Sociedad

Prestes Mayores de Gran Poder, historia de prosperidad

En sus 24 años de casados, los prestes mayores tienen un antes y un después en sus vidas, que se marca con la decisión de haber entregado sus sueños al Señor del Gran Poder y bailar.

Imagen de Jesús del Gran Poder.

Imagen de Jesús del Gran Poder. Foto: Miguel Carrasco

La Razón (Edición Impresa) / Liliana Aguirre / La Paz

07:34 / 05 de junio de 2017

Raúl Muller y Nora Tito pertenecen a la fraternidad Poderosa Illimani de La Paz para el Mundo y son los Prestes Mayores de la festividad del Gran Poder 2017. La pareja atribuye la prosperidad en su negocio a la fe que tienen.

Hace más de una década, el matrimonio Muller-Tito no imaginaba que en 2017 podría estar sentado en el palco de La Promesa como Prestes Mayores. En aquel entonces, los esfuerzos de la pareja se centraban en sacar adelante a su familia.

“Nuestra historia es para llorar, fue triste, pero con final feliz. Empezar en pareja es muy difícil y no es color de rosa porque uno no tiene las cosas que precisa. Mi esposo era operario de costura y yo vendedora ambulante y queríamos salir adelante. En esos tiempos nunca hubiéramos imaginado que prosperaríamos; Dios mediante, sucedió porque con fe se consigue lo que uno quiere”, comentó Tito.

En sus 24 años de casados, los prestes mayores tienen un antes y un después en sus vidas, que se marca con la decisión de haber entregado sus sueños al Señor del Gran Poder y bailar. “Somos muy devotos del folklore, tenemos mucha fe en el Tata, ya son 15 años que bailamos con mi esposa, además soy fundador de la Poderosa Illimani de La Paz para el Mundo, que se creó en 2013”, recordó Muller, quien saludaba desde la testera a los bailarines que pasaban ayer frente al palco durante  la celebración de La Promesa al Señor del Gran Poder.

Tito, vestida con un manto y una pollera lila con apliqués que combinaban con sus joyas de plata y perlas barrocas, explicó que su traje sigue la tendencia de moda de este año. Pese al lujo que se pueden permitir hoy, el matrimonio quiere que sus hijas no pierdan la sensibilidad con el desfavorecido.

“Nosotros como pareja nos queremos mucho y tenemos la imagen del Señor del Gran Poder en nuestra casa. Creer en él es ser caritativo y mis hijas están aprendiendo eso. Un día vimos a un indigente que gritaba y mi hija mayor pensó que era por hambre y le dimos alimento y él comió. La gente se aleja del que necesita y no debe ser así, porque así como el Tata nos bendice nosotros debemos devolver al otro”.

Encuentre más información en la edición impresa de La Razón. (05/06/2017)

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