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Abrir más mercados para la coca, la prioridad

Desde las bases cocaleras de los Yungas, el exviceministro de la Coca explica que la coca que se produce en su región no rinde la misma cantidad que en el pasado, por lo que hay un límite natural a la producción de la hoja.

Dionicio Núñez. La exautoridad observa que no toda la coca que se produce en la región de los Yungas va al consumo tradicional aun cuando la mayor cantidad de coca producida va al mercado de Villa Fátima. No obstante, considera que basta observar los datos de incautaciones de la fuerza antidroga para corroborar aquello. En su criterio, debería ejercer un mejor control no solo en las zonas productoras sino también en los lugares donde se consume la hoja, pues ello evitaría que se desvíe a actividades ilícitas.

Dionicio Núñez. La exautoridad observa que no toda la coca que se produce en la región de los Yungas va al consumo tradicional aun cuando la mayor cantidad de coca producida va al mercado de Villa Fátima. No obstante, considera que basta observar los datos de incautaciones de la fuerza antidroga para corroborar aquello. En su criterio, debería ejercer un mejor control no solo en las zonas productoras sino también en los lugares donde se consume la hoja, pues ello evitaría que se desvíe a actividades ilícitas. Fotos: Ignacio Prudencio

La Razón (Edición Impresa) / Elisa Medrano Cruz es periodista

00:00 / 05 de marzo de 2017

Una mejor administración del mercado de la hoja de coca. Eso, según  Dionicio Núñez, exviceministro de la Coca y productor, es a lo que se debería orientar no solo la política estatal, sino la de los cocaleros, comercializadores y consumidores de la hoja. Ello, asegura, permitiría no solo sembrar 20.000 hectáreas (ha) —[22.000 ha, según la ley sancionada por la Asamblea Legislativa Plurinacional]—, sino aumentar esa cantidad. Pero, además, afirma, se tendría que mejorar el control para que toda la coca que se produce en las zonas legalmente reconocidas vaya al consumo tradicional, incluso de la que se cosecha en los Yungas, pues también hay desvío.

— ¿Cómo se llegó a establecer cuánta coca debe sembrarse?

— Los cocaleros fuimos por primera vez a Naciones Unidas, a Viena, en 2006. Felipe Cáceres en su condición de viceministro de Defensa Social, Félix Parra que era el primer viceministro de la Coca y mi persona. Planteamos que era un error que la hoja de coca esté prohibida por la legislación internacional. A partir de entonces comenzó una campaña de despenalización del acullicu (masticado) de la coca. En 2009 se realizó una Sesión de Alto Nivel en Viena, a la que fui con el presidente Evo Morales. Allí se hizo una negociación con todos los países que son parte del sistema de Naciones Unidas para que apoyen la iniciativa boliviana de despenalizar, legalizar el consumo de la hoja en el territorio boliviano. Entonces, nos dijeron que había dos vías: la primera, a través de una enmienda a la Convención de 1961 y la segunda, la denuncia a la misma.

Se intentó primero la enmienda, pero 10 países, encabezados por Estados Unidos, se opusieron. Por ello se decidió denunciar la Convención de 1961 y la posterior adhesión con la reserva de los puntos que estaban en contra del consumo de la hoja. Se emprendió una campaña internacional y muchos países dijeron que comprendían que en Bolivia y otros países de los Andes la coca era parte de su tradición cultural, pero expresaron su temor de que bajo ese alegato se alimente al narcotráfico.

De ahí que surgió el planteamiento de que iba a haber una norma en Bolivia para que solamente se produzca la cantidad de coca necesaria para el consumo. Así, se hizo un estudio, primero con el apoyo de la Unión Europea, que fue concluido por el Conaltid en 2012, que estableció un consumo de 14.700 hectáreas. A partir de eso, dijimos 5.000 hectáreas más porque habrá un crecimiento de la producción. De allí vienen las 20.000 hectáreas.

— ¿Por qué los productores yungueños piden ampliar sus cocales?

— Las condiciones de cómo está la agricultura en los Yungas hace que la gente necesite ampliar cultivos porque el cocal de hace 10 años tenía mejor producción que el actual, pues las condiciones de terreno eran más propicias y no afectaba el calentamiento global. Las familias ya no pueden sobrevivir con esa misma extensión y necesitan ampliarla a fin de mantener sus ingresos. Y esa ampliación no significa incremento en la producción, sino que implica reemplazar la baja productividad de los cocales sembrados antiguamente.

