Animal Político

Basta de violencia contra las mujeres

Un futuro libre del flagelo de la violencia contra las mujeres es posible.

La Razón (Edición Impresa) / Winnie Byanyima es directora ejecutiva de Oxfam Internacional

00:00 / 28 de noviembre de 2018

Este año estuve en La Paz, Bolivia, durante el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Llegué desde Argentina, donde dialogué con activistas y feministas de esta región acerca de cuán emocionante, retador, atemorizante, y fundamentalmente político es el trabajo que están realizando. Ellas están en primera línea para rediseñar una economía que es profundamente desigual entre ricos y pobres, y entre hombres y mujeres, y que está conectada con su lucha por eliminar la violencia que enfrentan las niñas y mujeres.

Dolorosamente, sigo escuchando que la violencia es “normal”, que es “parte de la vida diaria”, que es “ineludible”, en las relaciones, en los centros de trabajo, en la política, y en las calles.

En Latinoamérica se encuentran 14 de los 25 países con las mayores tasas de feminicidio del mundo. Cada cinco horas una mujer pierde la vida en América Latina. Según datos recientes de la CEPAL, se han registrado en la región 2.795 feminicidios en 2017, casi 1.000 mujeres asesinadas más que en 2016.

Bolivia está en primer lugar en violencia física, es el segundo país luego de Haití en violencia sexual, y es el undécimo entre los de mayores tasas de feminicidio del mundo, según las Naciones Unidas.

Según datos oficiales del Gobierno, la violencia contra las mujeres es el crimen más frecuente reportado a la Policía —más de 42.000 casos en 2015—, dato chocante para una población de 11 millones de habitantes. Menos de la mitad de esos casos logran llegar a la oficina del fiscal.

Las activistas por los derechos de las mujeres han sido pioneras en rechazar leyes que discriminan a las mujeres, y han logrado sacar delante legislaciones que beneficien a todas y todos.

Es necesario cambiar las leyes, pero está más claro que nunca que el corazón de la lucha para eliminar la violencia contra las mujeres es una batalla de mentes y corazones.

La mayoría de personas se conforma con las normas, creencias, actitudes y comportamientos aceptados socialmente. Absorbemos mensajes sutiles acerca de lo que es y no es apropiado hacer, decir y pensar, a través de familiares y amigos, la educación, la cultura, los medios, la región y la ley. Estos referentes están basados a su vez en largas historias de desigualdad y prejuicios, así como por fuerzas políticas y económicas. Sin embargo, estas ideas también pueden con-tribuir a incrementar la violencia contra las mujeres y tenemos que cuestionarlas.

Hablemos de amor. Muchos de nosotros crecemos viendo historias de amor en películas y en la televisión. A veces lloramos o reímos, pero siempre, de manera muy sutil estamos aprendiendo ideas. Estas historias promueven creencias poco saludables acerca del amor, como que “amor sin sufrimiento no es verdadero amor” o “si él es celoso, significa que me ama”.

Hoy sabemos que estas creencias aparentemente inocentes, pueden contribuir a que haya violencia en parejas jóvenes. Éste es uno de muchos resultados reveladores de la investigación realizada por Oxfam Rompiendo el Molde. El estudio muestra cómo las creencias y normas sociales influyen en la juventud de la región.

Encuestamos a más de 4.000 jóvenes entre 15 y 25 años de Bolivia, Colombia, Cuba, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Honduras, y Nicaragua.

Dejen de leer ahora, o prepárense para una lectura incómoda. Los resultados muestran una realidad preocupante: 46% de los jóvenes considera que la violencia que enfrentan es “normal”.

86% piensa que sus amigos no interferirían si un amigo suyo golpea a su enamorada. La mitad de los encuestados entre 20 y 25 años conoce alguna amiga que ha enfrentado violencia en los últimos 12 meses.

Los jóvenes hombres tienen ideas preocupantes acerca de quién es responsable de violencia sexual: 55% piensa que beber excesivamente la justifica. 67% opina que la vestimenta de las mujeres origina estos abusos. Abundan ideas problemáticas acerca de una relación saludable: 43% de jovencitas entre 15 y 19 años piensa que los celos son una expresión de amor.

También encontramos esperanza: 84% de jóvenes cree que la violencia hacia las mujeres y niñas es el resultado de desigualdades entre hombres y mujeres y concuerdan con la necesidad de un cambio.

La muerte de Chiara Paez de 14 años, embarazada y enterrada viva por su enamorado en Argentina, encendió un fuego en 2015 que se esparció en todo el continente y que aún sigue ferozmente encendido.

Fue el nacimiento del movimiento independiente latinoamericano Ni Una Menos. Desde entonces, millones de personas tomaron las calles para acabar con la violencia, incluyendo víctimas que han compartido valientemente sus historias, y distintas organizaciones que trabajan para informar, concientizar y transformar creencias acerca de la violencia.

En Bolivia, el movimiento ha reunido a jóvenes feministas, a las familias y amigos de las víctimas de feminicidio, y miles de personas que levantan su voz contra esto que inaceptablemente es entendido como ‘normal’. Estoy impresionada por el trabajo feroz y valiente que están realizando.

Oxfam tiene una larga historia en este país y en la región y ahora estamos apoyando a los jóvenes que impulsan un cambio para acabar con la violencia. A través de la campaña ACTÚA, jóvenes líderes están forzando a las personas a repensar sus ideas acerca de los celos y el amor romántico en las relaciones de pareja. Ellos proponen relaciones basadas en el respeto, la libertad y la equidad.

Pero no dejemos todo el trabajo a la juventud. Todos tenemos un papel en este cambio. A través de nuestras palabras y acciones también podemos influir en quienes nos rodean. Podemos rechazar la violencia y crear un nuevo ‘normal’ basado en la igualdad.

Un futuro libre de este flagelo de violencia contra las mujeres es posible. El liderazgo de las jóvenes peleando por los derechos de las mujeres aquí en Bolivia es un ejemplo para el mundo. ¡Manos a la obra!

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