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Binomios, entre lo que los partidos ofrecen y lo que pueden

Para las elecciones del 12 de octubre se confirmaron cinco candidaturas. Al margen de senadores y diputados que puedan ofrecer a la ciudadanía, determinantes serán sus presidenciables; he aquí un repaso de dicha oferta.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

00:07 / 20 de julio de 2014

Los binomios, se puede decir, no solo expresan la propuesta al país, de parte de los partidos, de sus mejores hombres y mujeres, futuros gobernantes si es que son favorecidos por el voto ciudadano. También muestran lo que los partidos alcanzaron en cuanto a su desarrollo político y orgánico, lo que les falta, la posibilidad y el límite al que llegaron en cuanto a la forja de sus conductores.

Sabiendo ver, hasta se podría afirmar: “por su binomio los conoceréis”. Con la ayuda de dos analistas y de un dirigente de cada partido, de los cinco que se presentarán a las elecciones de octubre, se puede ensayar una definición para cada cual. 

Así, Evo Morales-Álvaro García son el “binomio nacional”, porque guste o no el MAS es nomás si no el único, el mayor partido nacional. Con Juan del Granado-Adriana Gil, el consenso, aunque sea formalmente, es que se trata del “binomio perfecto”, pues reúne los atributos deseables, de comunidad generacional (experiencia y juventud), de género (varón-mujer), y de territorio (La Paz-Santa Cruz, aunque Del Granado sea de Cochabamba). De la pareja Samuel Doria Medina-Ernesto Suárez Sattori, es precisa la definición del analista: “binomio de la coalición”, porque mal que bien es el único que nació de un proceso de alianza entre fuerzas políticas opositoras.

La pareja Jorge Tuto Quiroga-Tomasa Yarhui, impecable también el calificativo del sociólogo, es el “binomio de la polarización”, sobre la base del discurso radical anti-Evo que propone sobre todo Quiroga. Y, finalmente, la dupla Fernando Vargas-Margot Soria, que bien puede ser definida como el “binomio de la oposición indígena” al MAS, por su reivindicación de los derechos indígenas y la defensa del medio ambiente.

Movimiento Al Socialismo

Se trata del único binomio de alcance nacional, por ser hoy el MAS el partido de mayor presencia nacional. Si bien es una pareja que no incluye, por ejemplo, al oriente, no lo necesita, precisamente por haber logrado un arraigo organizativo en todos los departamentos. “El MAS es el único partido nacional y que tiene arraigo en las organizaciones populares; en cambio los otros no tienen estructura organizativa nacional, y por eso tienen que hacer binomios que impliquen una ampliación de su convocatoria electoral, que sea ‘de oriente y occidente’, ‘hombre-mujer’”, destaca el politólogo Fernando Mayorga.

Para el diputado Marcelo Elío, aún existe la complementariedad entre el líder de arraigo popular y el intelectual de clase media: “Ellos ya son un equipo de trabajo, (reúnen) la gran capacidad de liderazgo en el ámbito indígena y en el ámbito de la clase media, es un complemento ideal en el nuevo Estado Plurinacional”, aunque, remarca, el liderazgo de Morales es indiscutible: “Quien toma las decisiones en el Gobierno es el presidente Morales”.

Ante la posibilidad del desgaste por el ejercicio del poder, tras nueve años de gestión, para Elío y Mayorga, con las diferencias del militante y del analista, es peculiar que en este caso no haya habido un desgaste propio de similares procesos, pues se mantiene un nivel de aceptación por encima del 60%. Para Mayorga la pareja Morales-García puede ser capital electoral incluso por la relativa estabilidad que promete su vigencia en el poder: “El hecho de que sea un binomio que actúa de manera complementaria desde el inicio de la presencia del MAS en el gobierno, muestra una continuidad importante, que se traduce en una imagen de estabilidad; si eso implica continuidad de gestión, favorece en términos de oferta electoral”.

El sociólogo Jorge Komadina problematiza: si el desgaste no es crítico, pese a los errores del Gobierno (TIPNIS, corrupción, situación de la Justicia), es porque aún se mantiene el “vínculo emotivo entre el presidente Morales y gran parte de los ciudadanos y las organizaciones sociales (...) Por supuesto que hay desgaste, pero aquí hay un voto emotivo, que tiene que ver con la empatía de los ciudadanos en relación a un liderazgo (de Evo), y creo que de alguna manera esto continúa vigente”, asevera.

Movimiento Sin Miedo

Por lo menos en la forma, el binomio reúne todos los atributos deseables posible, destaca Komadina: generacional, experiencia y juventud; paridad de género; y, equilibrio geográfico, regional entre La Paz y Santa Cruz justamente, “los dos bolsones electorales más importantes” del país. Esto mismo es remarcado por el dirigente del MSM Edwin Herrera: “combinación de experiencia y juventud, lo que supone el vigor y la firmeza de Juan, y el nuevo liderazgo que expresa Adriana Gil; combinación territorial entre oriente y occidente, y esta verdadera representación de los hombres y mujeres del país”.

