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Amaru Villanueva: CIS: ‘Ayudar al Estado, no al Gobierno, a leer el país’

Amaru Villanueva, director del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Vicepresidencia, describe el trabajo de la institución que encabeza. Insiste en que se cumple la función de ayudar al Estado a tener una buena lectura del presente del país, de manera que los funcionarios públicos tengan los insumos necesarios el momento de tomar decisiones.

Amaru Villanueva.

Amaru Villanueva. Fotos: José Lavayén.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:03 / 07 de diciembre de 2015

El Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Vicepresidencia cumple dos años de vida. Su director, Amaru Villanueva, habla de esta institución y también de política: la descolonización, los movimientos sociales, la polémica sobre otras organizaciones que se dedican a la investigación, entre otros aspectos.

— ¿Qué es el CIS y cuáles sus funciones?

— El Centro de Investigaciones Sociales fue creado en 2013. Produce investigaciones sociales, desde la sociología, la antropología, las ciencias políticas, la economía y disciplinas afines. También tenemos otras actividades, principalmente la formación de nuevos investigadores, no tienen que ser jóvenes necesariamente. La idea es poder seguir alimentando al grupo de personas en el país que se dedican a la investigación social y que puedan trabajar acompañados de gente experimentada. Por último, estamos gestionando la Biblioteca del Bicentenario, que es el proyecto editorial más ambicioso jamás emprendido en el país. Consiste en reeditar y publicar a lo largo de 10 años las 200 obras más significativas en la historia.

— También han traído a teóricos de renombre (David Harvey, Marta Harnecker), ¿el CIS se encarga de esto?

— Dentro de la Vicepresidencia el CIS es una dirección. Coordinamos muy de cerca con la dirección de Participación Ciudadana, que hace años ha estado desarrollando sus actividades de traer intelectuales. Cuando llegó David Harvey coordinamos muy de cerca, pero es una tarea que emprende principalmente esta otra dirección.

— Hay una publicación del CIS sobre Harvey en Bolivia.

— Es una compilación de las conferencias que ha dictado. Hay que destacar que estas conferencias tienen el nombre de Pensando el mundo desde Bolivia. También podría llamarse Pensando Bolivia desde el mundo. Lo interesante de Harnecker o Harvey es que llegan no solo a presentar un conocimiento, sino que también basan parte de sus estudios en la experiencia que recogen. Bolivia pasa de ser un neto consumidor de conocimiento intelectual global, a ser un referente cada vez más importante y no en clave de excepcionalismo. No es que en Bolivia pasan cosas maravillosas y fascinantes que son meras curiosidades académicas, sino también cosas que nos dan pautas para entender procesos en otras partes del mundo.

— Sobre los campos de investigación del CIS, ¿el eje es la “construcción del Estado Plurinacional”, como dice su nombre?

— Es un eje importante, pero no es la parte constitutiva necesariamente. Una pauta interesante para hablar de las líneas de investigación que ahora son tres —transformación política, económica y social— podría decir que en el enfoque institucional somos algo heraclitianos, no nos gusta ver fotografías en momentos del tiempo para ver cómo ha cambiado de A a B, sino entender que las fotografías de un momento determinado están en movimiento, tienen información de un proceso de transformación constante.

— ¿No hay un eje predominante?

— Como CIS, diría que el eje de las investigaciones que hemos realizado hasta la fecha tiene que ver con la transformación social, en función a la cual está la transformación política y económica. Si se imaginan que dibujamos un Diagrama de Venn de tres áreas colindantes: economía, política y lo social, la pregunta emerge de qué se encuentra en la intersección. Una visión institucionalista diría que lo que se encuentra entre las tres es el Estado, entonces uno podría pensar que correspondería que el Estado, en la producción de conocimiento, sería nuestro sujeto de estudio central; pero en realidad el giro es que entendemos que en la intersección están los distintos sujetos individuales y colectivos que son parte del Estado Plurinacional. Quisiéramos ir más allá de las categorías analíticas con las que acostumbramos leer la realidad de Bolivia, es decir: empresariado, campesinado, mineros, proletariado, como si fueran categorías estáticas. Seguramente, si uno hace una genealogía, hay constantes, pero si intentamos simplificar nos quedamos cortos para entender el presente. Entonces lo que más nos interesa es entenderlos en sus procesos, por ejemplo, de urbanización, de incorporación a la modernidad, a redes transnacionales de comercio; ver cómo se van transformando esos sujetos individuales y colectivos en sus subjetividades, en su relacionamiento con el Estado, con la economía y su participación política.

— ¿Un ejemplo?

— Un ejemplo muy claro es el libro que sacamos con Nico Tassi, Alfonso Hinojosa y Richard Canaviri: Economías Populares, tres miradas. Estamos tomando un sujeto para el cual es necesario crear nuevas maneras de abordar, nuevos términos analíticos. Uno quisiera definirlos como aymaras, o comerciantes, o en términos peyorativos como “informales”. Pero entender la economía popular como un campo en el que convergen una serie de actores con historias de vida particulares, pero comunes dentro del Estado Plurinacional, es una aproximación académica etnográfica para tratar de comprender cómo, en dos generaciones, ha habido procesos de autodefinición de estos sujetos que van mucho más allá de las categorías que tradicionalmente usamos.

— Con relación a los movimientos sociales, ¿cómo aproximarse hoy frente a la crítica que coloca a esos movimientos como nueva élite?

