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Alexey Sazonov: ‘Al igual que Bolivia, Rusia apoya la reforma de la ONU’

El embajador de Rusia en Bolivia, Alexey Sazonov, argumenta sobre las preocupaciones de su país en el conflicto de Ucrania así como de la relación bilateral con Bolivia.

Alexey Sazonov.

Alexey Sazonov. Foto: Pedro Laguna.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:02 / 25 de mayo de 2014

Alexey Sazonov es el embajador de Rusia en Bolivia. Su país para una mayoría de los bolivianos no es sino una imagen remota y difusa construida de lugares comunes. Posiblemente, la idea inversa —qué es Bolivia para la mayoría de los rusos— podría tener resultados aún más opacos por la enorme lejanía geográfica. No obstante, esto no ha impedido que las relaciones diplomáticas entre ambos Estados hayan cumplido 71 años (aún contando a la hoy desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS) y que empresas rusas hagan negocios con Bolivia.

Sazonov por su propia iniciativa comienza la entrevista hablando del conflicto en Ucrania. Muestra extractos del Libro Blanco sobre violaciones de los derechos humanos y del estado de Derecho en Ucrania (noviembre de 2013-marzo de 2014) editado por el Ministerio de Relaciones Exteriores del Gobierno ruso. “No queremos hacer revoluciones para otros países, mi país es otro”, resume el punto de vista de su país.

—¿Cuál es la explicación de Rusia de lo que sucede en Ucrania?

—Si se conoce la historia del fascismo en Ucrania se entiende fácilmente lo que está sucediendo (muestra fotos de manifestantes que participaron en las movilizaciones que derrocaron a Viktor Yanukóvich en febrero, y que presumen esvásticas o hacen el gesto de saludo del Sieg Heil hitleriano, con el brazo derecho extendido). Fue un golpe de Estado que hicieron las fuerzas derechistas en coalición con neofascistas, rusófobos y antisemitas. Europa Occidental no quiere ese escenario, pero si es cerca de Rusia, tienen apoyo de los Estados Unidos y la Unión Europea. No puedo imaginarme que eso pueda suceder en Suiza o España. Nos preocupa la situación de los Derechos Humanos en Ucrania.

— ¿Cómo se benefician Estados Unidos y la Unión Europea?

—Para ellos significa acercarse a Rusia con posibilidades militares. Ya trataron en 2002 y 2003 de incluir a Ucrania en la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). Nosotros debemos defender nuestros intereses y los de nuestros hermanos, es un escenario muy grave para Rusia. Claro que ellos planificaron lo que está sucediendo: dividir Ucrania y acercarse a la frontera militarmente para aumentar su cantidad de tropas en los países bálticos. Ahora tenemos cerca de la frontera una zona de conflicto de magnitud y somos divididos con nuestros hermanos. No queremos una guerra con Ucrania.

—Pero y ¿cuál es la posición rusa, ¿reconocerán las elecciones del 25 de mayo (hoy)?

—Esperaremos qué sucederá. Hay que ver quién va a participar. ¿Va a votar la gente entre tanques y artillería, bajo amenaza a la vida? Reservamos nuestra posición y no sabemos si vamos a apoyar o no reconocer ese poder que llegue después de las elecciones. No puedo imaginarme al neofascismo gobernando Ucrania. La situación se mueve hacia la guerra civil porque ese poder ucraniano neofascista no busca el diálogo con la gente, solo va a hablar con el Papa o con el Presidente de Estados Unidos, pero no quiere encontrarse con su pueblo.

—¿Y Crimea?

—Ahí todo es claro. Crimea fue parte de Rusia y luego de la URSS, por tres siglos, esa larga historia nos dice que la separación era imposible de pensar. Por eso hubo la decisión de la gente que votó a favor de la unión con Rusia, sin disparar un tiro, sin una sola pérdida humana. Con Ucrania es similar, tenemos una historia muy parecida a la de ustedes con Perú, somos hermanos.

—¿El conflicto de Ucrania sería el retorno a la  bipolaridad en la política internacional?

