Animal Político

Ampliación del campo de batalla

‘La dominación es una estructura global de poder cuyas ramificaciones y consecuencias se las puede seguir hasta la trama más tenue de la sociedad; al mismo tiempo, es una situación estratégica más o menos lograda y consolidada en un enfrentamiento de largo alcance histórico’. entre adversarios’, Foucault 

La Razón / Manuel Canelas Jaime

00:00 / 14 de abril de 2013

Resulta pertinente hacerse ciertas preguntas de inicio: ¿Por qué existe la necesidad del debate político hoy en día? ¿Qué tiene que ver el debate político con la (condición de nuestra) democracia? ¿Y cuál es la relación que tiene con los medios de comunicación de masas?

Ciertas concepciones dominantes han procurado cercar el radio de acción y el campo de lo político, que ha producido, inevitablemente, un estrechamiento de las posibilidades democráticas: lo que estas concepciones caracterizan como “no ideológico” o “ajeno a lo político” queda inmediatamente al margen del debate político y de la discusión pública. Por lo tanto, resulta impermeable a los controles democráticos y a la soberanía popular.

El poder que históricamente han detentado —más bien que detentan— determinados grupos sociales se ha mantenido vigente en la tensión entre democracia y liberalismo, gracias a la capacidad de los guardianes epistémicos del liberalismo de colocar las principales fuentes de poder social (sean estas mediáticas, culturales o económicas) fuera del radio de acción de la política. Esto lleva a que los hechos que suceden en estas esferas puedan ser presentados —y narrados— como acontecimientos naturales, pretendiendo que no llevan ninguna carga ideológica y permitiendo de este modo que poderes de origen privado se sitúen alejados de las posibilidades de control democráticas.   

Resulta imprescindible, si lo que se quiere es fomentar, un debate político serio y honesto, y construir una cada vez más amplia esfera pública, “desnaturalizar” estos espacios y poner a todos sus (pre) supuestos, y a quienes los esconden, en el campo de batalla de la discusión pública, más allá de las resistencias y ofensivas que se generen. Si, como sostiene Jacques Rancière, la política consiste en hacer visible aquello que no lo era, en escuchar a seres que no tenían la palabra el primer paso para ampliar la discusión es romper estos cercos históricamente naturalizados.

El proceso de cambio que actualmente atraviesa el país ha barrido, no sin múltiples tensiones y contradicciones, con muchos de estos cercos, hasta hace no mucho tan protegidos como invisibles.Varios de los elementos que eran propios de nuestro sentido común (entendiendo éste, siguiendo a Bourdieu, como “un fondo de evidencias compartidas por todos que garantiza, dentro de los límites de un universo social, un consenso primordial sobre el significado del mundo”) hace poco más de una década han sido debatidos y puestos en fuerte cuestionamiento, revelándose así sus costuras, los intereses determinados que los sostenían.

Política y comunicación son dos tareas centrales para la coordinación de las sociedades humanas, que se desarrollan sobre estructuras de poder diferenciadas, pero interpenetradas desde los tiempos más remotos. Por lo tanto, ningún análisis político está completo si no toma en consideración todas estas instituciones de la sociedad civil que resultan decisivas en el proceso de disputa y negociación de los sentidos, las normas y los patrones de distribución de los bienes comunes que rige una sociedad determinada. Y los medios de comunicación son un escenario central de estas disputas y algunos espacios como este suplemento, Animal Político, que celebra sus dos años de vida, son un buen ejemplo de lo necesario y complejo que supone esta pertinente discusión. Si la propia noción de modernidad está íntimamente ligada a la generalización de la imprenta y el moderno debate público liberal a la aparición de los periódicos (el lugar “donde el país dialogaba consigo mismo” , según Mark Twain), la posmodernidad descansa en el uso extendido de los medios electrónicos y en la centralidad estratégica de la industria publicitaria en la nueva trama comunicacional, de este modo las plataformas virtuales de los periódicos, los blogs o las redes sociales (Facebook, Twitter, etc.) se vuelven condición necesaria y expresión privilegiada de la democratización de la comunicación y uno de los focos de debate político más intensos que existen, potencialidad que en nuestro país apenas está siendo descubierta pero conviene no perder de vista.

Mantener los espacios ganados para la discusión pública pero a la vez seguir pugnando para que no existan espacios o cotos vedados a la soberanía popular, es una tarea fundamental para contar con una esfera pública digna de este nombre y no una que se trate de una pálida sombra de lo que los poderes privados o ciertos grupos sociales toleran que sea debatido.

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