Animal Político

Benjamín Arditi: Internet es un terreno de lucha

Lo que está claro es que la internet no es más vista como una posibilidad de comunicación El espacio digital se está convirtiendo en una parte integral de la esfera pública convencional, la esfera de las plazas donde se junta la gente para discutir temas de interés.

Benjamín Arditi.

Benjamín Arditi. Foto: Miguel Carrasco.

La Razón (Edición Impresa) / Rubén Ariñez / La Paz

00:03 / 23 de marzo de 2014

En el transcurso del viaje en ascensor al piso 12 del hotel donde se hospeda, pregunta cuánto costó el teléfono inteligente que sostengo en la mano. Rara curiosidad en un hombre que se dedica al estudio de la teoría política y la filosofía. Los primeros atisbos de conversación profunda se quedan suspendidos en el limbo cuando recuerda su visita al Titicaca. Lo describe como el “lago que parece un mar en medio de montañas”. De pronto calla y le pregunta a Animal Político: ¿Me estás ablandando para la entrevista? La respuesta en un no.

— ¿Volverá al lago Titicaca?

— Pasé dos noches allá, es una buena experiencia.

— Hablando de experiencia, ¿cuál es su experiencia personal?

— He escrito varios libros. Tengo tres páginas web, una en inglés, una en español y la del proyecto de política viral.

— ¿Por qué política viral?

— Por falta de una mejor palabra. La definición técnica es comunicación distribuida, vista en muchos movimientos en todo el mundo. Ahí se observa división del trabajo autogestionario y distintas formas de coordinación.

— ¿Este concepto se puede aplicar a la región?

— La idea era tratar de pensar qué estaba ocurriendo con los “giros a la izquierda”. Significaba hablar de Hugo Chávez, Evo Morales, Lula da Silva, de alguna manera los esposos Kirchner, Correa de Ecuador, en esa época todavía estaba Lugo en Paraguay, para tratar de explicar qué es lo que había pasado con la política en la región.

— ¿Bajo qué criterio surge el “giro a la izquierda” en Latinoamérica?

— Uno de los criterios es que la izquierda empieza a modificar el sentido común de la gente. Cambia el sentido común y también la idea de democracia y multipartidismo. El sentido común de la década de 2000 en adelante empezó a desplazarse en términos de la justicia social que es algo muy importante. El papel del Estado como instancia reguladora es crítico en esta coyuntura.

— ¿Por qué afirma eso?

— Lo que quiere la gente es que vuelva el Estado, aunque hay una estatización de todo, para acabar con esta barbarie del mercado que ha fijado una secuela de desempleo extraordinario. La gente quiere tener cierta seguridad laboral y retiro. Una red social mínima.

— A partir de este criterio, ¿debe desaparecer el mercado?

— Estoy a favor de que haya mercado, pero en un Estado fuerte que sea capaz de regular los excesos. De lo contrario lo único que va a permitir es lo que sucede ahora, que haya una brecha entre ricos y pobres. Además, ahora tenemos un fenómeno nuevo, es el surgimiento de clases medias pobres. Esa clase media que en los años 80 empezaba a subir y ahora quedó estancada. 

— ¿Quiénes fallan en el proceso?

— Fallan los gobiernos, pero también las políticas, es la ley del goteo hacia abajo. La promesa que había hecho la política de ajuste neoliberal. Pasó en México en 1982 donde el gobierno hablaba de reducción de ingresos pero eventualmente el crecimiento gotearía hacia abajo y todos serían beneficiados. Pasaron 30 años y el salario mínimo todavía no ha recuperado el poder adquisitivo que tenía entonces. Pero mi trabajo no es entender qué es lo que pasa con la izquierda en América Latina.

— ¿Entonces qué se espera?

— Es entender lo que ha sucedido en los últimos años. Parece indicar una forma diferente de acción colectiva, que no va a reemplazar a partidos, movimientos y sindicatos pero que propone una forma de coordinar acciones que no requieren de una gran infraestructura, ni los centros de comando y control que han caracterizado a los candidatos y movimientos.