—Estados Unidos y Europa Occidental guardaron su política hasta un momento. En general, Estados Unidos no cambia su política ni da derecho a los otros a decidir su propio futuro. Es mucho egoísmo por su interés propio, pero hay intereses de comunidad, región, mundo. No piensan en Rusia como a su igual, hablaron mucho con nosotros de igualdad y respeto, pero vimos que no eran verdaderos. Crearon su idea de liderazgo mundial y en el mundo nada cambia para ellos aunque el mundo cambie. No veo guerra fría, sino una sola actuación geopolítica.

—Eso Estados Unidos. ¿Y Rusia?  ¿Varía su rol como esfera de influencia?

—Claro que sí. Yo trabajaba en la Cancillería cuando era joven. Construimos un mundo de socios a los que gobernábamos como dirigentes de mundo en ese escenario bipolar. Ahora no, no gobernamos, no creamos bloques militares contra otros. Sí tratamos de incluirnos en procesos de globalización y buscamos el interés común unido a nuestros intereses.

—Bueno, pasando a la relación bilateral, ¿cuál es su evaluación?

— En la actualidad hay que decir que nuestras relaciones están excelentes, excelentes; no veo un solo problema, aunque hay que profundizar las relaciones económicas y tener una base sólida de las relaciones políticas. Nuestra historia es grande, en abril del año pasado se cumplieron 70 años de relaciones. Aunque después de la trágica desaparición de la Unión Soviética, se perdieron casi diez años en relaciones con América Latina. Ahora regresamos por muchas razones.

—Por ejemplo, ¿cuáles?

—La principal es que América Latina, y Bolivia es un gran ejemplo de ello, se convierte en un punto multipolar y apoyamos esa creación de un nuevo polo político. Bolivia muestra ese deseo de convertirse en un punto desde donde se pueden cambiar cosas en el mundo. Por eso nos interesa como socio que tiene su punto de vista soberano. Debemos contar a Bolivia en nuestros planes. Eso políticamente. Además, somos socios estratégicos en la palestra internacional, apreciamos de igual modo el papel de la ONU (Organización de las Naciones Unidas).

—¿Eso quiere decir que comparten una posición crítica hacia la ONU?

—Hablamos de reformar la ONU, se critica situaciones concretas. Al igual que Bolivia, Rusia apoya la reforma de la ONU. Hace falta ponerse de acuerdo con todos los países sobre esto, porque con (solo) un país en contra no será algo legítimo. Hablamos y trabajamos en el rumbo de la reforma de la ONU en un consenso, no con la fuerza.

—¿Qué situaciones concretas cuestionan de la ONU?

—El papel de la ONU es importantísimo, y cuando criticamos lo hacemos concretamente. Por ejemplo, la injerencia con cascos azules, igual que Bolivia criticamos cuando la OTAN actuó en Libia y ahora trata de hacerlo en Siria. Por ejemplo, en el problema de Irán, ellos (los iraníes) no planifican hacer armas nucleares. Ellos tienen derecho de desarrollar energía atómica bajo el control internacional, Estados Unidos dice que no. La soberanía para nosotros significa mucho más que para otros países. Pensamos que somos un país más grande, pero en la ONU todos tenemos un voto.

—¿Otros puntos en común con Bolivia en política internacional?

—La no utilización de la fuerza en las relaciones internacionales, criticamos el terrorismo, la lucha contra las drogas y los ilícitos. En eso somos iguales. También criticamos la renovación del racismo y del fascismo.

—En ese mismo campo internacional, ¿cuáles son las diferencias?

—Hay diferencia, por ejemplo, en cuanto a la apreciación de la situación climática. El presidente Evo tiene muchas propuestas, pero la comunidad internacional todavía no apoya, tenemos otro esquema. Sin embargo, esto no nos divide, no hace falta estar de acuerdo en todo.

—En lo económico, ¿cuál es la presencia rusa en Bolivia?

