Animal Político

Anacronismo de la OEA

La OEA no puede expulsar al país que  hace más de un año decidió irse.

La Razón (Edición Impresa) / Cris González es embajadora de Venezuela

00:00 / 20 de junio de 2018

Hay que revisar el origen histórico de la OEA. Ésta no fue creada por un idealismo de integración y concertación política, no nació porque los líderes de cada país estaban motivados a unir la región y buscar el consenso entre las naciones. Como en todo proceso, el contexto influye en gran medida en las decisiones a adoptar y este caso no es una excepción.

Terminada la II Guerra Mundial, Europa debía recuperarse; las antiguas fortalezas del viejo continente perdían espacio. En contrapartida, dos potencias se dividen el mundo; por un lado, la URSS consolida su poder en el hemisferio oriental; por otro, EEUU impone su visión en occidente. En este ajedrez, ambas potencias movieron sus piezas para asegurar la estabilidad de sus zonas de influencia directa, con áreas controladas que les permitieran una relativa estabilidad frente al adversario.

En 1948, EEUU usa un organismo comercial que ya existía (la Unión Panamericana) y formula un espacio de concertación política similar a la ONU, pero con una clara influencia de la Doctrina Truman, que buscaba que las naciones libres recibieran apoyo para frenar la amenaza comunista. En Bogotá se firma la creación de dos entes destinados a mantener la estabilidad en el hemisferio: el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) (símil hemisférico de la OTAN) y la OEA. ¿Se nota el cordón umbilical entre EEUU y el organismo panamericanista?

Esta relación y objetivo primario siguen vigentes, en un mundo multipolar el paradigma de la OEA deviene anacrónico. ¿Qué pasó los últimos días con la Asamblea a la que convocó Almagro con el objetivo de conseguir 24 de los 35 votos para lograr la expulsión de Venezuela? Solapada la convocatoria con un llamado a consolidar la intervención humanitaria en suelo venezolano, se desató una frenética presión por parte de EEUU contra todos los gobiernos de Latinoamérica. Pero solo lograron 19 de los 24 votos requeridos, ante una organización cooptada y manejada en violación a su propio estatuto.

Aun con claros logros políticos y diplomáticos venezolanos, la OEA, encabezada por Almagro, pretende desconocer las elecciones democráticas bolivarianas y busca sanciones a como dé lugar. Viola toda norma nacional e internacional y niega la voluntad soberana de un Estado cuando plantea que Venezuela no puede denunciar la Carta de la OEA porque se lo prohíbe una ilegítima asamblea y un tribunal inexistente.

Con excusas que nos recuerdan el accionar del dueto EEUU/OEA contra Cuba, han decidido echar a andar toda la maquinaria de poder mediático, económico, político e incluso militar contra Venezuela.

La nueva arremetida exacerba una crisis generada desde afuera. La guerra económica-financiera es descomunal, la banca mundial se niega a transar con Venezuela por órdenes ejecutivas a los bancos de congelar los bienes de la nación. El bloqueo impide comprar medicamentos y bienes y servicios necesarios para el país. Pero entonces desatan una campaña global que pretende justificar una intervención disfrazada de ayuda humanitaria con su carga de guerra y destrucción. No necesitamos esa ayuda, se exige el desbloqueo de las cuentas soberanas del Estado.

Pero ¿Venezuela es el único objetivo de la OEA? ¿Qué  pasa con el resto de la región?

Un ejemplo es el caso de las drogas, problema principal de EEUU con su población; aquí se impone una trilogía histórica entre los mayores productor-distribuidor-consumidor de las mismas; tres países, dos del norte, uno del sur que acusan a Venezuela de narcotráfico (si no fuera tan trágico parecería un chiste). Esa troika ostenta tristes estadísticas por homicidios de líderes sociales, autoridades locales y periodistas, entre otros males. Se incrementa la tasa de feminicidio, la desigualdad social avanza a galope, según últimos estudios de organismos internacionales como la CEPAL o la OCDE.

Lo equivocado e ineficiente de un organismo nacido en Guerra Fría, con una estructura hecha para esa coyuntura y que no se adecuó a los nuevos tiempos, y que pretende vulnerar principios democráticos de Venezuela, demuestra que su obsoleta estrategia de guerra impera por encima del talento político; su punto débil.

La anacrónica diplomacia de Guerra Fría de la OEA, así como del Grupo de Lima, falló nuevamente. En contraparte, la diplomacia de carácter descolonizador de Venezuela, guiada por una filosofía bolivariana de integración regional que va mucho más allá de lo económico-comercial, logró tener un respaldo suficiente para evitar la mediática suspensión del organismo.

Sin embargo, y en todos los términos, NO aplica la expulsión del país que desde hace más de un año decidió de manera libre y soberana retirarse de una organización que ya no tiene sentido en el nuevo orden mundial.

  • González es comunicadora social de profesión.

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