Animal Político

Doble aguinaldo, ¿medida injusta?

Un antiguo debate en economía es la disyuntiva entre eficiencia y equidad.

La Razón (Edición Impresa) / Omar R. Velasco Portillo / Msc. en Economía

00:01 / 31 de octubre de 2018

El doble aguinaldo (2A) debe ser una de las políticas económicas más controvertidas en la gestión del presidente Evo Morales, no solo porque es una medida coercitiva de transferencia de recursos entre sectores de la población, sino porque se cuestiona su naturaleza redistributiva. Se dice que solo beneficia a un segmento de la población asalariada, que existe un trato discriminatorio contra las empresas que más demandan mano de obra o que, simplemente, hay un desarrollo heterogéneo entre departamentos. ¿Así, debe entenderse ésta como una medida socialmente injusta? Respondo enfáticamente que no.

El 2A nace como una medida redistributiva condicionada al crecimiento acumulado de toda la economía de 4,5% en términos interanuales, a junio de cada año. Su propósito es acelerar la redistribución del ingreso, pero solo en periodos de crecimiento extraordinario y cuando se acumuló mayor excedente económico. Cuando la economía crece menos que su nivel potencial (cercano a 4,5%), el proceso de acumulación de riqueza continúa, pero las empresas no están forzadas a compartir sus ganancias.

Uno de los debates más antiguos en economía es la disyuntiva entre eficiencia y equidad. En épocas de bonanza, el crecimiento tiende a favorecer a los estratos más ricos, que detentan y acumulan mayor capital, elevando la desigualdad entre clases. Hay quienes defienden que este proceso de acumulación, motivado por la eficiencia de los mercados, es socialmente justo, porque además de beneficiar a las clases ricas mejora la situación de los más pobres (teoría de goteo). El economista estadounidense Simon Kuznet planteó que cuando sube la renta per cápita, la desigualdad social aumenta; pero a niveles elevados de ingresos medios, las desigualdades disminuían, conforme la economía crecía más. La desigualdad era vista como un prerrequisito para alcanzar el tan ansiado desarrollo económico.

En cambio, el economista francés Thomas Piketty demostró en su libro El Capital del Siglo XXI que la teoría de Kuznet no se cumple, que el crecimiento por sí solo no mejoró la distribución del ingreso y que más bien la desigualdad, en el mundo en los últimos 20 años se ha exacerbado. La razón se halla en que la tasa de retorno de capital sube excesivamente por encima de la tasa de crecimiento de la economía, mientras que se reduce la participación de los salarios en la distribución del excedente económico.

Las cifras confirman los hallazgos de Piketty. En la década de los 90, Estados Unidos vivió un ciclo prologando de crecimiento económico, un promedio de 3,4%, pero su desigualdad medida por el índice de Gini (rango entre 0, mayor igualdad, y 1, mayor desigualdad) aumentó de 0,38 a 0,40. Según un estudio de la CEPAL de Gunilla Ryd (2003, pág. 18), las ganancias corporativas netas de impuestos en ese periodo se situaron entre 6% y 10%, es decir, muy por encima del crecimiento de la economía. En cambio, el salario mínimo solo se incrementó en tres oportunidades (1992, 1997 y 1998) haciendo un promedio de 2,9% en el decenio.

Como éste, hay muchos otros países donde la distribución del ingreso y el crecimiento económico entraron en conflicto. En Reino Unido el auge que experimentó entre 1993 y 2007 fue de 3%, mientras que la desigualdad subió de 0,37 a 0,39. Otros ejemplos exitosos de expansión económica son Chile, que creció en promedio 7% entre 1987 y 1998, Irlanda en 7% entre 2010 y 2017 y Corea del Sur en 3,5% entre 2006 y 2017; pero que tampoco lograron mejoras en la desigualdad del ingreso.

En cambio, Bolivia logró avanzar en ambos sentidos. No solo se posicionó como una de las economías con mayor crecimiento sudamericano (4,9% promedio), sino que fue una de las que más redujo la desigualdad del ingreso, de 0,59 a 0,46 entre 2006 y 2017. ¿Cuál es el secreto?

La búsqueda de la desigualdad no debe ser vista como un fin teleológico (enfoque igualitarista). Si bien toda sociedad debe tener un umbral máximo de desigualdad a partir del cual, un aumento de la misma es socialmente indeseable y políticamente riesgoso para mantener la estabilidad económica y la unidad del país, la búsqueda de la mayor igualdad tiene un objetivo concreto, impulsar el crecimiento. No es una mera política redistribucionista de suma cero, sino que busca dinamizar el mercado interno para que éste a su vez reimpulse el crecimiento económico y el efecto se retroalimente beneficiando a todos. Es justamente el rol de la redistribución del ingreso lo que hizo del modelo boliviano, un modelo económico diferente y exitoso.

Es esperado que luego de un proceso redistribuidor hayan ganadores y perdedores porque la riqueza no se crea, se transfiere, y consecuentemente una medida como ésta genere críticas en empresas que no hayan obtenido beneficios contables ni que sus ventas hayan superado el 4,5% y, paradójicamente, deban pagar el 2A; pero, por encima de estas asimetrías particulares está la desigualdad de la distribución del ingreso de toda la economía, que es justamente lo que se mejora con esta medida. Aún si a nivel individual algunos agentes pueden verse perjudicados, para el conjunto de la sociedad son más las personas que ganan que las que pierden.

Ahora bien, pese a esta reasignación de recursos, la mayor parte de la riqueza que se genera continúa en poder de las empresas privadas. Descomponiendo el PIB por la retribución a los factores productivos que generaron ese crecimiento, encontramos que la masa salarial representa 20% del ingreso, mientras que el 70% va al pago del factor capital (excedente bruto de explotación), una vez descontados los gastos de consumo intermedio, remuneración laboral y pago de impuestos. Esto es así porque son las empresas las que apuestan por el país y arriesgan su capital permitiendo que el proceso de reproducción continúe.

Reconociendo que hay políticas que se pueden ir ajustando y perfeccionando en el tiempo y que el discurso de la redistribución del ingreso no llegue a consolar su bolsillo, amable lector que debe acatar la medida, debo decir que el debate no es si ¿tengo o no para pagar el 2A? sino ¿qué tipo de calidad de crecimiento queremos los bolivianos? Un crecimiento inclusivo, en el que se reduzcan las disparidades sociales, como se ha venido logrando, u otro que concentre mayor riqueza en unas minorías. La discusión siempre estará abierta.

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