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Aníbal Faúndes: Criminalizar el aborto no lo disminuye, al contrario

Estar por la descriminalización del aborto no significa estar a favor del mismo, explica el obstetra chileno Aníbal Faúndes. Está probado que los índices de práctica de aborto en los países con leyes flexibles son menores que en aquéllos en que se  penaliza la interrupción del embarazo.

Aníbal Faúndes

Aníbal Faúndes Foto: Ignacio Prudencio.

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:58 / 21 de diciembre de 2015

La criminalización del aborto es un problema que debe ser estudiado por el Estado. Los datos muestran que la penalización del aborto ha fracasado en su principal objetivo, que es disminuir que se realicen abortos. Si no ha servido para lo que supuestamente existe, ¿por qué sigue vigente? El prestigioso obstetra Aníbal Faúndes argumenta por qué la criminalización no solo que ha fracasado en disminuir los abortos, sino que es un obstáculo para que el índice baje. Rompe con muchos mitos sobre la legalización del aborto, como aquel que afirma que pretender legalizar significa estar a favor de esta práctica médica.

— ¿Por qué es importante llegar a la despenalización del aborto?

— Desde que me recibí de médico, vi el drama que vivían en esa época en Chile las mujeres pobres con el aborto. Era un riesgo muy grande, en los hospitales las trataban muy mal, les hacían trabajos sin anestesia para que sufrieran. Las mujeres que llegaban a un hospital con un aborto eran muy mal tratadas.

— ¿Cómo se fue involucrando?

— Había que encontrar una solución. Al principio creí que la planificación familiar era la respuesta única. Me dediqué a la planificación familiar por mucho tiempo, pero luego me di cuenta de que no era suficiente. La educación era fundamental. No conseguíamos nada con tener métodos anticonceptivos en las policlínicas si las adolescentes no sabían ni siquiera cómo se embarazaban. Por mucho tiempo me dediqué a anticoncepción y educación en sexualidad, hicimos estudios sobre la manera de hacer educación, en fin. Luego me di cuenta de que de todas maneras había abortos, porque los anticonceptivos fracasan, porque no siempre la gente está preparada y no tiene una evolución sexual planeada. La muchacha se embaraza y termina en no tener otra alternativa que el aborto. Entonces, el aborto va a existir siempre.

— ¿Tenía la misma idea de los que hoy rechazan la despenalización?

— Sí, que dicen que si se legaliza el aborto, las mujeres van a dejar de usar métodos anticonceptivos y va a haber una fila de mujeres para hacerse aborto todos los días; pero en los países en que se despenalizó, no pasa nada de eso. Al contrario, después de unos tres o cuatro años comienza a disminuir.

— ¿Cómo?

— Mientras el aborto es prohibitivo, ¿quién hace el aborto? un médico o enfermera que se gana la vida con eso, gana dinero. A ese señor, ¿le interesa que la mujer no venga de aquí a unos meses a hacerse otro aborto? Le interesa que venga, es su negocio. Cuando el aborto es en el servicio público, no conviene que vuelva, lo que se quiere es que no venga; entonces le dan información, le dan métodos anticonceptivos después del aborto, le hablan de planificación familiar y comienza a disminuir la cantidad de abortos.

— ¿Dónde se dio eso?

— En Francia e Italia, luego Turquía por el 80. En una encuesta que se hace cada cinco años se ve que en Turquía bajaba constantemente el número. Recién en el Congreso Mundial de Obstetricia en octubre, un médico de Harvard presentó un estudio que yo le sugerí: ver qué pasó con la tasa de abortos en todos los países en que se había legalizado el aborto, ¿cómo era antes y cómo es ahora? En todos disminuyó, salvo en Europa occidental, que se mantuvo igual porque ya era muy baja.

— ¿Qué pasa en Latinoamérica?

