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El Alto, oportunidad para repensar la democracia local

La actual pelea en el municipio de El Alto  bien puede servir para replantear un tema recurrente en la gestión local: el hecho de que se ha fraccionado demasiado la gestión de las grandes ciudades, del presupuesto y ciertos emprendimientos; es necesario recuperar la integralidad de la gestión.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

00:06 / 14 de junio de 2015

Paradójicamente, la actual crisis que vive el municipio de El Alto puede ser una oportunidad para repensar los alcances y límites de la democracia municipal en las grandes ciudades, señala el exprefecto de Santa Cruz y primer secretario nacional de Participación Popular (en 1994), Carlos Hugo Molina Saucedo.

El abogado cruceño no deja de recordar que el primer alcalde de un municipio grande del país que “se atrevió” a crear “un sistema territorial municipal de distritos con elección de subalcaldes, fue José Luis Paredes”.

A esto se sumó, cuenta, el entonces candidato a la Alcaldía de La Paz, Ronald MacLean, con una propuesta de dividir los recursos que recibía el municipio por coparticipación tributaria entre cada uno de los distritos zonales, para su administración directa. Justo es reconocer también, destaca Molina Saucedo, que fue Manfred Reyes Villa, como alcalde de Cochabamba, quien empezó la implementación de las bases de las subalcaldías: “cuando se crearon las Casas Comunales como base para que los distritos pudieran ser subalcaldías efectivas y prácticas”.

Por eso, en torno a la crisis alteña, el promotor de la municipalización del país se pregunta cuánto de adecuado hoy es esa división de presupuesto y gestión en las grandes urbes, como El Alto: “lo que tenemos que analizar, en el marco de la gobernabilidad de los gobiernos municipales y de la gestión, es cuánto del fraccionamiento de los presupuestos y de la participación ciudadana es posible llevar en grandes ciudades”.

Fragmentada la gestión municipal en varias subalcaldías convertidas en una suerte de territorios autónomos, la enseñanza que se debe sacar de la crisis, destaca Molina Saucedo, es ver cómo se administra la gran ciudad sin dejar de tomar en cuenta la participación ciudadana. “Lo que pasa es que la ciudad no puede ser fraccionada ni parcelada, cuando se necesita una planificación estratégica que resuelva los problemas de manera integral”.

Además, apunta, hay que ver cómo cuando se tiene problemas con algún sector, que seguro tiene demandas legítimas, lo importante es que ese interés particular no se sobreponga al interés o bien colectivo; es el caso de los transportistas, por ejemplo, destaca el abogado en prácticamente todos los municipios de capital además de El Alto.

Ante la interrogante de si hay que replantear aquello de la elección de subalcaldes, el gestor de la municipalización enfatiza en la necesidad del carácter único de la gestión pública. 

“En todas las ciudades, la unidad de gestión administrativa es única en América Latina; la existencia de unidades desconcentradas o descentralizadas corresponde a una unidad de gestión administrativa que tiene una cabeza, que se llama alcalde; si el problema va a ser la elección de subalcaldes, estamos modificando el objeto de la elección del alcalde y de la gestión integral del territorio del municipio. Y quien pierde es la gestión del municipio, porque la posibilidad de desarrollar acciones integrales en todo el territorio no puede ser fraccionada o fragmentada”.

El transporte, el manejo de residuos, el recojo de la basura, la salud y la educación, como ejemplo, afirma el abogado municipalista, no pueden ser fragmentados en su gestión: “no hay ninguna actividad que pueda ser fraccionada en términos de servicios, en la unidad que es el municipio”.

La actual crisis en El Alto también ayuda a pensar, dice, en la necesidad de la metropolización, de la gestión metropolitana.  De los 339 municipios que hay en el país, por ejemplo, afirma, “ni uno” tiene resuelto el problema del recojo y gestión de los residuos sólidos, y como este problema es mayor en las áreas conurbanas, metropolitanas, su gestión debe ser integral.

“Es imposible suponer la solución de los problemas del gobierno municipal de El Alto, del territorio y población de El Alto, sin un nivel de coordinación real y efectiva con el gobierno municipal de la ciudad de La Paz, porque pese a estar divididas, ambas ciudades son un continuum, la realidad que vive la gente de ambos municipios es exactamente la misma”. 

La experiencia hasta ahora, indica, es que la participación ciudadana (que la gente “entre” a definir cómo se invierte y fiscalice) especialmente se da en los municipios pequeños y medianos, no así en los grandes; esto fundamentalmente por el acelerado ritmo de la vida cotidiana en esas grandes ciudades.

El tema es la transparencia que debería haber, “si nosotros transparentamos la gestión pública, y la sacamos de la simple disputa política, vamos a poder lograr con mayor eficacia un perfeccionamiento de la democracia, por un lado, y una mayor transparencia, que es lo que la gente finalmente está buscando, por otro”.

El especial Distrito 13 rural de El Alto

El distrito municipal alteño que hasta el cierre de esta edición (viernes) se resistía a que se posesione el subalcalde nombrado por Soledad Chapetón, es el Distrito 13, rural.  Según el dirigente del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq), y que acompaña a los movilizados, Carmelo Titirico, la razón para la resistencia tiene que ver con que desde la creación del distrito allí ha funcionado el sistema de designación del subalcalde según los usos y costumbres originarios.

“Es un distrito indígena originario rural; la alcaldesa Chapetón está confundiéndose como si fuera un distrito urbano; y aquí siempre se ha manejado acuerdos y procedimientos propios”, reclama el dirigente Titirico. Compuesto por tres grandes comunidades, Ingenio, Milluni Bajo y Milluni Alto, en un tantachawi (gran reunión) se eligen a los representantes de cada una de las comunidades y a lo largo de la gestión municipal, de cinco años, van rotando, de año en año (la práctica del muyu), los subalcaldes provenientes de cada una de las tres parcialidades existentes en el distrito rural.

Tanto la designación de los subalcaldes como la rotación en el cargo, antes que un tema político, insiste Titirico, es “orgánico, cualquiera que sea alcalde, no importa que sea del MAS, de UN, de cualquier partido, siempre se va a manejar por usos y costumbres”.

El directivo originario reprocha el accionar de los subalcaldes de los distritos urbanos, y hasta manifiesta su acuerdo con la acción de la alcaldesa Soledad Chapetón (de nombrar a los subalcaldes), pero demanda que en el caso del Distrito 13 se respete el carácter indígena originario de este territorio municipal.

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