Animal Político

Alianzas, la prueba para la oposición

Con un MAS aún hegemónico, toca a la oposición definir este martes si va o no en alianzas.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos es periodista

09:00 / 14 de noviembre de 2018

El martes 13 se cierra el plazo para que las organizaciones políticas soliciten el registro de las alianzas que vayan a participar en las elecciones internas, primarias, del 27 de enero de 2019. Es el verdadero punto de partida del proceso electoral que culminará en diciembre de ese año, pero sobre todo es la primera prueba para la oposición, dado el actual escenario político: con un Movimiento Al Socialismo (MAS) aún hegemónico, que no irá en alianza con nadie, es la oposición a quien le tocará decidir si va en alianza o por separado, y eso debe haberlo anotado hasta el martes 13.  

Ahora, sobre si este martes es definitivo o no para saber quiénes y cuántos serán los grandes contendientes opositores, el sociólogo Adolfo Mendoza, uno de los cinco consultores que elaboraron la nueva Ley de Organizaciones Políticas (LOP), afirma que ciertamente habrá un cierre en el sentido de que las organizaciones sea cual fuere su forma de organización, o solos o en alianza, “no pueden desdecirse” una vez que establezcan sus binomios; claro, otro será el proceso de la alianza a la hora de definir candidaturas a senadores y diputados, pero dentro del marco del binomio electo en primarias.

Al respecto, el secretario ejecutivo de Sol.bo, José Luis Bedregal, asegura que si bien, por ejemplo, ya no se podrán inscribir nuevos frentes, “nada impide que después se puedan modificar las coaliciones, porque la ley no lo impide, la composición de las fuerzas que vayan a terciar en las elecciones puede modificarse todavía. Incluso frentes que participen en las primarias pueden ‘bajarse’ luego del proceso electoral y dar un paso al costado”.

Examen. Será una prueba para la oposición en el sentido de que para inscribir una alianza un requisito básico, según la LOP, es la presentación tanto de una “base programática de la alianza” como un “programa de gobierno” (artículo 50); si bien la alianza no es “fusión” (otra forma de unión política contemplada en la LOP), se acerca mucho a ello con dicho requisito.

Y es que al establecer como condición para la alianza el acuerdo programático y el programa de gobierno, insiste Mendoza, la LOP busca promover la democratización interna de los partidos, “de las decisiones; esto implicará que los jefes de campaña, del partido, ya no serán los únicos que decidan las candidaturas, sino que tiene que ser la militancia”.

La exigencia de base programática y plan de gobierno, en este sentido es una forma de modernización del quehacer partidario, esta vez cuando se hagan alianzas.

De hecho, tres cosas trajo la LOP, remarca Mendoza: “modernización, democratización, y salidas ante los problemas que tiene el sistema de representación política en Bolivia”.

Aquí, hay que hacer notar que casi con el mismo articulado las alianzas ya estaban normadas en la antigua Ley de Partidos Políticos (LPP) de 1999 (la que justamente sustituyó la actual LOP). Para el politólogo Jorge Lazarte aquello era un avance de la norma, pues había “desinformalizado las prácticas anteriores que dependían con exceso de las oscilaciones de la coyuntura y de los arreglos ocultos, y han ‘descupularizado’ tales acuerdos al hacer remitir su aprobación a las instancias estatutarias habilitadas para hacerlo”. (Entre los espectros del pasado y las incertidumbres del futuro, Jorge Lazarte, FES, Plural, 2005)

Tanto en la LPP como en la LOP, por ejemplo, se exige la inscripción de la alianza en el Órgano Electoral; en ambas está el requisito del programa de gobierno; también comparten lo que se calificó como una peculiaridad boliviana: establecer la alianza tanto para la unión electoral, para participar en una elección, como la unidad para alguna forma de acción política; la LPP dice: Dos o más partidos “podrán aliarse con fines electorales, de ejecución de programas de gobierno o con otras finalidades políticas”, y LOP, “la alianza es la unión temporal, con fines electorales o de acción política”.

Lo que sí diferencia a la LPP de la LOP es la introducción de las elecciones primarias y la elección del binomio presidencial en éstas, y el hecho de que las alianzas deban establecerse antes del proceso electoral, antes de las primarias; más aún cuando éstas fueron adelantadas.

Ante la interrogante de que el adelantamiento de las primarias estropeó el diseño original de la LOP —en el sentido de ser más exigente con las alianzas, cuando éstas estaban pensadas para las elecciones de 2024—, los criterios son divididos.

