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Actas de 1826, hábeas corpus en papel higiénico

Las actas muestran que, como en ningún otro país, la independencia de Bolivia estaba supeditada a la decisión de tres potencias extranjeras. El hábeas corpus en papel higiénico provocó un cataclismo político capaz de desestabilizar a la dictadura de Banzer.

La Razón (Edición Impresa) / Luis Oporto Ordóñez

00:03 / 16 de noviembre de 2015

La postulación de documentos en la Memoria del Mundo es un proceso participativo en el que concurren directores de bibliotecas y archivos, que identifican los documentos que cumplen el requisito de originalidad, integridad y significación regional e internacional.

Los Comités Nacionales de la Memoria del Mundo coadyuvan en la preselección y en redactar los documentos de postulación. Los expertos del Comité Regional evalúan, analizan y dictaminan sobre su Registro en la Memoria del Mundo. Este año, la XVI Reunión del MOWLAC [Memoria del Mundo, por sus siglas en inglés], inscribió 18 nuevos documentos y acervos, de un total de 21, de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, El Salvador, Ecuador, México, Paraguay, Perú, República Dominicana y Trinidad y Tobago. Bolivia tiene nueve documentos registrados en la Memoria del Mundo.

ACTAS. Las actas del Primer Congreso Constituyente de Bolivia (Sucre, de abril a diciembre de 1826) expresan las presiones internacionales que rodearon a la labor constituyente, pues a pesar de la creación de la república el 6 de agosto de 1825, el Libertador Simón Bolívar manifestó su desacuerdo, en una tensa relación con el Mariscal Antonio José de Sucre, supeditando el reconocimiento oficial a la decisión del Congreso del Perú.

Por otra parte, Argentina observaba con recelo el desarrollo de la asamblea, tensionando las relaciones con Bolivia por la decisión de Tarija de anexarse a la nueva república, abandonando la provincia de Salta, además con la expectativa sobre el territorio de la antigua Real Audiencia de Charcas que había detentado desde 1776.

Un tercer factor internacional fue el destino del fuerte contingente de 2.500 plazas del Ejército Unido Libertador acantonado en Bolivia, en cuyo caso, la decisión de mantenerlo en ese territorio no dependía de Bolivia, sino del Congreso de Colombia.

Finalmente, estaba la situación de los emigrados bolivianos, es decir los funcionarios que administraron Charcas durante los gobiernos patriotas en la guerra de 16 años, quienes ante la arremetida de los ejércitos realistas abandonaron suelo patrio y fueron al exilio. Éstos retornaron cuando se declaró la independencia y solicitaron la devolución de sus cargos. La asamblea determinó pagar un premio económico a los emigrados y no restituirles ningún cargo público.

Las deliberaciones de la asamblea demuestran que como ningún otro país, la independencia de Bolivia estaba supeditada a la decisión de tres potencias extranjeras. Este impresionante documento, sin embargo, salió del país y fue a parar a la legación boliviana en Buenos Aires, donde lo encontró el ministro plenipotenciario en misión especial, Don Eduardo Diez de Medina, quien al leer su contenido, dada su calidad funcionaria, ordenó su repatriación en junio de 1924, instruyendo: “Remítase este documento de inapreciable valor histórico, al Honorable Congreso Nacional”. El Senado mantuvo exiliado al célebre documento en un oscuro depósito hasta que en 2004 fue rescatado por el entonces Archivo Histórico del Congreso, que lo custodia en las bóvedas del antiguo edificio del Banco Central de Bolivia, sede de la Biblioteca y Archivo Histórico del primer órgano de poder del Estado.

HÁBEAS CORPUS. El segundo documento registrado en el MOWLAC es el hábeas corpus escrito en papel higiénico, hecho singular protagonizado por el abogado Reynaldo Peters. Constituye una hazaña judicial que conmocionó al régimen dictatorial del entonces coronel Hugo Banzer Suárez, cuando fue presentado en 1972 por Peters, quien expresó su disidencia sobre la decisión de su partido, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), de suscribir un pacto político con el dictador y con el partido Falange Socialista Boliviana (FSB). La reacción del régimen dictatorial que formó parte del Plan Cóndor fue tajante, ordenando el apresamiento extrajudicial de abogado y, con él, de 200 profesionales del país. Temiendo por su vida, Peters vio la necesidad de redactar un hábeas corpus, usando para ese fin un papel higiénico que era el único insumo que proveían los carceleros a sus prisioneros. Rebuscando en el basural de su celda, llamada “El Tropezón” (quizá porque allí, “quien no cae resbala”) encontró un viejo bolígrafo inservible, logrando licuar la tinta y con esa punta desvencijada por el tiempo, redactó el célebre amparo constitucional. En otro trozo del deleznable soporte escribió las instrucciones para su presentación al Tribunal de Justicia de La Paz.

Extraído subrepticiamente de la celda por la esposa de Peters, el memorial fue presentado, siendo aceptado por el Tribunal, lo que provocó la ira del dictador, que en torpe reacción ordenó la exoneración de los juristas del Tribunal Departamental y puso en su lugar a otros afines a su ideología, quienes rechazaron el amparo, con voto disidente de un magistrado, que hizo honor a su condición.

El hábeas corpus en papel higiénico provocó un cataclismo político capaz de desestabilizar al régimen, que optó por ordenar la liberación de los 200 profesionales, excepto a Peters, que salió libre por presión de organismos internacionales de derechos humanos. A su vez, ordenó la destrucción del ‘oprobioso’ amparo, orden que cumplió un actuario que optó por tirarlo a un basurero esperando que sea recogido y llevado al relleno sanitario. Allí lo encontró un jurista, que lo sacó el tarro de basura y lo devolvió al abogado Reynaldo Peters. 

Posteriormente, la dictadura persiguió a Peters y al enterarse que el expediente sobrevivió, también ordenó la destrucción del hábeas corpus en papel higiénico. Ambos salieron fuera del país y el documento fue entregado en custodia en la bóveda de un banco europeo. Sin duda, habiendo sido declarado Patrimonio Documental de la Humanidad, corresponde su repatriación y entrega a un archivo histórico.

DESAFÍOS. Bolivia debe conformar el Comité Nacional de la Memoria del Mundo, convocando a directores/as, responsables y encargados/as de bibliotecas, archivos y hemerotecas públicas y privadas del país. El país tiene una gran riqueza documental, bibliográfica y hemerográfica que debe ser identificada y postulada para su registro en la Memoria del Mundo. En breve se realizará el acto público de entrega de certificados para lo cual invitaremos a un personero de la Unesco, oportunidad para conformar el Comité Nacional de la Memoria del Mundo, quien asesorará el equipo de alto nivel que trabajó en la postulación de las Actas del Primer Congreso Constituyente de 1826: Beatriz Loza, Carlos Rúa (conservador) y Liz Quiñones (experta en catalogación).

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