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Ana E. Ceceña: Seguimos presos del ‘estilo de vida americano’

Hablar de geopolítica en lo fundamental es referirse a cómo están los procesos de dominación y, su complemento necesario, de diversidad de resistencias. Para muchos puede parecer anacronismo, pero la economista mexicana insiste en la persistencia del hegemón (dominador) estadounidense.

Ana E. Ceceña.

Ana E. Ceceña. Foto: Pedro Laguna.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

00:03 / 18 de octubre de 2015

Ana Esther Ceceña es una economista  mexicana experta en geopolítica, especialmente en América Latina. Profesora en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), coordina el Observatorio Latinoamericano de Geopolítica; estuvo en la ciudad de La Paz en ocasión de talleres que sobre el tema organizó la Vicepresidencia del Estado. Uno de los grandes ejes de su trabajo es el estudio de cómo los grandes poderes construyen o ejercen su hegemonía, cómo es hoy el proceso de dominación militar, económica, política y cultural y, a la par, cuáles son las formas de resistencia que se genera desde los estados y la sociedad civil.

Para Ceceña, luego del periodo de dominio militar estadounidense que vivió Latinoamérica en los 70-80, hoy, con la vigencia de los regímenes democráticos, la hegemonía de Estados Unidos se la ejerce bajo el concepto de la llamada “guerra difusa”; una suerte de guerra de baja intensidad que apuesta ya no solo a la intervención directa, militar, sino más bien a la penetración sobre todo ideológica y cultural, de corrosión del “tejido social” contestatario. Contra lo que se cree, de la multipolaridad del mundo actual (que Estados Unidos no es el único dominante), la economista insiste en que hoy día el mundo todavía está bajo la hegemonía cultural del american way of life, el modo o estilo de vida americano.

— Ahora el dominio o la hegemonía de los grandes poderes mundiales tiende a ser “integral”, de “espectro completo”, como usted dice.

— Esa dominación de “espectro completo” lo que nos dice es que hoy día no basta con la ocupación militar, más o menos velada, de una región o país, sino que es necesaria una dominación total, simultánea, que actúa en la vida cotidiana de la gente.

— Usted afirma que el enemigo de la hegemonía hoy día es “asimétrico”, que ya no son solo los Estados, sino también que está dentro de las propias fronteras.

— Lo que ocurre después de la guerra fría es que se empiezan a dar cuenta de que la guerra no es necesariamente contra un enemigo equivalente, un Estado. Pues también hay estas guerras asimétricas, que incluso son más importantes porque son más difíciles, porque no se sabe qué población se va a movilizar; ellos, el Pentágono, por ejemplo, insisten mucho en que es muy fácil producir armas biológicas en un laboratorio casero; eso hace que el casero, el que tiene ese laboratorio, sea el enemigo muy importante, tal como puede ser otro Estado. Esa es la asimetría que ellos establecen; y sí están muy preocupados porque dicen que cada vez más las guerras son de este tipo, y no del otro; cada vez más, hay que enfrentar a pueblos que no están de acuerdo con las políticas: alguien que interrumpe la carretera, que no deja pasar las inversiones, que no deja que se instale una minera; todos ellos están comprendidos en la idea del “enemigo asimétrico”; pero ahí la apuesta es cómo hacemos que la asimetría juegue a nuestro favor.

— Es un secreto a voces que los países están clasificados según su cercanía o no al poder hegemónico.

— Hay un mapa que ellos hicieron, el Mapa del Pentágono, pensando en tres tipos de situación en el planeta: los del Primer Mundo, en la cima, que son países muy disciplinados, que marcan la disciplina; los países de segundo nivel, donde están los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), lo que ellos llaman “países bisagra”; relativamente disciplinados, ordenados, con capacidad de controlar sus fuerzas sociales, pero también para servir de correa de transmisión de las normas generales hacia el resto del mundo, hacia el sur-sur; y, en el último nivel, el tercero, los países que ellos llaman “la brecha crítica”; es ahí donde hay que poner atención, donde está la mayor parte de los recursos estratégicos del mundo, la mayoría de los países insubordinados o no disciplinados.

— ¿Países de cuidado, en estado de guerra?

— Ese tercer grupo de países coincide completamente en los mapas con los lugares donde se ha ido extendiendo la guerra, esa que yo llamo guerra difusa; el lugar que ellos (los países dominantes) tienen que tomar posesión; y en el estudio que hicieron sobre esto se dice que “como los gobiernos no tienen fuerza suficiente, hay estados fallidos; entonces, tenemos que entrar nosotros, porque (ese país) es un peligro para el planeta; tenemos que entrar a disciplinar, a ayudar a disciplinar”. Todas las revueltas indígenas o de movimientos sociales, o de lo que sea, según esta teoría, justifican el hecho de que entren (a cualquier país), porque es por “seguridad” del planeta.

— En la integración económica, a usted le preocupa mucho los grandes proyectos carreteros en el continente, por ser parte del control hegemónico. El Plan Puebla Panamá (PPP) y la Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional Sur Americana (IIRSA).

— Esos son proyectos que se anunciaron como de corto plazo, y no eran tales. Esos dos combinados, que son uno solo, son un proyecto de reordenamiento general del continente, que responde a los nuevos intereses. El capitalismo no es el del siglo XX, funciona distinto, tiene otras capacidades, posibilidades, necesita otra movilidad, otra velocidad; todo eso hace que sea necesario un reordenamiento, que al mismo tiempo también sea disciplinario, porque parte de lo que ocurre en estos proyectos es que los países quedan cortados, agrupados de otra manera.

— Pero la idea con dichos proyectos carreteros es la integración regional.

