, solicitaron al gobernador de la cárcel, un tal coronel Burgoa, jugar un partido de fútbol con los guardias y que para ello habían conseguido un cordero de premio. “El encuentro permitiría anular de pronto a 11 guardias, que estarían ocupados en cuidar su valla, mientras los presos tomábamos la Gobernación”.

Así pasó, ese 2 de noviembre, mientras 22 hombres jugaban fútbol, David Villegas, Édgar Rivero, Gironda y Fernando Alvarado tomaron preso al Cnl. Burgoa. “¡Muchachos no hagan locuras! Al frente está un batallón del Ejército”, advertía Burgoa, pero igual fue reducido al grito de “¡Cayó Banzer! ¡La isla es nuestra!” Los 72 presos tomaron la cárcel y huyeron por Sampaya y de ahí a Perú hasta llegar a Cuba, donde fueron acogidos.

“La fuga de Coati tuvo repercusión internacional; afectó a la dictadura de Banzer, expuso la fragilidad de su gobierno y sometió a prueba la audacia de los evadidos”, resume Gironda.

El 6 de noviembre, el presidente de la Cámara de Senadores, Eugenio Rojas Apaza, reconoció la lucha democrática de los evadidos de la Isla de Coati.

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