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Armando Loaiza, las lecciones de honestidad

Dejó la Cancillería en 2006  luego de 37 años de servicio sin interrupciones. Pero aun así no se alejó de la diplomacia; fue  analista y estuvo dispuesto a transmitir sus conocimientos y reflexiones. ¡Gracias, querido embajador!

La Razón (Edición Impresa) / Mauricio Quiroz Terán

00:19 / 25 de enero de 2016

Armando Loaiza despertó muy temprano, al menos dos horas antes de lo habitual. Un vehículo oficial aguardaba por él para llevarlo hasta el Palacio Quemado. Allí, un grupo de futuros funcionarios públicos, entre los que estaba el futuro canciller y el mismo presidente electo, había instalado una de las comisiones para la transición del nuevo gobierno. 

Entre diciembre de 2005 y la primera quincena de 2006, el entonces canciller Loaiza preparó, junto con el nuevo gobierno, la lista de los invitados y los detalles protocolares para el traspaso de la presidencia, de Eduardo Rodríguez Veltzé a Evo Morales, el candidato que había logrado el 54,7% de los votos, un apoyo que prometía estabilidad política, según reconocía esos días el canciller saliente.

En medio de los preparativos, Loaiza tuvo que enviar una nota de protesta a España por una broma de muy mal gusto que le jugaron a Morales desde un programa radial de ese país. El locutor se hizo pasar por el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011), para felicitar “en vivo” al nuevo presidente de Bolivia. En la nota de protesta —respetuosa, pero firme— el diplomático valoraba el derecho a la libre expresión, pero lamentaba la forma en la que se pretendía mirar al país a partir de esas expresiones. El embajador español expresó públicamente sus disculpas y Rodríguez Zapatero, esta vez el auténtico, habló con Evo Morales para iniciar un diálogo bilateral que fue muy intenso.

“Fue un canciller comprometido con Bolivia, que supo defender los intereses del país en el mundo y es, por lo tanto, una gran pérdida”, comentó el actual representante de España en Bolivia, Ángel Vásquez, durante las exequias del diplomático, cuyo corazón dejó de latir el 18 de enero.

Sin interrupciones, Armado Loaiza fue funcionario diplomático de la Cancillería durante 37 años, hasta ese 23 de enero de 2006, un día después de la primera juramentación de Evo Morales a la presidencia de Bolivia. Entregó su despacho a David Choquehuanca, quien ya es el jefe de la diplomacia con más tiempo en el cargo. Pasó los documentos, muchos de ellos reservados sobre las negociaciones en curso y los gestos de los países sobre el futuro del país. Dejó instaladas las bases para conversar con Chile sobre el mar, en el marco de una agenda mínima que cumplió “con responsabilidad”, según recordó Ramiro Prudencio, historiador y diplomático muy cercano a Loaiza.

“Lo más destacable de tu labor en este ministerio fue tu interés por buscar una mayor vinculación con Chile. Cuando asumiste el cargo (junio de 2005), lamentablemente la relación con ese país era fría y casi sin contactos. Parecía que los dos gobiernos anteriores desearon mantener a los dos Estados de espaldas uno del otro (...). Pues bien, determinaste (a merced de una negociación) que debían eliminarse esas absurdas trabas (exigencia del pasaporte) y ahora se puede viajar con el carnet de identidad como se hace en la Unión Europea. Además, te preocupaste para actualizar el Acuerdo de Complementación Económica (ACE 22) por el fin de que Bolivia tenga mercado para sus productos en Chile”, recordó Prudencio en el salón principal de la Cancillería, donde el cuerpo del diplomático fue homenajeado antes de su inhumación.

Prudencio recordó que en esos siete meses de transición se produjo una reunión de consultas políticas en Iquique. Estas reuniones, activadas por los vicecancilleres de Bolivia y Chile, se constituyen en la instancia de mayor jerarquía del diálogo entre Bolivia y Chile ante la ausencia de relaciones diplomáticas a nivel de embajadores. Recordó que Loaiza logró empatía con Ignacio Walker, el canciller chileno de esos días y que el vicecanciller de ese país, Christian Barros, había enviado una señal, una especie de ruta crítica sobre la forma en la que se debía zanjar la demanda marítima de Bolivia. “Barros expresó en Iquique (octubre de 2005) que desde hace muchísimos años su país ya tenía una solución: un corredor al norte de Arica con continuidad territorial desde Bolivia hasta el mar con plena soberanía; eso sí, agregó que era menester que haya un canje de territorios, porque no habría ningún chileno que aceptase la reducción del territorio de su país. Con este entendimiento (Armando) habías abierto la puerta que nos conduciría al mar. Y gracias a ella el presidente Evo Morales fue recibido con alto entusiasmo en Santiago. Lamentablemente, unos imponderables que se sucedieron posteriormente, cerraron dicha puerta y Bolivia se vio obligada a llevar el tema marítimo a la Corte de La Haya”, detalló el amigo de Loaiza mirando al féretro que estaba casi sumergido en un mar de flores.

