Sociedad

Más de 2.000 reclusos buscan la superación en aulas de cárceles

El número de reclusos que estudia actualmente en las cárceles asciende a 2.058, distribuidos en alfabetización, postalfabetización, bachillerato y carreras a nivel técnico.

Artesanos. Reclusos de la cárcel de San Pedro realizan actividades de carpintería en uno de los talleres del CEA, dentro del recinto. Foto: archivo Wara Vargas

Artesanos. Reclusos de la cárcel de San Pedro realizan actividades de carpintería en uno de los talleres del CEA, dentro del recinto. Foto: archivo Wara Vargas

La Razón (Edición Impresa) / Ana Ramírez / La Paz

00:00 / 29 de junio de 2014

Un total de 2.058 privados de libertad del país se capacitan en los Centros de Educación Alternativa (CEA) instalados dentro de las cárceles. Alfabetización, postalfabetización, educación primaria, secundaria y formación técnica son los programas habilitados para su superación.

“La educación brinda muchos logros a los reclusos porque tiene un sentido de rehabilitación. Un lugar cerrado como la cárcel afecta la autoestima e influye en la valoración de la vida, y el hecho de que un reo tenga la voluntad de estudiar le permite hacer actividades constructivas dentro del recinto”, manifestó Noel Aguirre, viceministro de Educación  Alternativa y Especial.

El número de reclusos que estudia actualmente en las cárceles asciende a 2.058, distribuidos en alfabetización, postalfabetización, bachillerato y carreras a nivel técnico. En 2011 existían cinco CEA en todo el país, con 1.320 estudiantes, según un informe del Ministerio de Educación. La Razón conversó con cuatro mujeres recluidas en cárceles de La Paz, quienes contaron su historia de superación.

La Dirección General de Educación de Adultos estableció, en 2012, transformar la educación de personas jóvenes y adultas en contextos de encierro, luego de un diagnóstico realizado un año antes junto con la Dirección General de Régimen Penitenciario, magisterios, la Dirección Nacional de Seguridad Penitenciaria y representantes de los privados de libertad de los nueve departamentos.

Centros. “Hoy existen 16 centros en las cárceles y ayudan bastante a la realización de sus estudiantes, quienes aprovechan bien su tiempo. Personas que antes eran analfabetas ahora leen y escriben, otros terminaron la secundaria y varios se han formado a nivel técnico”, afirmó Aguirre.

Los CEA están en los nueve departamentos: tres en La Paz y tres en Cochabamba, dos en Potosí, dos en Tarija y dos en Beni, y uno en Santa Cruz, al igual que en Chuquisaca, Oruro y Pando. Los recintos que más demandan los programas educativos son los de mayor población, como San Pedro en La Paz, El Abra en Cochabamba y Palmasola en Santa Cruz.  

La Paz tiene el mayor número de matriculados con 576 internos; Cochabamba, 341; Santa Cruz, 337; Oruro, 227; Potosí, 216; Beni, 165; Tarija, 118; Chuquisaca, 58, y Pando, 20.

Uno de los programas de estudio más demandado es la rama de carreras técnicas, porque ésta permite a los privados de libertad generar sus propios recursos económicos.

“En Sucre hubo una iniciativa de los propios reos, ellos construyeron sus talleres y, en algunos casos, ofrecieron su servicio voluntario para enseñar las carreras técnicas que les generan ingresos, ya que elaboran productos para luego venderlos”, contó la autoridad educativa.

Existen talleres de carpintería, panadería, confecciones, sastrería, artesanía, zapatería, gastronomía, electricidad, mecánica, pintura, cosmetología y sistemas informáticos.

Metas. “Queremos mostrar el trabajo que los reclusos realizan, como parte de la reinserción a la sociedad, por ello se planea dotarles de espacios como galerías para que puedan exponer sus productos”, afirmó Jacqueline Murguía, directora departamental de Régimen Penitenciario.Agregó que otra de las metas es implementar la formación a nivel licenciatura en las cárceles.

La duración de estudios para obtener el bachillerato es de cinco años; la formación técnica en nivel básico dura medio año; el técnico auxiliar, un año y medio, y el técnico medio, dos años. Los programas de alfabetización tienen una duración de tres a seis meses.

Los cursos, en su mayoría, son impartidos por profesores egresados de la Escuela Superior de Formación de Maestros, particularmente en la parte técnica y secundaria con un mínimo de cuatro periodos de 40 minutos de lunes a viernes. En el caso de la alfabetización y postalfabetización, las clases duran de una a dos horas diarias.

Al final de cada curso, los privados de libertad reciben certificados del Ministerio de Educación. Para una mejor aplicación del programa, este año el ministerio creará un proyecto para capacitar a los profesores.

