Animal Político

Achacachi, los rostros de un pueblo ‘indómito’

La reaparición de Felipe Quispe y la retahíla de anuncios de un conflicto mayor que aún no estalla son parte de un escenario que tiene muchos vértices.

Achacachi, los rostros de un pueblo ‘indómito’.

Pobladores de Achacachi bloqueaban la vía a Copacabana, en el sector del cruce a Pucarani, el 23 de agosto.

La Razón (Edición Impresa) / Mauricio Quiroz Terán / La Paz

00:00 / 17 de septiembre de 2017

Felipe Quispe, también conocido como El Mallku, no ha dejado la lid. Hoy es la imagen más visible de la protesta que exige la liberación de dirigentes vecinales encarcelados bajo la sospecha de ser responsables de los desmanes ocurridos hace seis meses en Achacachi, el pueblo que hoy enfrenta un conflicto por el control político de su municipalidad. Este, sin embargo, es apenas uno de los rostros de esta pugna.

Achacachi, una ciudad intermedia de la provincia Omasuyos, está situada a 93 kilómetros al norte de La Paz; es un vínculo obligado para conectar a ocho municipios que tocan la amazonía y los valles del departamento. La gobernabilidad de la comuna está marcada por una ríspida relación entre pobladores del área rural —10 cantones— y la joven urbe donde habitan comerciantes y transportistas. “Es un pueblo peleón, es una rivalidad que es de mucho antes”, afirma el antropólogo Xavier Albó, quien vivió varios años en esa zona; allí aprendió a hablar aymara.

Albó, autor de la investigación Achacachi. Medio siglo de luchas campesinas (1979), recuerda en una conversación con Animal Político que las tensiones allí se dieron antes de la Reforma Agraria (1953). “En tiempos de patrones, ellos ya tenían conflictos, pues se peleaban por linderos, pero al mismo tiempo tenían conciencia del patrón”, rememora sin pasar por alto el hecho de que los cortes de ruta protagonizados por achacacheños se dieron en varias ocasiones y contextos históricos distintos. “Esos bloqueos provocaron que, a fines de los 60, se instale un cuartel militar justo a la salida de Achacachi”. Allí mismo se bloquea desde el 23 de agosto, aunque existe transitabilidad por vías alternas.

En las elecciones municipales de 2015, Édgar Ramos Laura (MAS) ganó con el 35,34% de los votos; un estrecho margen frente al 32,82% que obtuvo el Movimiento por la Soberanía (MPS), el frente de El Mallku. Con esa sigla, Quispe terció en los comicios para gobernador, pero logró un respaldo concentrado solo en Achacachi (47,6%), porque alcanzó al 4,76% de apoyo total en el departamento.

Ramos Laura, según se leen en las cifras del recuento electoral de 2015, fue electo con el respaldo de las zonas rurales de su municipio, algo que también se reflejó en los tres concejales que logró el MAS. Así, el partido de Ramos se vio obligado a pactar para hacer gestión con las otras fuerzas, pues los restantes cuatro escaños se dispersaron (ver infografía).

En esta escena apareció un movimiento vecinal que planteó la renuncia de Ramos por los resultados de su gestión; se llegó a pedir la dimisión de dos ministros y ahora demanda un diálogo directo con el presidente Evo Morales. Existe además un pedido de excarcelación de los dirigentes vecinales acusados de causar destrozos en la casa de Ramos con críticas a la Fiscalía porque no llamó a los Ponchos Rojos ni al alcalde por los saqueos que sufrió el pueblo durante la protesta del 15 de febrero que se organizó a instancias del defensor del Pueblo, David Tezanos Pinto.

“Pero, además, estando ahí El Mallku, que en cierta forma ha resucitado pues ha sido siempre un señor importante, resurgió con este movimiento actual”, insiste Albó, quien precisa que Quispe tiene sus bases en la zona urbana del municipio.

Pedro Villca, secretario general de la Federación de Juntas Vecinales de Achacachi, declara a esta redacción que la población “está de pie y está pidiendo que de forma inmediata se establezca el diálogo con el presidente Morales”. Dice que existen dudas sobre los fondos que se destinaron para una cancha de césped sintético, la construcción de baños en la plaza Abaroa y la plazuela del hospital de Achacachi, así como la carretera que une a la comunidad Tola Tola.

“Estos proyectos se hicieron con malversación de fondos y esto se demostrará con documentación”, promete el dirigente; también reclama la presencia de Ramos, quien no está en el poblado desde el 13 de febrero. La autoridad cuestionada apareció hace 10 días en varios medios televisivos para afirmar que se someterá al referéndum revocatorio, un mecanismo que estará disponible a partir de diciembre de este año. Villca asegura que el pueblo no esperará tanto y lamenta “la protección” del Gobierno.

En contacto con Animal Político, el secretario de Transparencia de los Ponchos Rojos, Pedro Lucana, señala que el alcalde Ramos ha sido elegido por los 10 cantones del municipio y no solo por la ciudad de Achacachi. “Hemos tenido un ampliado de los cantones que conforman el municipio y no nos ha llegado ninguna observación o prueba que demuestre la malversación de fondos en la gestión de Ramos”, sostiene Lucana, quien cree que el conflicto persigue fines contra el gobierno de Morales.

En el ampliado se declaró a Quispe “persona non grata” y se pidió su expulsión. “No nos representa, tampoco es parte de nuestras bases, ya no representa a Omasuyos, pero puede ser cualquier citadino y tampoco tiene la tuición de hablar por la provincia”, precisa Lucana. En tanto, El Mallku optó por no conversar con este rotativo, aunque sus posturas se divulgaron desde su cuenta en Facebook.

“Como la opinión pública comprenderá, el gobierno del MAS no quiere dialogar ni piensa dar una salida salomónica para la población achacacheña”, escribió Quispe en un comunicado divulgado el 6 de septiembre a través de esa red.

El exdiputado del Movimiento Indígena Pachacuti (MIP) Germán Choquehuanca tiene otra lectura del conflicto. “Estamos entendiendo que no hay un gobierno indígena y que solo hay un Presidente indígena que está al servicio de un grupo de personas que tiene una tendencia socialista-comunista encabezado por García Linera  y ellos están manejando al país”, afirma y asegura que la tensión se agudizará y que “ahora existe mucho temor en el Gobierno sobre el futuro” de estas protestas.

El viceministro de Autonomías, Hugo Siles, manifiesta que se debe defender la institucionalidad de la democracia. “No puede un vecino o cientos de vecinos, por las razones que fuesen, hacer uso de la fuerza, de la violencia para presionar sobre la renuncia de una autoridad electa”.

“Los antecedentes de Felipe Quispe están muy claros y no se necesita recordar que responde a intereses que trascienden al conflicto del municipio de Achacachi y busca que crezca para que se convierta en un conflicto nacional”, indica Siles también en un contacto con este suplemento.

En septiembre de 2003, Achacachi fue el epicentro de un enfrenamiento militar contra los campesinos que se movilizaron para exigir la dotación de tractores. El operativo fue motivado por el “rescate” de un grupo de turistas estadounidenses que estaban atrapados en Sorata. “Para nada es este mismo escenario; pero hay un desgaste de Evo”, opina Albó.

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