— ¿Qué tipo de experiencias inspiran a estos movimientos?

— Una revolución clave es la de Magreb en el norte de África, pasando por Túnez, continuando con Egipto, extendiéndose por la región contagiando a los españoles con los “Indignados” del 15M de 2011 en España, Occupy Wall Street de Estados Unidos, al “Yo soy 132” de México. Además la ocupación del parque Taksim en Estambul, Turquía, por el intento de construir un centro comercial en el lugar de una mezquita, y la última experiencia es el movimiento del “Pase libre” en Brasil en junio de 2013.

— ¿Por qué son importantes estos movimientos?

— Lo que todos tienen en común es que los partidos cuando aparecieron se replegaron al no poderlos controlar, cuando los sindicatos aparecieron se sumaron a algo que no podía administrar.

— ¿Cómo inciden estos factores en los movimientos?

— Primero porque la mayoría de la gente era joven, segundo era gente que estaba pagando las políticas de ajuste y siguieron las reglas del juego.

— ¿Cómo surge este proceso?

— Lo que hicieron los gobiernos fue hipotecar el futuro. Las dos consignas claves del 15M es “yo me represento”, que es un cuestionamiento directo a la clase política. La segunda es “no somos ni de izquierda ni derecha, somos los de abajo y vamos por lo de arriba”.

— ¿Bajo qué criterios asumen esta posición?

— Eso es sintomático de que algo está pasando para que estén en la calle. Muchos de ellos sin ninguna experiencia como activistas, otros que vienen del activismo digital, del anarquismo y muchos que se autodefinían de izquierda. Decir que no son ni de izquierda ni de derecha es modificar el código semiótico de la autoidentificación.

— ¿Hay protagonismo?

— Hay que entender que no hay nada; en estos movimientos, que es espontáneo, el protagonismo es mínimo.

— ¿Quién controla estos movimientos? ¿Existe un líder?

— Nadie controla nada. En Egipto una página de Facebook fue una instancia de coordinación. No fue el comité central de un partido que da la orden a su secretaría de organización de montar una manifestación. A nivel de logros, la gente que participó del movimiento tumbó a un dictador. Forzó un cambio de régimen y nueva Constitución, aunque después perdieron las elecciones.

— ¿Entonces son efectivos?

— No se juzga su efectividad. Lo que se juzga es que hay una manera de articular intereses que no pase por la representación política, los partidos políticos o los sindicatos, aunque soy consciente de que hay un límite a la articulación viral, y es la necesidad de personal técnico para diseñar políticas públicas.

— ¿Cómo se explica el fenómeno?

— Lo que está claro, como dice Manuel Castells que se especializa en redes, es que la protesta es multimodal. Uno de los planos es el plano digital, otro es la calle. También la prensa tradicional, las organizaciones políticas y las estructuras organizativas del Estado.

— ¿Cuál es más eficiente?

— En un año de elecciones se están jugando todas.

— ¿Sustituirán a los modelos tradicionales?

— No. Pero son formas de conectar a la gente entre sí. Pueden tener efectividad o no.

— ¿En la campaña electoral de Bolivia?

— Me preocupa qué es lo que va a pasar en la campaña de octubre sin estar metido en Twitter o Facebook.

— ¿Por qué afirma eso?

— Porque los jóvenes son los que apoyan las políticas de cambio, pero al mismo tiempo son los más reacios para ir a votar el día de las elecciones. En 2008, en Estados Unidos, lograron subir la tasa de participación en una cantidad suficientemente participativa para que Barack Obama pueda derrotar a su rival, gracias al voto joven y al voto de mujeres. Sacaron el voto a las calles y eso lo hicieron por esta campaña inteligente.

— ¿Los partidos están preparados para afrontar este reto?

— Aquí, no sé. Lo que está claro es que la internet no es más vista como una posibilidad de comunicación, sino como un terreno de lucha que no puedes ignorar.

— ¿Es tan importante?