Pero aquello de experiencia y juventud, observa Komadina, revela que en el fondo el binomio no es ideológico, y que se encuentra fuertemente desequilibrado hacia Del Granado, pues, “si (Gil) fuera el equivalente perfecto de Del Granado en Santa Cruz, sí habría un equilibrio notable, pero no lo es: es una joven política que no ha tenido funciones en el Estado, tal vez no tiene una especialidad en la producción de ideas, no es una ideóloga, tampoco es tan carismática como Juan del Granado”.

Al respecto, Herrera argumenta que el encuentro ideológico más bien está en que ambos provienen de la “izquierda democrática” del país. “Ambos son expresión de la izquierda, de la renovadora en el caso de Adriana, y que, en el caso de Juan, ha dado resultados concretos como la transformación de la ciudad de La Paz desde una vertiente ideológica de izquierda”. Es más, es una complementariedad ideológica y de un alcance que trasciende a las elecciones de octubre: “ambos ahora están pensando en un proyecto a largo plazo, que es la conformación del bloque popular de izquierda”. 

Con respecto a que si Del Granado con Gil logrará romper el localismo paceño del MSM, el politólogo Mayorga no arriesga una respuesta, porque precisamente será el resultado de la elección el que determine aquello, destaca. No hay que olvidar, continúa, que mal que bien en las elecciones municipales y departamentales de 2010, aunque lejos del MAS, el MSM finalmente resultó la segunda fuerza electoral nacional. Para Komadina, aún con Gil, la candidatura del MSM no logra romper el localismo “paceño y citadino, de vínculo más bien vecinal”.

Unidad Demócrata

Si hay algo que distingue a la dupla Samuel Doria Medina y Ernesto Suárez Sattori es que ésta nace de la única coalición política que mal que bien ha podido establecer la oposición, define el analista político Fernando Mayorga: “Es una de las cuatro fuerzas de oposición al MAS, pero es el único caso de coalición electoral. El MSM invita a una candidata a la vicepresidencia; el PDC invita a los dos candidatos, y el partido Verde invita a un candidato”. Coalición al estilo de Convergencia Nacional, agrupación de la anterior contienda electoral; sin embargo, eso no quiere decir que toda la oposición esté unificada en torno a este proyecto, “pero sí que es un acto de coalición electoral, que corre el riesgo, como ocurrió con CN, que una vez concluida la elección enfrente el desafío de su comportamiento como bancada parlamentaria, un tema que tienen que resolver hacia adelante”.

Para el directivo de Demócratas Vladimir Peña, el binomio Doria Medina-Suárez representa la unión de los dos partidos de más tradición en la oposición al MAS, Unidad Nacional y el Movimiento Demócrata Social; como personalidades, la unión del empresario emprendedor, de compromiso social, y del líder regional de principios, que supo resistir al MAS. “Dos personas que trabajan por el país: Samuel que genera emprendimiento, empleo, actividad económica para mejorar la situación de muchas familias; y Ernesto Suárez, político del Beni, que ha demostrado que es posible vencer al MAS en las condiciones más adversas; es la unión del occidente con el oriente del país; liderazgo para sacar a Bolivia de la pobreza, generar igualdad e inclusión”.

Para Komadina, en cambio, en el binomio de UD tampoco hay una auténtica unidad ideológica; se trata más bien de un pacto ajustado estrictamente al pragmatismo electoral: “Doria Medina siempre postuló, con poca fortuna, un discurso de eje de centroizquierda; proviene del tronco mirista, socialdemócrata, con un énfasis en temáticas productivas; en cambio, Suárez siempre se ubicó con mayor nitidez en un tono más conservador; así, no creo que haya una convergencia ideológica”. Aunque una ventaja, destaca el sociólogo, es que ambos hicieron gestión pública y, si vale, sobrevivieron a este hecho.

Partido Demócrata Cristiano

El binomio de Jorge Tuto Quiroga y Tomasa Yarhui fue el último en formarse; el propio Quiroga hace solo semanas oficializó su participación. Esta suerte de factor sorpresa, revela el presidente del PDC, Jorge Suárez, fue una estrategia ideada por su partido: porque no podemos competir ni con la maquinaria del Gobierno, ni con la de la Alcaldía de La Paz ni con la de la Gobernación de Santa Cruz, acusa el dirigente demócrata cristiano; pero fue lo adecuado, por las múltiples adhesiones que vinieron luego de la presentación de la dupla, afirma.

El que Tuto Quiroga no haya estado en ningún intento de articulación de la oposición (como sí lo estuvieron Doria Medina, Rubén Costas y Juan del Granado) se explica, según Komadina, en el hecho de que éste es, se puede decir, el “binomio de la polarización”.