— Salvo en Uruguay, donde es legal, la situación no es tan terrible como parece; no es buena desde el punto de vista político, pero creo que los profesionales y servicios de salud están entendiendo que hay que distinguir: siempre digo que ese dilema a favor o en contra del aborto es una falacia porque yo no conozco a una persona que esté a favor del aborto, que le gusten los abortos, que esté feliz de que hayan más abortos (excepto el que gana dinero haciendo abortos). Pero entre la gente que no tiene negocio de abortos, a nadie le gusta. La diferencia está entre los que creen que para solucionar el problema del aborto hay que prohibir, criminalizar, y los que creemos que eso no sirve para nada. Y no sirve para nada: hubo un estudio publicado en The Lancet, la revista médica más conceptual, que muestra que las tasas de aborto en países donde hay leyes restrictivas son más altas que en los países de leyes no restrictivas.

— Pero hay gobiernos que se resisten.

— En el programa que dirijo, Prevención del Aborto Inseguro, proponemos a los países cuatro estrategias para reducir los abortos: 1 y 2 planificación familiar y educación en sexualidad para que haya menos embarazos no planeados; si el aborto es inevitable y es legal en el país, que se aplique la ley y hacer un aborto seguro y no inseguro; si la mujer ya tuvo un aborto inseguro, cuando llegue a un hospital sea bien tratada, no sea discriminada, se use una buena tecnología; y si llega una mujer con aborto, que no salga del hospital sin un método anticonceptivo para evitar la repetición. Los países toman uno u otro. Este año, por primera vez hay siete países en América Latina que incorporaron en su plan de acción, junto con los ministerios de salud, el iniciar o ampliar el acceso al aborto seguro dentro de la ley, entre ellos Bolivia.

— ¿Para casos de violación?

— Para casos que la ley lo permita. Es muy importante, porque si en un hospital ya se está haciendo interrupciones de embarazo por violación, si se llega a legalizar ya se sabe cómo hacer, la gente está preparada, ya los objetores de conciencia fueron convencidos de que eso no es tontería. En fin, es importante vencer ese bloqueo que hay con la interrupción del embarazo y creer que no es parte del trabajo de una maternidad. Bolivia está haciendo interrupciones de embarazo dentro de la ley, lo que no se hacía antes; Perú, Argentina en muchas provincias. Entonces, yo no veo que haya habido retroceso.

— Existe la creencia, entre los políticos, de que con la descriminalización perderán votantes.

— Ése es otro error. Las encuestas te dicen: “¿Está de acuerdo en que el aborto sea permitido en cualquier circunstancia?”, muy pocos dicen que sí y por eso los políticos sostienen que el electorado no quiere. Pero pregunta: “¿Usted cree que la mujer que se hace un aborto debe ir a la cárcel?”, la mayoría contesta que no. Si preguntas: “¿Conoce a alguien que se hizo un aborto y cree que esa persona debe ir a la cárcel?”, 90% responde que no. Entonces, la gente, de boca para afuera, dice que no quiere el aborto porque cree que, milagrosamente, si hay prohibición no va a haber abortos, pero ese milagro no se da. Entonces, depende qué se pregunta. Deberían hacer encuestas con otras preguntas, verán que pocos afirman que una mujer que conocen que hizo un aborto debe ir a la cárcel. Nosotros lo hicimos, lo preguntamos: 90% dice que no debe ir a la cárcel. Es lo que llamo “opinión favorable en abstracto”, que significa que se está de acuerdo con que haya leyes más liberales. La “opinión favorable en la práctica” dice: yo no quiero que la mujer que aborta vaya a la cárcel; y la “opinión favorable en la práctica personal”: yo no quiero que alguien que conozco vaya a la cárcel. En la práctica personal, el 90% no quiere que vaya a la cárcel.

— Si la condena penal no ayuda, ¿mucho menos la condena moral?