— El espacio digital se está convirtiendo en una parte integral de la esfera pública convencional, la esfera de las plazas donde se junta la gente para discutir temas de interés.

— ¿Aun a pesar de que el acceso a la internet es mínimo?

— Lo que hizo Barack Obama, en su campaña de 2008, antes de que exista Facebook y Twitter, fue pedir a la gente sus correos electrónicos y sus números de teléfonos celulares. Lo que generaron son bases de datos para mandar mensajes cortos y correos para mantener a la gente motivada porque habían decidido que el “voto duro” va a estar con los jóvenes, pero el punto débil va a estar también en este grupo.

— ¿Cómo avizora el futuro en el campo político?

— Mi apuesta es que no van a de-saparecer los partidos, que la gente va a seguir votando, pero también que el descontento de la gente por el abuso de poder, por la distancia de los dirigentes, por la forma incontrolada de cómo trabajan los empresarios, es que se va a seguir experimentado cada vez más, distintas formas al margen de la representación democrática.

Perfil

Nombre: Benjamín Arditi

Nació: Asunción, Paraguay. 19-02-1956

Profesión: Economista y politólogo

Cargo: Docente universitario de la UNAM-México

Vida

Es profesor de Teoría Política en la UNAM.  Su libro más reciente es “La política en los bordes del liberalismo: diferencia, populismo, revolución y emancipación” (Gedisa 2010, segunda edición 2014). Es coeditor de “Taking on the Political”, colección de libros de pensamiento continental publicada por Edinburgh University Press. Trabaja sobre  la política   posliberal, la poshegemonía y la conectividad viral.

‘Estamos en un escenario político tremendamente complejo’

El experto paraguayo-mexicano es explícito al señalar que el liberalismo no desaparecerá porque los nuevos modelos se reconstruyen a partir de su antecesor. En ese marco, no descarta que surjan muchos modelos híbridos y complejos que son parte de los “nuevos tiempos” que, según Arditi, no se reproducen solo en el sur de América, sino que es una realidad mundial.

— ¿Cómo se entiende el escenario político en la actualidad?

— El tema de la justicia social, de la preocupación de la redistribución social es algo que se empieza a poner en la agenda. No funciona como un indicador la autodenominación de izquierda en América Latina.

— ¿Por qué?

— Porque lo único que hemos visto es que hay más ricos y muchísimos más pobres, y se está desapareciendo algo del medio, no desaparece por completo, siempre hay una clase media, pero una clase media que a veces es pobre. La gente quiere que vuelva el Estado para acabar con esta barbarie. 

— ¿Por qué “barbarie”?

— Porque es la promesa del mercado, de un mercado en un proceso de desregulación. La desregulación dejó sin protección a los que están más “jodidos” en el planeta, que son los más pobres de los más pobres.

— ¿Debe morir el mercado?

— No, no debe morir el mercado. Si la derecha quiere gobernar, va a tener que incorporar una plataforma electoral que no sea simplemente la promesa de bienestar futuro, sino que va a tener que proponer políticas sociales sectorizadas y rápidas.

— ¿Cómo se entiende el escenario político en esta realidad?

— Hay desplazamientos de paradigmas, pero no significa que algo termina definitivamente, sino que algo nuevo empieza no poniendo fin a lo anterior, sino incorporando lo anterior.

— ¿Existe una explicación?

— Estamos en un escenario político tremendamente complejo en el que la representación de las elecciones y los partidos coexisten con otras formas de agregación de intereses y de representación popular.

— ¿Cambió el modelo liberal?

— La cuota mínima de la participación de mujeres en partidos políticos es antiliberal, porque el liberalismo planteó siempre derechos iguales para individuos iguales. Esto significa que hay derechos mínimos para un sector especial, lo mismo podríamos decir si hay cuotas para aymaras y quechuas.

— ¿Cambia el sistema?

— Cada que hay una cuota, es una manera de revertir desigualdades sobre una base no liberal pero en escenarios que son liberales.

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