Sociedad

El trabajo sexual masculino da la cara en La Paz y se organiza

Por primera vez en el país, los hombres que brindan servicios sexuales crearán una organización para defender sus derechos. El nombre será definido en un congreso nacional que se realizará en 2014.

Salud. Betto, Jheferson y Tony muestran sus carnets sanitarios, utilizados para controles médicos. Foto: Daniel Walker

Salud. Betto, Jheferson y Tony muestran sus carnets sanitarios, utilizados para controles médicos. Foto: Daniel Walker

La Razón (Edición Impresa) / Guiomara Calle / La Paz

00:00 / 08 de diciembre de 2013

¿Por necesidad o por placer? Las razones de los trabajadores sexuales, varones, son variadas, aunque los problemas que tienen por el oficio son similares a los de las mujeres: maltratos y abusos; y como una respuesta a esto decidieron “dar la cara” y conformar una organización.     

“Que existimos, no es un secreto. Algunos lo hacen porque les gusta, pero puedo asegurar que la mayoría lo hacemos por necesidad; hay padres de familia, unos que tienen deudas y otros que necesitan pagar sus estudios, incluso profesionales que no encuentran trabajo ni sueldos aceptables”, cuenta Betto, el dirigente y precursor de la organización de trabajadores sexuales de La Paz y El Alto.

La Razón visitó uno de los lugares más concurridos “secretamente” por decenas de mujeres, la mayoría viudas y mayores de 45 años. El lugar está escondido entre tiendas de abarrotes y almacenes en la avenida Raúl Salmón de El Alto, pero un letrero que resalta el número “94” indica el ingreso al club privado Las Vegas, donde trabajan diez: siete hombres y tres mujeres.

Son las 09.45 y el grupo ya lleva 45 minutos con el servicio disponible; pues, como cualquier oficina, ellos atienden desde las 09.00 de jueves a domingos. Al ingresar, un ambiente repleto de corazones pintados, música tropical y un olor a cigarro da la bienvenida a los visitantes.

Del lado derecho están las mesas y sillas, para el consumo de bebidas alcohólicas, y a la izquierda, cuatro habitaciones para el servicio sexual. Jheferson de 22 años y Tony de 28 son los “turneros” en ese momento; ambos se muestran tímidos a un principio, pero después empiezan a contar sus vivencias con detalles.

¿Y cómo se cuidan? A la sola pregunta, rápidamente van a buscar sus matrículas sanitarias, que les permite realizarse controles médicos gratuitos semanales, al igual que las mujeres. Pero además, la norma interna del club y de ellos, pegada en letreros en cada habitación, es que “todo servicio es siempre con preservativo”.

Clientas. “Pienso que la diferencia entre hombres y mujeres es que a ellas les gusta mucho que las escuchen. Hay algunas señoras que pagan para eso y dejan la relación sexual en segundo plano. Algunas se encariñan con nosotros, nos compran regalos y ropa”, cuenta Tony.Sin embargo, también hay malas experiencias, agrega Jheferson, quien relata que coincidió hace algunos días con una de sus clientas en una discoteca.

“Ella estaba con su marido, yo me hice al loco, pero ella se emborrachó y empezó a molestarme. No le hice caso y qué le habrá dicho a su marido, que al poco tiempo vino y me golpeó, por eso tengo esta herida en la frente. Hay peligros”, dice.  

Las familias de ambos desconocen a lo que ellos se dedican y piensan que trabajan en una tienda de celulares de El Alto. El motivo es la vergüenza y el prejuicio que puedan tener. Pero “no vale la pena decirles”, confiesa Tony, pues —como dice— él dejará el oficio al concluir sus estudios de Gastronomía. Jheferson piensa lo mismo, ahorra para matricularse.

Los muchachos de este club nocturno cobran Bs 300 por media hora y Bs 600 por la hora. No obstante, las tarifas y el ambiente son distintos para los trabajadores sexuales de las calles, quienes ofrecen el servicio por Bs 150 la hora, precio que no incluye la habitación. Claveles en el bolsillo delantero de los sacos, cadenas en las manos y chalinas blancas en el cuello son los códigos que utilizan para que sus clientas los identifiquen en las plazas Isabel la Católica, Abaroa, San Francisco y Eguino de La Paz.