“Ellos están apostando a la polarización con relación al Presidente, y eso es notorio en la radicalización de su discurso”. Mientras Doria Medina y Juan del Granado de alguna manera se incluyen o recuperan elementos de la nueva Constitución (descolonización, no a la discriminación, intervención del Estado en la economía), “Tuto Quiroga quiere cortar con esto, y quiere polarizar con una opción radicalmente diferente a la de Evo; situarse en el otro polo; esto tiene la cualidad de que en determinado momento el elector ante dos opciones radicales, desecha a las del medio; cuando hay polarización y radicalización, el elector suele concentrar su voto en las opciones más polares, radicales; este es un poco el cálculo”, destaca Komadina; aunque, añade, no cree que alcance el tiempo para aplicar dicha estrategia; además, hay que preguntarse si éstos verdaderamente son los tiempos de la polarización.

Si bien se reconoce la virtud, otra vez, de la complementariedad de género y étnica en el binomio Tuto-Tomasa, para el analista Fernando Mayorga es el de menos perspectiva: “Va ser solo testimonial, en el sentido de cuestionamiento al MAS, con un discurso que caracteriza de populismo el modelo del MAS y punto. Qué tienes tú, un partido que en los hechos es solo una sigla, que no tiene presencia territorial, que no tiene bases electorales, Tuto es una figura del pasado y su participación va a ser más discursiva, testimonial, de crítica al MAS”.

Partido de los Verdes

Es la oposición indígena al MAS que se veía venir. “Todo parecía indicar que era Félix Patzi (exministro de Educación del primer gobierno de Evo Morales) quien iba a estar ahí”, arriesga el politólogo Fernando Mayorga. Así como Juan del Granado (MSM) se ubica en la crítica desde la izquierda al MAS, “iba a aparecer una oposición desde el mundo indígena”, afirma. Ahora, que haya surgido desde las tierras bajas por supuesto que tiene que ver con el conflicto del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS); pero es un alejamiento entre el mundo indígena y el MAS sobre todo en el nivel de las dirigencias, de las organizaciones nacionales, “no tanto de las comunidades o los pueblos indígenas”. 

Fernando Vargas “va a hacer un cuestionamiento al MAS desde el discurso indigenista”; en este sentido, completa el cuadro: el MAS como centro o actual referencia nacional discursiva; con críticas desde la derecha y centro (PDC, UD) y desde la izquierda (MSM) y desde el indigenismo, para el caso, el partido Verde liderado por Vargas.

Pero es una representación indígena ecologista: para Adolfo Chávez, dirigente de un sector de la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (Cidob), el candidato  Vargas “refleja el equilibrio de una naturaleza que convive con el ser humano”, pero además “más allá de representar al TIPNIS, se está mostrando la resistencia a un gobierno autoritario, de quienes hemos sabido soportar terribles agravios de parte del Gobierno, que rompió la columna de la marcha (por el TIPNIS) y dividió a los pueblos indígenas y a los bolivianos”. La dupla la completa Margot Soria, una académica, doctora en Sociología, activista política contra las dictaduras y docente universitaria.

Para el sociólogo Jorge Kadima, acaso la mayor votación por Vargas y Soria no provenga de los pueblos indígenas mismos (dado el reducido número de los originarios de tierras bajas), sino de las grandes ciudades: “Van a apelar al voto urbano, de clase media, que emocionalmente se siente vinculada con lo del TIPNIS, va a tener votación más urbana que indígena”. Se trata de un binomio que apelará sobre todo a lo simbólico; “tiene una dimensión simbólica muy grande”, porque reivindica los derechos indígenas y la defensa del medio ambiente, concluye.

La relativa importancia de los candidatos a la vicepresidencia

¿Cuánto cambió el rol de la vicepresidencia como para afirmar que ahora sí el candidato a la segunda magistratura es de decisiva importancia? No mucho, destaca el sociólogo Jorge Komadina. La estructura estatal o el régimen político de Bolivia aún está caracterizado por un “hiperpresidencialismo, es uno de los más enfáticos de todo el continente”, define el estudioso. Todo pasa por el mandatario, afirma, y el vicepresidente, estructuralmente (el rol que le asigna la Constitución y las leyes), mantiene una función casi irrelevante, “en el sentido en que no tiene un verdadero perfil, actúa como una suerte de gozne (bisagra) un poco ambiguo entre los órganos Legislativo y Ejecutivo, pero no es verdaderamente el jefe del Legislativo; en éste apenas es un representante simbólico, y en el Ejecutivo tampoco tiene verdaderamente una función a la altura del presidente”.

La vicepresidencia en el gobierno del MAS, recuerda Komadina, fue relevante sobre todo por las características del vicepresidente Álvaro García Linera, quien, gracias también al rol que le tocó jugar ante el presidente Evo Morales, supo “darse su lugar”, gracias, dice, a su habilidad en el manejo político y sus conocimientos técnicos y, sobre todo, su capacidad discursiva.

Otro es el perfil del presidente Evo Morales; otro su liderazgo, “más carismático, de otro tipo; el Presidente no es un productor de ideas, tampoco es un técnico; de alguna manera estos dos elementos han sido asumidos por el Vicepresidente y eso le ha dado cierto lugar estratégico”, destaca el analista Komadina. En este sentido, no deja de señalar que a la hora de votar, lo más probable es que el elector sobre todo se oriente por la “cabeza de fórmula”, el candidato a la presidencia, y no tanto por el o la acompañante.

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