Evo Morales comenzó a gobernar en medio de los estragos causados por las intensas lluvias y los indomables ríos de la amazonía que se desbordaron sin piedad. Invocó la ayuda internacional para la emergencia, incluida la de Chile que envió helicópteros para llevar asistencia a las poblaciones que quedaron aisladas. En marzo de 2006, ya con la experiencia de haber recibido a Ricardo Lagos en su departamento ubicado en la avenida Busch, el Presidente participó de la primera toma de juramento de Michelle Bachelet. El 16 de julio de ese mismo año, los vicecancilleres de ese tiempo, Mauricio Dorfler (Bolivia) y Alberto van Klaveren (Chile) firmaron el acta por el que se estableció la Agenda de los 13 puntos, el temario que por primera vez incluyó “el tema marítimo” en el escenario de las conversaciones bilaterales. Así se estableció el mecanismo de construcción de la confianza mutua que llegó hasta el intercambio de jefes militares y el homenaje en Calama del héroe boliviano Eduardo Abaroa por parte de tropas chilenas. Loaiza cimentó este diálogo que se diluyó por muchas causas que merecen otro análisis.

“Cuando uno se va, quedan siempre recuerdos, enseñanzas como las de un gran diplomático y político como Armando Loaiza (…). Agradecer a la familia por su aporte que será para el bien de toda Bolivia”, afirmó el presidente Morales en ocasión de las honras fúnebres. Además, admitió que sentirá su ausencia en el equipo del mar formado por excancilleres y diplomáticos del país.

Loaiza fue canciller del presidente Rodríguez Veltzé entre el 14 de junio de 2005 y el 23 de enero de 2006. Llegó a ser ministro de Relaciones Exteriores luego de pasar “por todos los puestos” de esa repartición estatal, según recordó el exministro Gustavo Fernández, quien además valoró a Loaiza como director de la Academia Diplomática y embajador en varias legaciones del exterior, entre las que estaba su misión de tres años en el Vaticano.

El embajador Loaiza escribió varios ensayos sobre los derechos de Bolivia en el marco de la Convención del Mar (Convemar). También era un experto sobre las relaciones entre Bolivia y el Vaticano, una temática sobre la que trabajó durante muchos años como docente e investigador en la Academia Diplomática y en la Universidad Católica Boliviana.

Era creyente y así juró de nuevo, en 2015, como representante boliviano ante el Obispo de Roma, aunque esta vez la misión sería más estratégica, estando de por medio la demanda marítima instalada ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) y el gran antecedente del papa Francisco como facilitador del diálogo entre Cuba y Estados Unidos.

Se tomó el cargo con cautela. Estaba consciente sobre el carácter estático de la política internacional, pero no por eso se alejó del entusiasmo de volver a Roma. Era un diplomático que debía dialogar con todos. “Se conversa hasta cuando hay estado de guerra, hay que hablar con el enemigo, incluso, para definir los términos de la batalla”, afirmaba. Creía en la libertad de prensa y en el beneficio de enviar los mensajes adecuados para facilitar el diálogo político, siempre en favor del país.

Con esos valores encima aceptó hablar con el periodista chileno Claudio Fariña de TVN sobre su misión. Habló sin saber que estaba siendo grabado y así le achacó a Evo Morales “un trauma anticatólico” que debía superar. El colega dijo haber triunfado aun a costa de vulnerar la reserva que implica el off the record. Loaiza tuvo que renunciar, porque fue honesto; le dolió mucho el abuso de confianza en el que incurrió Fariña. Y no, éste no es un recuento de daños ni de responsabilidades; simplemente es homenaje.

De hecho, ante el féretro de Armando Loaiza, el presidente Morales pidió unidad al país, aún a pesar de las diferencias ideológicas, y así le agradeció por las lecciones aprendidas.

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