Para Mendoza el adelantamiento de las primarias no debe ser un excusa. “Las organizaciones políticas sabían de esta propuesta hace un año al menos. Ya era responsabilidad suya tomar recaudos para formar alianzas antes de las primarias. Por responsabilidad ante el país, las oposiciones debían preocuparse de ofrecerle una alternativa” (al MAS).

Espere…

Problema. Al respecto, el dirigente de Unidad Demócrata (UD), el senador Óscar Ortiz, enfatiza en que el problema no es tanto el adelantamiento de las primarias, que la oposición aún con el apremio está encarando el proceso de las alianzas: para nosotros, “las personas (los líderes políticos) son importantes, pero nosotros dijimos que no creíamos en personalismos ni mesianismos; aquí el tema es unirnos alrededor de la causa democrática, de una visión de Estado y un compromiso de políticas públicas que le den mayor desarrollo al país y libertad a las personas”.

El problema con el adelantamiento de las primarias es otro, remarca: es que el MAS cambió las reglas del juego de las elecciones, “nosotros hemos denunciado que no estamos de acuerdo con la LOP en lo relativo a las primarias, porque son para dar legalidad a las candidaturas de Evo Morales y Álvaro García. Esto ha sido una nueva forma de darse legalidad, pero que sigue siendo tramposa, al establecer unos resultados vinculantes de estas primarias, además de limitar la posibilidad de que el ciudadano común pueda impugnar las candidaturas”.

Para Sol.bo, según Bedregal, el problema no es tanto el adelantamiento de las primarias; si bien hay un “calendario impuesto”, las alianzas están encontrando su cauce porque los acuerdos que deben tratar son básicos, de visión general: “Las alianzas responden a visiones programáticas de actores que tarde o temprano tenían que ponerse de acuerdo; no creo que el tiempo constituya una variación en este sentido; sencillamente coinciden quienes tienen una misma mirada”. En este sentido, destacó como la “más sólida y coherente” a la alianza Ciudadanos, entre Sol.bo y el FRI (Carlos Mesa).

El “calendario impuesto”, de adelantar las primarias, más bien daña la participación política de la ciudadanía, asevera Bedregal: “El calendario afecta a la capacidad de organización de la población, de hacer sus organizaciones políticas, es el caso de las plataformas ciudadanas, que no van a poder participar, muchos han quedado en el camino. La afectación real de la convocatoria es que pone trabas a la participación ciudadana; además perjudica a todos: distraerá al Gobierno y, lo peor, será un gasto millonario a sabiendas de que nada, nada se va a decidir en estas primarias. Vamos a llevar a una parte del pueblo boliviano a las urnas de manera insulsa, porque no van a elegir nada”, refiriéndose con esto último que muy probablemente en todos los frentes o alianzas haya un solo binomio candidato.

Programa. El secretario ejecutivo de Unidad Nacional (UN), Jaime Navarro, a tiempo de afirmar que la oposición debe superar la traba que significa el adelantamiento de las primarias, enfatiza que los términos de alianza de UN son la triada “principios, valores y programa”, desvirtuando sobre todo cualquier forma de caudillismo: “No partimos del criterio ‘en torno a mí unámonos’. Tiene que ser una unidad en torno a principios, valores y propuesta programática; solo así podemos pensar en el largo plazo; lo otro es únicamente electoral”.

En cuanto a que el actual sistema de alianzas pueda contrarrestar la práctica del cuoteo político, denostado como la práctica común de la “democracia pactada”, Mendoza destaca que el cuoteo es falta de programa y de democracia en los partidos: “En los tiempos de la democracia pactada, la práctica del cuoteo era para mantener un espacio de poder, pero sin un horizonte programático, pensar el poder solo en términos de su posesión, y no  por el bien común. Ahora, es lógico que las cuotas de poder en una alianza se discutan según el peso específico de las organizaciones políticas; lo que ya no es lógico en la profundización de la democracia es que ese cuoteo exprese solo intereses particulares, de facciones o pequeños grupos y no responda a un horizonte programático”.

Al respecto, el senador opositor Ortiz más bien apunta a que el mejor caldo de cultivo del cuoteo es la desinstitucionalización del Estado, “el MAS, por ejemplo, prefiere tener puros interinos; ahí viene su impostura; hay cuoteo donde no hay institucionalización”.

En relación a las alianzas en la historia política del país, como muestra el cuadro, éstas fueron muy comunes en los primeros años del periodo democrático que el país vive desde finales de los 70. La Unidad Democrática y Popular (UDP) sigue siendo la mayor experiencia en este sentido.

Ahora, unas fueron las alianzas preelectorales y otras las coaliciones, que se formaron postelecciones, expresamente para gobernar.

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