Animal Político

‘Aplaudidores’ del desfile de teas de las fiestas julianas - Ricardo Aguilar Agramont

La Razón / La Paz

00:00 / 22 de julio de 2012

Los “acarreos” de funcionarios públicos “designados” como “voluntarios” para hacer bulto en concentraciones es ya un clásico del folklore político del país. Lo nuevo fue la diversificación funcional de acarreos en el último desfile de teas: el Gobierno como la Alcaldía dividieron a sus funcionarios en a) marchistas y b) “aplaudidores”. Pues, debido a la pugna que existe en La Paz entre los ex BFF (Best Friends Forever) del Movimiento Al Socialismo (MSM) y el Movimiento Sin Miedo (MSM), ninguno quería ser el menos aplaudido.

Estos empleados nos llevan al teatro popular, en el que solía haber un aplaudidor/abucheador que formaba parte de la troupe que guiaba a los espectadores (que no siempre podían seguir el hilo del relato) para que puedan abuchear al villano y aplaudir al héroe cuando corresponda y no cometan errores.

El escenario resulta muy colorido: el desfile de teas es un ritual de representación (lo teatral por excelencia) del “mito” fundacional de lo paceño (aunque, por supuesto, un mito secular) de la llama de la libertad y del linchamiento frustrado de las autoridades chapetonas: la noche y las teas hacen de signo de cualquier linchamiento del siglo XIX para atrás (una turba dispuesta a ajusticiar brutalmente, en esa época, tiene que hacerlo sí o sí de noche y con las antorchas de rigor).

El ritual es puesto en escena cada año. Sin embargo, el rol de los antiespañoles-linchadores-funcionarios-oficialistas (MAS) u opositores (MSM) se complejiza, pues son o abucheados o aplaudidos por los espectadores no-linchadores, aunque también funcionarios oficialistas u opositores mezclados estratégicamente entre la concurrencia, a la cual, como en el teatro popular, pretenden orientar en un nuevo guión en el que el papel de villano o héroe es determinado sobre la marcha (literalmente).

Los aplaudidores ediles llevaron un vestuario ya clásico: el chaleco amarillo que Pedro Susz parece portar hasta para dormir; mientras que los funcionarios del oficialismo fueron, astutamente, de civil, o sea de incógnitos; añádase que muchos directores de los ministerios (que conforman la categoría “c)” del reparto) asistieron en espíritu, pues los aplaudidores-bajo-amenaza-de-descuento expresaron haberlos echado de menos, o, ¿quién sabe?, tal vez representaban a la “llama de la libertad”, siempre tan ausente entre los obligados a aplaudir.

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