“Queremos que los maestros que trabajan en las cárceles conozcan mejor la psicología de una persona en situación de encierro, por ello se los capacitará. También adecuaremos los currículos porque los reclusos pueden pasar clases durante el día y eso les permitirá acelerar su formación”, recalcó el viceministro.

Añadió que durante esta gestión se invertirán cerca de Bs 466.000  para equipar con 15 talleres de formación técnica a los CEA de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz.

Ana Ramírez

Viviana: ‘Dejé las  drogas gracias al curso de repostería’“Me pescaron con mi pipa, un encendedor y 56 gramos de marihuana que eran para mi consumo. Mi defensa legal fue muy pobre y me sentenciaron como traficante”, recordó Viviana, de 45 años, quien está recluida en el Centro de Orientación Femenina de Obrajes desde hace un año y un mes.

Ella perdió la tutela de su hija de 14 años, quien ahora está en Sucre con sus abuelos paternos.

“Mi consumo de drogas era demasiado alto, al llegar acá tenía el síndrome de abstinencia y fuertes sudoraciones, insomnio y no me aceptaba a mí misma. Al verme así, la gobernadora de ese entonces me inscribió al curso de repostería para ayudarme y no se equivocó”, contó Viviana.  Amasar, batir ingredientes, rellenar y decorar pasteles la alejaron de las drogas de a poco y hoy ya no las consume, contó.

“Al elaborar masas y mezclar cremas me siento relajada y me concentro, a pesar de que es un trabajo duro. Con la repostería ganaba como Bs 500 al mes, pero no alcanzaba para mis gastos”, dijo.

A Viviana le detectaron diabetes y para pagar el  costo de sus medicamentos tuvo que cambiar de actividad. “Me hicieron un estudio socioeconómico y desde hace dos semanas trabajo contestando llamadas telefónicas, con eso ganaré Bs 1.200 y me ayudará en mi tratamiento”.Al salir de la cárcel, ella planea estudiar en una universidad y la carrera de Derecho es su preferida para su superación.

“Los padres que están afuera deben darle mucho amor a sus hijos y quiero decir a todos que nunca opten por ganar el dinero fácil porque eso trae consigo la cárcel”, aconsejó.   

María: ‘Continuaré con los tejidos para salir adelante’

“Me acusan del secuestro y asesinato de un bebé, jamás hice eso, pero el 27 de diciembre de 2013 me encerraron acá, cuando estaba en mi cuarto mes de embarazo”, recordó María de los Ángeles, de 25 años.

Con su bebé cubierto en brazos y un bolso con pañales, María lleva seis meses en la cárcel de Obrajes y confiesa que le fue difícil adaptarse al contexto, pero lo está logrando gracias a los cursos que tomó.

“Los primeros días lloraba mucho porque me sentía mal y este lugar es muy cerrado, así que para distraerme opté por tomar las clases de tejido que me han ayudado a tranquilizarme y superarme”, contó.

María explicó que elaborar mantas y crear nuevos diseños con hilos le ayudan a generar algunos ingresos.

“Con esta forma de trabajo se puede ganar al día de Bs 30 a Bs 50, pero la verdad no es suficiente para mantener a mi hijo, ya que tengo que gastar en pañales y leche, y lo peor de todo es que ahora mi bebé está un poco enfermo”, dijo.

Los ojos de María se llenan de lágrimas cuando recuerda el motivo por el que hoy se encuentra al interior de la cárcel, pero su expresión se llena de esperanza cuando mira a su hijo y piensa en planes a futuro.  

“La vida aquí es muy dura y una madre con su bebé sufre mucho en un lugar así, peor aún cuando nadie te visita ni se acuerda de ti, pero hay que ver hacia adelante”, expresó.

Al salir de la cárcel, María espera solucionar sus problemas y demostrar su inocencia. Ella tiene planificado continuar con la elaboración de tejidos y exportarlos a otros países.

“Quiero irme a Argentina para realizar mis metas,  deseo aplicar todo lo aprendido en los cursos de artesanía allá. Creo que con los conocimientos que tengo y los que me quedan por aprender puedo salir adelante junto a mi bebé”, indicó.

  • Opiniones sobre las iniciativas educativas

Jacqueline Murguía (Directora de La Paz de Régimen Penitenciario)

“Los cursos brindan instrumentos de trabajo para generar ingresos al interior del recinto y los capacita para cuando ellos estén en libertad”.

Teófila Guarachi (Representante de la Defensoría del Pueblo): "Estudios para licenciatura

“Es una excelente iniciativa que les permitirá a los internos reinsertarse a la sociedad y haremos que se trabaje en su profesionalización a nivel licenciatura”.

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