Sociedad

El último guerrero de Guanay

Héroe. Octavio Juri Mamani tiene 96 años y combatió en la Guerra del Chaco

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Quispe / Guanay

00:33 / 26 de diciembre de 2013

Octavio Juri Mamani sobrevivió a la pérdida de sus padres, a la Guerra del Chaco (1932-1935), a la Revolución de 1952 y a poco de cumplir 97 años, aún le da pelea a la vida con una esposa paralítica; es el último benemérito en Guanay, al norte de La Paz.   

Desde la tierra de los lecos, que resistieron por años a los conquistadores españoles, el pequeño hombre encorvado muestra con orgullo una boina y dos escarapelas tricolor con las que marchó el 8 de septiembre en el desfile por el aniversario del pueblo de Guanay, a 236 kilómetros de la ciudad de La Paz.

“¡Le gano al presidente Evo (Morales) en vestirme bien! Entro (en el desfile) con mi boina y escoltado por dos soldados”, comenta, con picardía, el sorateño de nacimiento, pero guanayeño de corazón, como él se define. “Es nuestro último benemérito del pueblo”, ratifica Tany Calle, vecino del lugar.

Han pasado casi 78 años desde que Juri decidió instalarse en Guanay, después que retornara del conflicto bélico con Paraguay. En ese municipio del trópico paceño nacieron sus hijas: Cándida, Ernestina y Eustaquia, y su hijo Julio, fruto del amor con Teresa Capiona, la apoleña de 78 años que robó su corazón y que desde hace dos años se encuentra postrada en cama por una parálisis. Sus retoños viven en Trinidad (Beni).

Juri fue reclutado a sus 16 años, en 1934, en su natal Ch’iji, una comunidad que se halla a unos minutos de la población sorateña, cuando una patrulla de soldados llegó hasta la zona. “Viajamos como tres días a la ciudad de La Paz, ahí nos prepararon y nos embarcaron en tren”, reseña el hombre, mientras sus pequeños ojos buscan más detalles en su longeva memoria. 

Contienda. De acuerdo con los datos que él maneja, formó parte del Regimiento 5 de Caballería y afirma haber conocido al entonces coronel Enrique Peñaranda, el militar que se hizo célebre en la Batalla de Nanagua en Campo Vía y que luego fue presidente del país, entre 1940 y 1943. “Los días en el Chaco fueron terribles, recuerdo que los paraguayos envenenaron incluso nuestra agua”, indica el excombatiente.

Un par de lágrimas resbalan por su mejilla cuando habla de la comida. “Una vez tuvimos que matar a nuestros tres burritos para comer su carne, porque ya no había nada”. Durante el año y medio que estuvo en las ardientes arenas del Chaco, Juri y sus camaradas tuvieron que orinar, en más de una ocasión, el cañón del fusil Máuser que portaban, porque se calentaba luego de cada disparo.

Unos certificados amarillentos y cuatro hojas que resumen todas sus acciones en la Guerra del Chaco, además de su documento de identidad, son su más grande tesoro. “Esa vez cuando volvimos de la guerra, en mi pueblo me han hecho una fiesta con zampoñadas que duró tres días”.

La confrontación bélica con los paraguayos terminó en junio de 1935, empero, Juri tardó unos tres meses en retornar del sur a su pueblo, y para ese momento sus padres Manuel y Concepción habían fallecido. Después conoció a Capiona, la apoleña con la que se fueron posteriormente hasta Guanay, para comenzar una nueva vida.

La Revolución del 9 de abril de 1952, que fue liderada por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), también le tocó el alma a Juri, quien durante la revuelta se presentó en La Paz para formar parte de los milicianos y del Batallón Chorolque. La insurrección se llevó decenas de vidas y Juri casi pierde la suya cuando en un intento desesperado por salvarla se mezcló entre los cuerpos de personas asesinadas por los militares. “Ya está muerto este cojudo”, le dijeron cuando vieron su cuerpo entre otros. Así se salvó de ser ejecutado.

Pasado el levantamiento, nacieron sus hijos. Y empezó a sembrar mandarinas, limones, coca y palta en su pequeña propiedad, donde junto a Don Fortunato, otro excombatiente, se hicieron famosos por ser los dos únicos beneméritos en Guanay. Sin embargo, su compañero falleció hace dos años.

Cada primer día de mes, Juri se pone su boina y espera respetuoso a dos soldados que llegan hasta su humilde casa para pagarle la renta vitalicia, como el último benemérito de la Guerra del Chaco en la región. “En la fiesta de Guanay volveré a desfilar junto a dos soldados”, promete el anciano.

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