— Se rompe un poco esta idea de las fronteras nacionales, aunque las fronteras sigan ahí, la dinámica económica empieza a ser otra; las fronteras van disolviéndose. Si lo pensamos así, se podría decir que es un proyecto absolutamente vigente, que ha avanzado lentamente porque ha habido mucho rechazo en el continente, eso lo ha detenido un poco; también lo han frenado los recursos y compromisos que no son siempre fáciles de establecer, porque implican ceder soberanía. Lo que se ha optado es construir (las grandes carreteras) por pedacitos, no se construye la carretera o la hidrovía completa, sino por partes, y después lo único que hay que hacer es atar cabos. Sí, está avanzando, sí se están haciendo estas carreteras; es un proyecto para Estados Unidos absolutamente vigente.

— Con la caída del bloque soviético, la emergencia de los BRICS, como que el mundo es más multipolar, más democrático, podría decirse. Pero usted dice que persiste el dominio estadounidense.

— Siempre hay dominio estadounidense, pero también hay una disputa hegemónica, las dos cosas están ahí; es cierto que los BRICS han avanzado en un sentido para tener mayores márgenes de maniobra, mayores beneficios dentro del mismo sistema. Pero hay cierta incertidumbre sobre qué va a pasar en los casos de Rusia y China, la India; pero Rusia y China se están moviendo mucho. Para lograr sustituir un hegemón se requieren muchas cosas; ahí es que hay que pensar en el “espectro completo”. No basta tener inversiones en todo lado; China tiene inversiones en América Latina, en África, en todos lados, pero le falta tener un ejército planetario, le falta que sus inversiones sean realmente chinas, le falta articular una propuesta cultural, civilizatoria. Hoy seguimos siendo presas del american way of life, aunque éste esté lleno de cosas chinas y de todo lado; tendríamos que empezar a ver cómo se construye un “modo de vida chino”, o ruso; de otro modo no estamos hablando de hegemonía, sino solamente de disputas por pedazos del pastel.

— Y cómo van las tendencias o iniciativas “contrahegemónicas”.

— Hay muchos niveles en que tenemos que pensar la alternativa; el primer campo es el de la defensa, cómo nos defendemos de este gran proyecto capitalista, y cómo impedimos que nos avasalle. Ahí son importantes las iniciativas que tuvieron los gobiernos progresistas, yo sobre todo menciono a Venezuela, Bolivia y Ecuador, que han tenido iniciativas muy interesantes: tratando de crear un espacio de controversias diferente al CIADI (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones), revelándose contra las imposiciones del Fondo Monetario Internacional, echando fuera a Usaid; muchas cosas que se han venido haciendo y que tienden a modificar las reglas del juego; se han levantado también protestando contra las deudas ilegítimas; eso ha sido muy importante porque sí hace a un equilibrio de fuerzas un poco distinto.

— Algunos esfuerzos de integración.

— Venezuela fue un poco más lejos cuando intentó impulsar el Alba, echó a andar Petrocaribe, una articulación geopolítica de primera importancia; todo sigue siendo fundamental. Pero tenemos también el otro campo, que es el de la construcción; mientras solo nos defendamos, tarde o temprano volveremos a contar la misma historia. Pero sí hay una construcción muy interesante que viene junto con todos estos procesos, y todas estas movilizaciones culturales en las que se está proponiendo el Vivir Bien, que no es el american way of life, pues no vamos a producir o consumir igual, no vamos a concebir igual; entonces, es una modificación sustancial, más allá de que sea un proyecto; es algo que necesita de tiempo para irse concretando.

— Movimientos políticos pero también culturales.

— Hay un ciclo de insubordinación sistémica en el continente que empezó el 92, con los 500 años; el 94 en México con los zapatistas y luego toda esta oleada de gobiernos populares en América Latina, más todos los movimientos hasta la fecha, un ciclo muy interesante, que sigue reflexionando en cómo hacemos un mundo en el que caben todos los mundos; cómo no aceptamos las políticas neoliberales, cómo defendemos nuestro patrimonio, nuestros recursos, nuestra cultura, nuestros modos de ver el mundo; y ahí está en todo el continente, desde el mundo en que caben todos los mundos hasta el Vivir Bien; todo eso se está llenando de contenido, y ahí el papel de los pueblos indígenas es fundamental: fueron ellos los que abrieron el horizonte de posibilidad de otro sistema de vida.

— Es lo que llaman una alternativa civilizatoria, digamos.

— Eso es. Yo digo que hay una ventana civilizatoria que está abierta, una posible bifurcación, una salida del capitalismo, que está ahí, pero que también puede cerrarse; y vemos de qué manera reaccionan los grandes poderes, de cómo están intentando cerrar esta posibilidad; los ataques a los gobiernos progresistas son parte de eso; pero el ataque no es solo a los gobiernos, es además a las culturas, a las posibilidades de hacer las cosas distinto, a la diversidad; y sin esa diversidad no somos; eso es parte del proyecto de Vivir Bien, de nuestro proyecto alternativo.

Perfil

Nombre: Ana Esther Ceceña Martorella

Nació: 1950

Profesión: Economista

Cargo: Coordinadora del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica

Vida

Ana Esther Ceceña Martorella es Doctora en Relaciones Económicas Internacionales por la Universidad de París I, Sorbona. Ha publicado recientemente sobre geopolítica, dispositivos de economía y emancipación y la militarización de la política. Es miembro de la Red de Economía Global (Reggen), de la Red de Estudios de la Economía Mundial (Redem) y de la Campaña por la Desmilitarización de las Américas (Cada).

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