— Lo relaciono a un tema que estamos investigando, al cual llamamos “política desde abajo”. Partimos de la siguiente observación: desde hace un par de décadas cuando se hablaba de movimientos sociales, o sindicatos, o grupos que articulaban una serie de demandas sectoriales frente al Estado, se caracterizaba a éstas de informales, corporativas y hasta antidemocráticas. Antes, el movimiento social era antagónico al Estado.

— ¿Ahora se estarían deslegitimando por ser Gobierno?

— Hay que entender cuál es el proceso que atraviesan en su incorporación al Estado; para ir más allá de la retórica, habría que entender el sentido profundo de hablar de un gobierno de los movimientos sociales. Entonces, estamos intentando derribar la hipótesis de que estos grupos de intereses tienen esa lógica de organización ajenas, informales; más bien vemos que tienen modelos de organización, jerarquías e institucionalidad de una más larga data que el Estado, como hoy lo conocemos. También podemos hablar de la otra institucionalidad, es decir de los mecanismos de representación y articulación de demanda de esos actores, antes antagónicos del Estado y hoy parte, o que tienen una relación más directa con la toma de decisiones. Nos interesa esa zona gris.

Ahora, respecto a si se pueden caracterizar como élites, por definición cualquier persona o grupo que participa de manera activa y material en la toma de decisiones pertenece a una élite política, ahora el término de élite puede tener distintas connotaciones: jerárquicas o de privilegio.

— ¿El Gobierno dejó o bajó la intensidad del discurso descolonizador?, ¿cómo ve el proceso de descolonización?

— Así como en el término “élites” hay diferentes registros, lo mismo con “descolonización”. Quizá hay un plano simbólico, cargado de conceptos (el vivir bien) y hay un plano mucho más práctico. Está el sumaj qamaña como sistema de valores u horizonte civilizatorio que va a articular las maneras no solo del Estado hacia la gente, sino de las personas, en la sociedad, hacia las demás personas y el medio ambiente. La complejidad que reviste abordar esto desde el Estado es que no se trata de aproximarse desde políticas públicas, se trata de una transformación social cuya evidencia a favor y en contra podremos recién evaluar en un periodo más largo.

Hay dos cosas importantes: más allá del debate genético, de que sea una idea realmente indígena, lo que está claro con el discurso del “buen vivir” es que no nos enfocamos simplemente en métricas tradicionales del desarrollismo: no se evalúa el desarrollo del Estado solamente a través del crecimiento económico, sino que se profundiza en las variables, éstas no solo tienen que ver con temas materiales sino también de relacionamiento. Ya vemos en la Agenda Patriótica 2025 que no solo habla de crecimiento y pobreza. Entonces, incluso la demanda marítima entra en este plano porque nos habla de la autoestima de los bolivianos.

— ¿Qué piensa de los ataques de algunos funcionarios públicos al trabajo de investigación de otras organizaciones como el CEDIB y el CEDLA? ¿Qué opina de la línea de investigación desde el postextractivismo?

— Lo que nos compete como CIS es quizá abordar temáticas como las que generan estos debates (en algunos casos polémicas) desde la investigación. Siendo una institución del Estado, lo que nos compete en este plano es poder profundizar cómo entendemos la evolución del modelo económico del país, y ver cómo se puede caracterizar de maneras distintas. Lo vamos a hacer cuando hagamos un balance del proceso. No son temas a los que estamos cerrados, todo tema es susceptible a ser investigado y debatido. Tenemos muchos amigos y colegas de la investigación, quienes critican muy duramente un modelo económico, una ideología, pero para nosotros es un gran logro que puedan tener un espacio en el que pueda haber un diálogo directo y que puedan alimentar y enriquecer los temas que estamos trabajando desde aquí.

— ¿Puede adelantar algo de ese “balance” de los 10 años del proceso político que emprenderán?

— Es un balance de un proceso muy ambicioso y queremos ir más allá de un informe de gestión, ¿cómo dar un sentido académico y una lectura crítica? Es un proyecto que estamos perfilando. Estaría estructurado a través de las tres líneas de investigación mencionadas: en “transformación económica” destacaría la inclusión económica y social, y como tema pendiente a investigar posiblemente esté la transformación de la matriz productiva o la industrialización; en la línea de “transformación política” podríamos partir quizá de esta nueva u otra institucionalidad de la que hablaba, que pasa por caracterizar a sujetos que antes no se entendían como parte de la política y ahora sí, y, como tema pendiente, ver la progresiva institucionalización y asimilación de estos sistemas políticos y de representación sin que se desnaturalicen, es decir, ¿cómo un movimiento social se pueda mantener como tal y a un tiempo participar en la toma formal de decisiones a nivel estatal?; y, en la línea de la “transformación social”, se destaca poder caracterizar a los sujetos que componen al Estado Plurinacional, creo que el tema a investigarse ahí es clave: ¿cómo las transformaciones sociales, las subjetividades, patrones de consumo, se convierten en demandas insatisfechas?

Con el fin de fortalecer la consolidación del proceso del Estado Plurinacional, más allá de la coyuntura hay que comprender las nuevas demandas que se generan para ayudar al Estado, no al Gobierno, para que sepa leer el presente y el país y seguir en una constante renovación.

Perfil

Nombre: Amaru Villanueva Rance

Nació: 5-XII-85

Profesión: Sociología del Internet

Cargo: Director del CIS

Datos

Amaru Villanueva Rance, nacido en La Paz, estudió la carrera de Política, Filosofía y Economía en la Universidad de Oxford, Inglaterra. Completó una Maestría en Sociología del Internet en el Oxford Internet Institute. Fue coeditor del suplemento El Desacuerdo, edita la revista Bolivian Express Magazine, enfocada en la difusión de la cultura boliviana en el mundo angloparlante.

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