Animal Político

Adiós, maestro

De Beltrán comunicólogo hemos aprendido muchas cosas esenciales. Aprendimos a no renunciar jamás a la utopía, como él invocaba con relación a las políticas de comunicación, esa asignatura pendiente.

La Razón (Edición Impresa) / Exeni / La Paz

00:04 / 19 de julio de 2015

Huérfanos de palabras, incompletos, tristes. Así quedamos con la partida del maestro Luis Ramiro Beltrán Salmón. Así nos sentimos. Es como si tocara el silencio. Es como si se apagara la luz. Hay soledad, hay repliegue.

De Beltrán comunicólogo hemos aprendido muchas cosas esenciales. Aprendimos a no renunciar jamás a la utopía, como él invocaba con relación a las políticas de comunicación, esa asignatura pendiente. Aprendimos también que no hay desarrollo sin comunicación. Y que no habrá comunicación sin democratización de la comunicación. Del precursor Luis Ramiro hemos aprendido tanto.

De Beltrán periodista aprendimos asimismo que el periodismo no es solo una profesión o acaso un oficio. Luis Ramiro nos mostró que el periodismo es un compromiso con pasión (“no escriba como periodista lo que no pueda sostener como pugilista”). Con esa convicción llevó desde muy temprano la tinta de imprenta en las venas. Y nos enseñó sobre todo que sin ética periodística, ese bien tan preciado como escaso, el periodismo no es más que mediocracia.

Pero sin duda el mejor legado que nos deja el maestro Beltrán, el gran comunicador, es un legado de integridad, de afecto sin límites, de optimismo. Luis Ramiro nos inundaba con su calidez, nos inspiraba con su sonrisa. Nadie más comprometido con los principios. Nadie más generoso. Él nos enseñó a estar siempre cerquita, a cultivar los detalles, a reafirmar la amistad. Con él disfrutamos la alegría de cantar, de reír, de estar juntos.

En el festejo de su cumpleaños, en febrero, sabíamos que podía ser el último. Claro que nos negábamos a aceptarlo. Maestros vitales e imprescindibles como Luis Ramiro debieran ser eternos. Ahora ya no está físicamente entre nosotros, pero su memoria, que es nuestra casa, late fuerte en nuestros corazones. Por eso, desde el abrazo, con toda el almita, te decimos gracias por habernos permitido crecer contigo, por habernos enseñado a ser mejores personas, por el privilegio de seguir tus pasos.

Hasta siempre, maestro. O mejor: hasta pronto, amigo. Nos harás mucha falta. Te vamos a extrañar.  Queremos tanto a Luis Ramiro.

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