—En la esfera energética, está presente el coloso ruso Gazprom explotando gas en Ipati y Aquio (frontera entre Tarija y Santa Cruz) en un proyecto con franceses. Además, exploran (en busca de) acero.  El tema de explotación avanza, el de exploración está aún en los trámites técnicos. Asimismo, el año pasado vino Rozneft, que es la empresa de crudo más grande del mundo, ellos también van a buscar gas en el oriente de Bolivia. Esa presencia muestra que hay una gran perspectiva, ahora estamos en el inicio del proceso.

—¿Hay otros proyectos de inversión en esa magnitud?

—Estamos en el inicio de la elaboración de un proyecto hidroenergético. Hay propuestas de Bolivia y trabajamos para acercar los deseos y posibilidades de grandes compañías rusas que trabajan en Argentina, Ecuador y Brasil, como por ejemplo RusHydro e Inter Rao Eus. Empero, estamos en una fase inicial.

—¿En cuanto al comercio?

—El comercio no es grande. Para nuestras firmas y compañías impacta que Bolivia no tenga su propio puerto, es un problema para la logística de nuestras empresas no tan grandes como Gazprom.

—Ya que toca el tema, ¿cómo ven la demanda boliviana contra Chile en la Corte de Justicia de La Haya?

—Apoyamos la búsqueda de solución justa y rápida de dos países y no solo de uno. Es justo para Bolivia, puedo decir. Hace falta que se sienten a hablar de ese tema los dos países.

—¿Y la cooperación en Defensa de Rusia hacia Bolivia?

—Veo muchas perspectivas para capacitar a oficiales y en la creación, por ejemplo, de una empresa común para la construcción de una planta y no sólo en compra y venta de armamento. Sabemos que Bolivia planifica modernizar sus fuerzas armadas y sabemos que no tiene intereses de guerra, pero hace falta modernizarse y Rusia podría y puede participar en eso. Estamos discutiendo estas cuestiones.

—¿Qué otros proyectos de cooperación existen?

—Tenemos capacitación de policías en la lucha contra el crimen: recibimos unas diez personas al año. También hay becas. Existe demanda del Gobierno de especialización en gas, petróleo, crudo y petroquímica. Este año recibimos 30 becados (diez para gas y petróleo, uno de posgrado y el resto de pregrado de diferentes ramas académicas). No obstante, en total tenemos 80 estudiantes en Moscú. Es un proyecto que nos cuesta más o menos un millón de dólares y vamos a hacer mucho más.

—¿Habrá una delegación rusa en la Cumbre del G77+China? ¿Quiénes la compondrán?

—La delegación rusa va a participar, aunque todavía no está determinado quién la va a dirigir. Hay una invitación oficial.

—¿Cómo ve el espacio del G77?

—Es difícil hablar de ese organismo, pues atiende casi a todo el mundo. Pero sí, cuando decimos “polo”, nos referimos a América Central y del Sur y entendemos bien los problemas de desarrollo y atraso. Cada país tiene su voz soberana que hace falta respetar y contar, por eso tomamos en cuenta la posición de América Latina.

—En ese sentido, ¿cómo se relaciona Rusia con los bloques políticos y económicos de la región?

—No hay problemas de relación con ningún bloque político. No existe tampoco un mecanismo entre la Alianza del Pacífico y Rusia. Tampoco con el Alba (Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América), pero mantenemos relaciones con cada uno de sus países miembro; como se sabe, el Ministro de Relaciones Exteriores (Serguei Lavrov) estuvo hace unos días en Chile y Perú y antes visitó Cuba y Nicaragua como muestra de que estamos abiertos a relacionarnos (tanto) con miembros del Alba como de (los de) la Alianza del Pacífico.

Datos

Nombre: Alexey Andreevich Sazonov

Nació: 1953

Profesión: Doctor en Economía

Cargo: Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Rusia en Bolivia

Perfil

Sazonov se graduó de la Universidad Estatal de Moscú en 1979 y es doctor en Economía. Trabajó en el Servicio Exterior desde 1989. De 2000 a 2004 fue ministro Consejero de la Embajada de Rusia en Ucrania. Es Embajador en Bolivia desde 2012.

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