— Pero en Yungas se de1000sconoce la coca del Chapare...

— Es una paradoja entre los mismos compañeros porque no solamente se oponen a la producción en Chapare, sino también a la de los campesinos agricultores de las provincias Inquisivi, Larecaja (en el departamento de La Paz), quienes están marchando para ser incluidos en la nueva ley. Para ampliar las áreas de producción, primero tenemos que preocuparnos de buscar más mercados. No hemos podido legalizar el mercado de exportación a Argentina, ahí sigue yendo de contrabando. A ello se suma que no pudimos impulsar el programa de industrialización de la coca para que otros sectores que no consumen de manera tradicional puedan comprar con valor agregado, no se ha logrado eso. Tampoco hemos logrado preservar el mercado de consumidores tradicionales en el país porque la coca es costosa. La gente que antes acullicaba hoja de coca ahora se queja porque cuesta mucho más en relación con otros productos de primera necesidad y por eso prefieren comprarse otras cosas. Entonces, no podemos plantearnos la extensión de más áreas de producción si no tenemos otros mercados dentro y fuera del país. No hemos sido capaces de poner en el mundo la discusión de los valores medicinales de la hoja de coca para que ganemos más mercados. Si ganaríamos ese espacio podríamos tener 30, 40, 50 e incluso 60.000 hectáreas sembradas. Tenemos que ganar mercados afuera para que la coca no siga encerrada y pueda salir de nuestras fronteras.

— ¿Cómo se podría comercializar si Naciones Unidas la penalizó?

— Eso mismo pensábamos antes de 2012, pero hemos encontrado en las mismas convenciones internacionales que puede ser legal el consumo tradicional de la coca o sus derivados en aquellos lugares donde hay, por ejemplo, evidencia histórica, como Argentina. Desde antes que existiera la frontera Bolivia-Argentina, las civilizaciones andinas consumían hoja de coca. Se puede apelar a esa parte de la Convención, siempre que haya voluntad política de ambos estados. En Ecuador igual hay evidencia histórica porque fue productor y consumidor y por eso hay la voluntad en el Gobierno ecuatoriano para recuperar eso y que la coca llegue con valor agregado. Pero también se podrían agarrar las autoridades bolivianas de la misma declaración de Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, que reconocen las tradiciones culturales. Eso también se podría argumentar para los más de 1 millón de bolivianos que están en Argentina, quienes tienen derecho, al igual que los bolivianos que habitamos este territorio, a tener acceso a la coca. Eso mismo se intentó en Europa, donde se conformó una asociación denominada Amigos de la Hoja de Coca, conformada por más de 90 miembros de varios países. Se envió unas tres partidas de 250 a 300 gramos cada sobre a Alemania, pero el principal impulsor falleció y también tuvimos problemas con la línea aérea Lufthansa. El mercado europeo es potencial. Sabemos que en el mercado negro de Barcelona o Madrid, en España, 20 o 50 gramos de coca llega a costar entre 50 a 70 euros. Estamos pidiendo más expansión, más hectáreas, reconocimiento, pero nos estamos descuidando en conquistar nuevos mercados, como hacen los cultivadores de marihuana y cannabis, que son un movimiento mundial. Eso nos hace falta.

— ¿Qué mercados se identificó?

— El norte argentino es uno por la cantidad de coca que se demanda. Ellos dicen que de exportarse legalmente llegaría coca de calidad y a buen precio. Luego se abrió esto de Europa con los Amigos de la Hoja de Coca y también está Ecuador. No se le ha dado impulso, es una tarea iniciada, pero no concluida. Se identificó también en el norte chileno, donde se hicieron actividades de difusión y de consumo, hay receptividad. Se tiene que hacer una campaña internacional de productores, comercializadores y consumidores para ganar más mercados legales.

— ¿No fue un error de los cocaleros de los Yungas querer desconocer la coca del Chapare?

— El reconocimiento a la coca del Chapare no es de ahora. En 2004, antes de que el proceso de cambio se instale en el Gobierno ya se había reconocido el cato en el Chapare, a través de un convenio suscrito en el gobierno de (Carlos) Mesa. Entonces, si era de oponerse deberían haberlo hecho en ese momento. Ahora hay una zona de producción de coca en esa región, hay en los Yungas y en otras zonas.

