Animal Político

América Latina también cambia

Un cambio en la posición argentina (que gane el opositor) no podrá ser ignorado por Dilma Rousseff, el principal apoyo internacional del chavismo. Debilitada y bajo amenaza de juicio político, Dilma no puede aislarse internacional- mente, mucho menos de su vecino y tercer socio comercial.

La Razón (Edición Impresa) / Héctor Schamis

00:00 / 09 de noviembre de 2015

Quien sea el vencedor, la elección argentina pinta el crepúsculo del kirchnerismo. Ya ocurrió en el pasado con otras expresiones peronistas posteriores a la desaparición física de Perón. Como en aquellas, la entidad política del kirchnerismo se basa únicamente en el ejercicio del poder. De ahí que tenga fecha de vencimiento: el momento de bajar al llano. Se disolverá de la misma forma que se disolvió el menemismo, entre otros “ismos” posperonistas.

Luego de 12 años ese final es un verdadero reacomodamiento de las placas tectónicas de la política. Su onda expansiva será profunda en Argentina y extensa alrededor de América Latina. Es que el proyecto del Alba (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) también decae, tal vez en paralelo, agotado por la caída de precios internacionales, la consiguiente desaceleración y las distorsiones macroeconómicas de arrastre. Agréguese su propia incapacidad para dar respuesta a las demandas de la sociedad, es decir, su autoritarismo.

Algunos hablan de péndulos, de un desplazamiento hacia la derecha. Esto dicho solo en función de cómo los bolivarianos suenan, no cómo actúan. Más que derechas o izquierdas, lo que viene será un corrimiento hacia una mayor vigencia de los principios constitucionales: la separación de poderes y la alternancia, por nombrar dos de los más desvencijados. En América Latina la contradicción principal, por usar un término de Mao deliberadamente fuera de contexto, no es ideológica. Es normativa, acerca de derechos.

Si fuera Scioli el vencedor, se atenuarían los efectos regionales. No porque Scioli sea de izquierda, ni mucho menos, sino porque tiene deudas proselitistas con Lula da Silva y Evo Morales, metidos de cabeza en la campaña electoral argentina. Si gana Mauricio Macri, por el contrario, la réplica del seísmo se magnificará. Más allá de la geometría política de izquierda o derecha, con él en la presidencia habrá una importante revalorización de la democracia en el continente como un todo.

Como señalador, recuérdese que Macri anunció semanas atrás que, de ser presidente, le exigirá al Gobierno de Venezuela la liberación de Leopoldo López, así como también un amplio e irrestricto respeto a los derechos humanos. El punto es pertinente en el marco del Mercosur, tratado del cual Venezuela es miembro, y como tema específico que se inscribe dentro del “Protocolo de Ushuaia sobre Compromiso Democrático” firmado en 1998.

Macri sería el primer presidente de los países miembros del bloque en recurrir a dicho protocolo por los abusos en Venezuela. Ello no puede pasar desapercibido, siendo que éste fue invocado en 2012 para suspender a Paraguay e incluir a Venezuela. El candidato de “Cambiemos” se suma así a muchos expresidentes de la región que han denunciado esos abusos sin ambigüedades y a Luis Guillermo Solís de Costa Rica, el único presidente en ejercicio que ha expresado críticas similares. La elección de Macri abriría una grieta profunda en la vigente “coalición del silencio”.

Un cambio en la posición argentina no podrá ser ignorado por Dilma Rousseff, el principal apoyo internacional del chavismo. Debilitada y bajo amenaza de juicio político, Dilma no puede aislarse internacionalmente, mucho menos de su vecino y tercer socio comercial. Para los familiares de los presos políticos venezolanos la oportunidad es inmejorable. Asiduos visitantes al Congreso brasileño, en manos de la oposición, están expectantes ante la posibilidad de incluir la Casa Rosada en su itinerario.

Ocurre que la coalición del silencio es también la de la perpetuación en el poder. En Brasil no se trató de una perpetuación de personas sino de un partido, como quedó demostrado por la gran corrupción del Mensalão.

Además de Chávez, Ortega y los intentos fracasados de los Kirchner, en esa dirección también se dirigen Morales en Bolivia y Correa en Ecuador, embarcándose en otra reforma constitucional —y van…— a tal efecto. En Bolivia habrá un referéndum en febrero próximo, en el cual el Presidente buscará capitalizar sus altos índices de aprobación. No obstante, una Argentina diferente y un Brasil preocupado por sus propias crisis internas no pasarán desapercibidos allí.

Más difícil la tiene Correa, con índices de aceptación más bajos que Morales y un complicado panorama económico. Por esta razón ha desestimado una consulta popular, que perdería, habiendo decidido enmendar la Constitución en la Asamblea Nacional, instancia que controla. A pesar de ello, el Presidente enfrenta la movilización ciudadana en contra de la reelección indefinida. Ecuador será particularmente sensible a cualquier cambio en la ecuación política regional.

Se vota en Venezuela el 6 de diciembre, dos semanas después del ballotage en Argentina y cuatro días antes que el nuevo presidente asuma el poder. Hay muchos deleitándose de antemano, imaginando la escena de ese 10 de diciembre: quién del oficialismo y quién de la oposición latinoamericana estará allí presente, una jornada histórica.

“Cambiemos” le ha propuesto un país diferente a los argentinos y esos cambios ya comienzan a proyectarse más allá de sus fronteras. Argentina podría comenzar a reparar su erosionada imagen internacional. Más que eso, una presidencia Macri también podría contribuir a recomponer el igualmente dañado mapa latinoamericano de la democracia y los derechos humanos.

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