En El Alto, “los puntos” son la plaza Juana Azurduy de Padilla y en la zona 12 de Octubre “a partir de las 22.00 y de jueves a sábados”, informa Betto, quien registró a 94 afiliados en cuatro departamentos: en El Alto 57, en La Paz 15, en Oruro 6, en Santa Cruz 4 y 12 en Cochabamba.

Afiliados. La organización tiene afiliados a hombres entre 18 y 47 años, que es la edad del mayor. Betto asegura que el trabajo “no es color de rosa” por la discriminación y agresiones de las mismas clientas, policías y guardias municipales.

“Hay mujeres que exigen cosas que nos incomodan; se enojan si nos negamos y nos restregan que están pagando. Lo peor son los policías y guardias con su agresividad y constantes maltratos. No hay a quién quejarse, por eso decidimos dar la cara y organizarnos”, reclama Betto.

Carlos, afiliado de El Alto, cuenta que incluso existen insultos recurrentes. “Siempre nos dicen putos o gays y nos tratan como si fuéramos delincuentes, nos encierran por ser trabajadores sexuales. Para acabar con esto estoy apoyando la organización”.

Los hombres buscan recursos para realizar un congreso nacional en 2014 y definir el nombre que llevará su organización. Ellos ya hicieron una alianza con las trabajadoras mujeres.

Confidencialidad es establecida en un proyecto de ley

Guiomara Calle

El proyecto de Ley de Regulación del Trabajo Sexual establece la confidencialidad de las personas que brindan servicios sexuales para evitar cualquier forma de maltrato y discriminación.

Hace un par de años, una trabajadora sexual dio sus servicios a un hombre que desconocía. Días después, en el colegio de su hijo convocaron a una reunión de padres de familia y fue entonces que la mujer volvió a ver al hombre, que sin dudarlo la increpó y juzgó frente a todos.  

“A pesar de sentirse incómoda, esta mujer se puso fuerte y dignificó su trabajo. Contó con nuestro apoyo y luego explicó en el establecimiento que es el oficio con el que mantiene a su familia y nadie tiene derecho a juzgarla”, afirma Lily Cortez, dirigente nacional de la Organización de Trabajadoras Nocturnas (OTN). Dice que otro de los conflictos es la constante extorsión por parte de policías y guardias municipales, quienes por conocer su verdadera identidad les piden dinero diariamente.

“Antes era peor, cuando los policías tenían que extendernos una matrícula de Bs 55 para poder trabajar. Al tener nuestros nombres nos sacaban Bs 20 cada semana, pero los demandamos y el fallo salió a nuestro favor. La Sentencia 019/01 nos desligó de ellos, aunque el maltrato y chantajes continúan”, cuenta.

A raíz de estos casos, la OTN, en alianza con los trabajadores hombres y el respaldo del diputado oficialista Saúl Garabito, elaboró el proyecto de Ley de Regulación del Trabajo Sexual, que en su artículo 5 establece la confidencialidad de estas personas: la protección de su identidad, imagen e información.El propósito es evitar la discriminación hacia este sector, en el que están incluidos también los transexuales. La norma está en su última etapa de socialización y prevén presentarla en enero de 2014, adelanta Garabito.

Mejoras en los lenocinios

 Guiomara Calle

El proyecto de Ley de Regulación del Trabajo Sexual también dispone las mejoras y condiciones obligatorias óptimas de los ambientes para el ejercicio del oficio.

“Las zonas y lugares donde habitualmente se practique el trabajo sexual deberán contar con iluminación y ventilación adecuada en lugares cálidos, y estufas en lugares fríos, manteniendo siempre las condiciones de higiene”, señala el artículo 18.

Habitualmente, los preservativos corren por cuenta de los trabajadores; sin embargo, la norma establece que es responsabilidad del dueño del lenocinio.La Razón publicó el martes que el proyecto de ley pretende regular y reconocer el trabajo sexual en Bolivia. Asimismo, instruye la creación de un registro nacional y la dotación de carnet con barras y códigos para la identidad. 

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