— En el estudio que hicimos con médicos, preguntamos: “¿Si un cliente viene pidiendo un aborto, usted le ayudaría (mandándole a un médico que hace abortos)?, ¿cuál es su ayuda a un cliente familiar a usted?, ¿lo ayuda o no? 38-40% le ayuda. Pero si pregunta si él o su compañera ha tenido un embarazo absolutamente no deseado, 80% abortó. O sea, cuando es de ellos, abortan. Lo estudiamos según religiosidad, los que se declaraban muy religiosos, los religiosos y los no religiosos. Cuando se trataba de ayudarle a un familiar, la diferencia es enorme, entre tres y cuatro veces; cuando se trataba de sí mismo casi no había diferencia. Cuando preguntábamos en la práctica personal, más de 85% de los que se declaraban muy religiosos no estaban de acuerdo con que se castigase a una mujer que ellos conocían que hubiese practicado un aborto. Cuando preguntamos que si debía ser permitido el aborto en la ley solo lo acepta el 1%.

— ¿Qué significa eso?

— Entre la gente que sigue estando contra la legalización, en su propia circunstancia, absolutamente excepcional, se justifica el aborto. Lo que no se dan cuenta es que para cada mujer que se hace un aborto, en sus circunstancias, son siempre absolutamente excepcionales. Uno no puede meterse en las circunstancias de los otros y es lo que estamos haciendo con las leyes, nos metemos a decidir la conducta de las personas negándoles autonomía y creyendo falsamente que  prohibiendo no va a haber abortos.

— ¿Cómo responde al argumento más básico de quienes apoyan la  procriminalización: apelar al derecho a la vida del feto?

— Pero si yo estoy de acuerdo. Yo también quiero que haya menos abortos, pero yo no protejo al feto manteniendo al aborto criminalizado; al contrario, estoy no dando la posibilidad de tener un instrumento importante para reducir los abortos fuera de la clandestinidad, porque fuera de la clandestinidad puedo evitar que se repita. Yo estoy de acuerdo con el derecho a la vida, dedico mi vida de obstetra a defender la vida de los fetos. Llega una señora que quiere tener un hijo y te confía el feto que ella tiene. Yo estoy para cuidar al feto, pero criminalizar no me ayuda a cuidar al feto.

— En Bolivia, el partido de gobierno tiene una mayoría abrumadora desde hace 10 años y no ha hecho nada sobre el aborto. Se dice que no hay correlación de fuerzas dentro del Movimiento Al Socialismo.

— Porque están engañados y no se han dado cuenta que estar a favor o en contra del aborto no es el verdadero paradigma. El verdadero dilema está en creer que criminalizando el aborto se resuelve el problema o creer, al contrario, que (criminalizar) coloca dificultades para resolverlo. El día en que todos se den cuenta que mantener el aborto criminalizado lo único que hace es mantener el aborto y provocar más problemas, va a ser imposible mudar las cosas; cuando (se dé) la evidencia de que mantener la criminalización no ayuda a que haya menos abortos, sino que es un obstáculo para poder disminuirlos, la gente no va a tener cómo continuar en contra. Son evidencias científicas.

— ¿Cómo convencer a los gobiernos?

— Mostrando las evidencias.

— Pero ese convencimiento falso se niega a ver evidencias.

— Tenemos que hacer encuestas de opinión que muestren la verdadera opinión de las personas en cuanto a la aplicación de la ley de criminalizar.

— ¿Dónde se equivocan los que   piden una flexibilización?

— Es un error de los que proponen los cambios de la ley que lo hagan  sin dar estas evidencias, lo proponen por el derecho a la mujer y la oponen al feto, ese no es el medio de convencer a nadie. Yo estoy por el feto, quiero proteger al feto.

Perfil

Nombre: Aníbal Faúndes

Nació: Chile, 1931

Profesión: Obstetra

Cargo: Director del programa Prevención del Aborto Inseguro

Vida

Aníbal Faúndes es uno de los más prestigiosos obstetras del continente. Dedicado a la vida académica y a la práctica médica, ha publicado libros y artículos en las más importantes revistas especializadas de medicina del mundo.

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