Animal Político

Ayer, hoy y mañana en el proceso de cambio

Este estilo político de Evo Morales se tradujo en un modo de conducta gubernamental, se optó por una postura moderada con relación al nacionalismo y al indigenismo, ejes discursivos que sus-tentan el proyecto político del MAS.

La Razón (Edición Impresa) / Fernando Mayorga

00:06 / 18 de enero de 2016

Evo Morales, ya ungido presidente, salió del Palacio Quemado rumbo a la plaza San Francisco antes de que se desate una torrencial lluvia en aquella memorable tarde del 22 de enero de 2006. Emoción y estupor eran sensaciones inseparables. El “pueblo” que había forjado el Estado de la Revolución de 1952 estaba en las calles con los mismos rostros, pero, en esta ocasión, resaltaban otras identidades, brillaban otros colores. En la acera adyacente a la Catedral hacían guardia dos grupos compactos e imponentes: jilakatas con bastones de mando y mineros con guardatojos. Los indígena originarios representaban el presente/futuro y los proletarios, el pasado/presente nacionalista; ambos, interpelados por un discurso que vehiculizaba un difuso proyecto: Estado Plurinacional. Un proyecto pergeñado por las organizaciones campesinas e indígenas y asumido por el Movimiento Al Socialismo (MAS) bajo la conducción de Evo Morales, cuyo talento político era puesto en duda. Durante cierto tiempo, varios analistas publicaron, condescendientemente “cartas abiertas” dando consejos a Evo Morales para que sea un “estadista de verdad” y no un simple “presidente indígena”. ¿Habrá seguido esas indicaciones? En todo caso, esos benevolentes consejeros son, ahora, detractores de Evo Morales porque les parece incorrecto y antidemocrático que se aferre a la conducción del Estado, aunque no discuten su talento y, así sea a regañadientes, aceptan sus logros gubernamentales.

Menciono esas anécdotas porque, en vez de realizar una autopsia del “proceso de cambio”, estamos discutiendo la continuidad del proyecto masista bajo la conducción de Evo Morales… por otros diez años. El MAS apuesta a ratificar la presencia de Evo Morales en el poder para hacer coincidir el ciclo estatal del “proceso de cambio” con la celebración del bicentenario del nacimiento de la república. Algo que depende, por cierto, de un referéndum en febrero y dos elecciones generales: 2019 y 2024. En el reino de lo episódico suena pretencioso avizorar el mediano o el largo plazo, no obstante esta renovada perspectiva forma parte de los cambios que vive el país desde mediados de la década pasada. Y si no, que les pregunten a los políticos chilenos.

Me interesa resaltar tres elementos del “proceso de cambio” al margen de la necesidad de un balance de carácter holísitico que exige más paciencia y profundidad. Primero, el estilo político de Evo Morales; en segundo lugar, el giro programático en el proyecto estatal y, finalmente, los desafíos del proceso de transición estatal.

El estilo político de Evo Morales proviene de una cultura sindical que es parte constitutiva de nuestra sociedad desde 1952 y que se caracteriza por la negociación permanente acompañada de medidas asumidas “hasta las últimas consecuencias”. Esta cultura de negociación permite entender la aptitud de Evo Morales para “avanzar al centro” de la escena política esgrimiendo un estilo de acción que —hace varios años— definí como una combinación entre “retórica radical y decisiones moderadas”.

Este estilo político se tradujo en un modo de conducta gubernamental porque Evo Morales optó por una postura moderada con relación al nacionalismo y al indigenismo, ejes discursivos que sustentan el proyecto político del MAS. Esa postura se expresa en una construcción minimalista del Estado Plurinacional en sus diversas aristas porque discurre bajo una lógica más contigua a una reforma estatal de tipo incremental que a una ruptura de carácter radical y refundacional. Ese giro programático no es solamente una cuestión de astucia, también fue una respuesta al menoscabo de la capacidad hegemónica del MAS durante 2011 (“gasolinazo”) y 2012 (caso TIPNIS) con consecuencias en la configuración del campo político y en el derrotero del proyecto estatal.

Precisamente, durante la segunda gestión gubernamental de Evo Morales se definió la orientación del nuevo modelo estatal esbozado en la nueva Constitución Política del Estado. En su faceta económica se manifiesta en el impulso a un modelo de desarrollo con protagonismo estatal (una matriz estado-céntrica a la usanza del siglo XX) y predominio de una lógica primario-exportadora como base para la transformación de la base productiva mediante proyectos de industrialización. En su faceta política se expresa en un patrón de hegemonía asentado en el fortalecimiento del MAS como fuerza gravitante de un sistema de partidos que presenta un formato de partido predominante, ya que existe competencia entre partidos pero no competitividad (por ahora). 

El tercer mandato de Evo Morales se inició hace un año enfrentando un contexto económico externo que conlleva factores de riesgo para la continuidad y profundización del “proceso de cambio”, un riesgo inexistente en las dos anteriores gestiones bajo la conducción del MAS. La amenaza externa provocada por la recesión económica internacional es el dato novedoso que marcará el futuro inmediato y se combinará con la tensión política e institucional provocada por la estrategia oficialista dirigida a promover la reforma constitucional parcial para impulsar una nueva postulación presidencial de Evo Morales. Con todo, los mayores riesgos políticos para el “proceso de cambio” no provienen del frente interno sino del contexto internacional, debido a los efectos negativos de la recesión que afecta a la economía mundial y, en particular, a la región latinoamericana provocada por la caída de los precios internacionales en hidrocarburos y minerales. Contrariamente a lo que acontece en la economía, la política se destaca por un acontecer sin amenazas. Los resultados electorales de octubre de 2014 y marzo de 2015 consolidaron un contexto interno con nítidos rasgos de estabilidad política, continuidad institucional y pluralismo político (en el ámbito subnacional) que se constituyen en recursos aptos para la ejecución de una estrategia gubernamental dirigida a mitigar el impacto de la caída del precio del petróleo que afecta a la “economía del gas natural”, principal sostén del patrón de desarrollo, pese a las afirmaciones gubernamentales que le asignan similar o mayor importancia a la demanda interna. Como se sabe, el éxito del patrón de desarrollo boliviano vigente desde hace una década es fruto de una política heterodoxa que se expresa en una combinación de estabilidad macroeconómica, elevados ingresos por xportación de materias primas, inusitado crecimiento de reservas internacionales, protagonismo del Estado con incremento de la inversión pública y redistribución de excedentes estatales mediante bonos y política sociales.

Así, la economía se constituye en el tema central de la agenda del tercer gobierno de Evo Morales y pone en debate el derrotero del “proceso de cambio”. Su importancia es crucial y no se limita a la esfera económica, tal como reconoció Evo Morales al afirmar, hace meses: “ahora vamos a ver si somos proceso… somos revolución o no”. En suma, una amenaza coyuntural pone en cuestión la sostenibilidad del proyecto estatal y, también, la profundidad estructural de las transformaciones. De manera implícita éste es uno de los temas que explican la motivación oficialista para impulsar una nueva postulación presidencial de Evo Morales en 2019 modificando la Constitución Política a través de un referéndum cuyos resultados serán decisivos para el decurso del “proceso de cambio”.

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