— ¿Los productores yungueños observan el destino de la coca del Chapare, pues del 100% que se vendió en 2015 en el mercado legal, solo 7% fue de esa zona y el restante 93% de Yungas?

— Efectivamente, los organismos internaciones e incluso los propios dirigentes del trópico cochabambino reconocen que una gran cantidad de producción de coca no pasa por los controles estatales. Entonces se supone que eso alimenta al mercado ilícito. Al respecto, la propuesta para que esa coca llegue al mercado de Sacaba (Cochabamba) era que sea administrado por los agricultores, como es en Villa Fátima (La Paz), ello a fin de que desde los sindicatos, a través del control comunitario, la coca que sale de la zona productora llegue a ese mercado y de ahí se distribuya. No obstante, en el caso de Yungas no toda la coca, ese 97% que pasa por los controles estatales, va al consumo tradicional. Basta revisar los datos que tiene la FELCN [Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico]. De los operativos que hacen en territorio boliviano se ha encontrado sacos con logotipos provenientes de los Yungas. Por eso, no podemos afirmar que todo ese 97% de la coca que viene de los Yungas vaya al mercado legal de consumo. Si bien falta que en el Chapare se implemente el mismo modelo de producción y comercialización que en Yungas, los yungueños también deben entender, leer, que no toda nuestra producción va al consumo legal, que también hay un porcentaje de esa coca que todavía se desvía y son datos de la FELCN.

— ¿Cómo se tendría que mejorar ese control, si usted mismo reconoce que hay desvío?

— Se tendría que reforzar el mecanismo de control comunitario. En los Yungas, el productor está obligado a que su cosecha vaya al centro de acopio ubicado en Villa Fátima. Alguien sospechoso que no está trayendo a ese lugar de abasto es sujeto a que la comunidad le ponga atención y a la persona que ha sido encontrada en actividades ilícitas se la destierra, se la expulsa. Ese mismo mecanismo de control social que hay en la parte de la producción se debería aplicar en la parte de la comercialización. Por ejemplo, si estamos llevando coca a la mina Amayapampa (norte de Potosí) hay que verificar cuántos acullicadores hay en esa región y establecer cuántos comercializadores irán a vender a ese lugar. Se puede ejercer control respecto de la coca que sale de Yungas o Chapare a esa zona, pero esa fiscalización no solo debe hacerse desde el Estado, sino de los propios productores y comercializadores de la hoja. Así podríamos disminuir el desvío de esa coca, no será en un 100%, no nos engañemos, porque mientras haya una demanda ilegal, un mercado ilícito como es el del narcotráfico, la gente se dará modos para desviar. Incluso los municipios podrían involucrarse para que en las áreas donde hay consumidores se haga un control social.

— Y respecto a la producción, ¿cómo se controlará en las zonas legalmente reconocidas?

— En los últimos tres o cuatro informes de Naciones Unidas, en la zona tradición de los Yungas no hubo incremento, siempre se ha mantenido por las 13.000 a 14.000 hectáreas. Eso nos está demostrando que no hay una expansión violenta. En el caso del Chapare está el cato, pero la gente también tiene la posibilidad de cambiar su cultivo de coca por otro producto. Esos son límites naturales en cuanto a la producción. Por eso la consigna en los Yungas debe ser coca de por vida y no “ilimitada”.

Perfil

Nombre: Dionicio Núñez Tangara

Nació: 6 de diciembre de 1962

Ocupación: Productor de coca

Vida

Entre 1996 y 1997 fue concejal del municipio de La Asunta. Entre 1999 y 2003 desempeñó el cargo de secretario ejecutivo en el Consejo de Federaciones Campesinas de los Yungas de La Paz (Cofecay). En 2002 fue elegido diputado uninominal por el MAS, cargo que desempeñó hasta 2005. Desde comienzos de 2012 hasta finales de 2013 fue viceministro de la Coca y Desarrollo Integral. Tras su destitución se replegó a su natal La Asunta, donde es productor, pero también se considera embajador de la coca porque viaja a varios países dando a conocer las bondades de esa planta.

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