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‘Blade Runner’ y el fin del contrato con Brasil

Muchos gobiernos, gente y recursos lograron la firma de dos contratos de compra y venta en los 90 y así, en 1999, en un acto que pocos recuerdan, se envían los primeros volúmenes de gas natural a Brasil. Este proyecto es el resultado del trabajo de muchos bolivianos y bolivianas durante más de 25 años.

La Razón (Edición Impresa) / Mauricio Medinaceli Monroy

00:02 / 17 de mayo de 2015

Después de Star Wars, Blade Runner es uno de mis filmes favoritos. Hecha en 1982, la película está ambientada en Los Ángeles durante noviembre de 2019 y desde el principio las imágenes son excelentes. Explosiones en la ciudad, simbolizando quizás el caos; edificios en forma de pirámides, reflejando tal vez estructuras sociales; la pupila de un ojo nos anticipa que este sentido no solo sirve para capturar imágenes, sino también para reflejar emociones; todo ello transcurre mientras las dulces melodías de Vangelis deleitan nuestros oídos. Resulta que 2019 también es una fecha importante para la economía boliviana: en teoría, termina el contrato de exportación de gas natural con el Brasil.

Para el amable lector que hasta ahora continúa leyendo estas líneas, quisiera comentarle acerca de la exportación de gas al Brasil. Este emprendimiento es un ejemplo de lo que los bolivianos podemos hacer. No son pocas las veces que nos acusamos, unos a otros, que somos “cortoplacistas”, que no tenemos una línea de acción, que cuando un nuevo gobierno entra destruye todo lo hecho hasta ese momento. Desde mi punto de vista, este proyecto demuestra lo contrario: fuimos, somos y seremos capaces de lograr proyectos verdaderamente “nacionales”, que cambiaron la vida del país.

La exportación al Brasil comenzó a gestarse en la década de los 70, cuando los presidentes de la época encontraron que la integración energética era algo beneficioso para ambos países. Sin embargo, el desa- fío era grande, muy grande. Bolivia no tenía las reservas suficientes y Brasil no tenía mercado abierto para el gas natural. Muchas empresas privadas veían este proyecto como uno imposible, sin gas y sin mercado... una tarea titánica.

Muchos gobiernos, gente y recursos lograron la firma de dos contratos de compra y venta en los 90 y así, en 1999, en un acto que pocos recuerdan, se envían los primeros volúmenes de gas natural a Brasil. Este proyecto es el resultado del trabajo de muchos bolivianos y bolivianas durante más de 25 años, explicando a la gente, peleando por mercados, consiguiendo dinero, financiando inversión, convenciendo a la inversión privada que éste era el camino, el camino correcto.

Y cuando se hacen las cosas bien además viene la suerte; usualmente en mis clases menciono: “Mientras más estudien, más suerte tendrán”. Cuando tocó “cosechar” esta “siembra” lo hicimos al mayor precio posible; en efecto, las primeras estimaciones de proyección de ingresos utilizaban un precio del gas de $us/MMBTU 1, pero años después los precios sobrepasaron los $us/MM BTU 9, es decir, nueve veces más.

Ahora bien, la siguiente pregunta podría ser: ¿Por qué los precios de exportación de gas natural crecen cuando se incrementa el precio internacional del petróleo? Resulta que es una práctica común en los contratos de compra y venta de gas hacer ello; por esta razón, en la década de los 90 se estableció una cláusula que vincula a ambos precios.

¿Qué significó el proyecto de exportación al Brasil? Muy sencillo, salir de la pobreza. Ahora Bolivia pasó del grupo de países de ingreso bajo (muy bajo) a países de ingreso medio. Los recursos del gas permitieron solidez fiscal, la “bolivianización” de la economía, el crecimiento de las reservas del Banco Central; lograron disminuir la pobreza, dar recursos a municipios y gobernaciones, incrementar la inversión pública: más carreteras, más colegios, más hospitales, es decir, cambiaron la vida del país.

¿Cuál fue el principal vínculo de los “recursos del gas” con el ciudadano de a pie? Entre otros, el principal se llama: Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH). Este impuesto, creado en 2005 y aprobado por el presidente de turno, Hormando Vaca Díez, es un impuesto a la producción que sustituyó los impuestos a las utilidades bajo el sistema anterior.

Le invito a revisar la Figura , en ella usted puede verificar que es el IDH la fuente generadora de recursos para el país, la recaudación de este impuesto se coparticipa con gobernaciones, municipios, universidades, Fondo Indígena, el Tesoro General de la Nación. En sencillo, a mayores ingresos del gas, mayores ingresos fiscales por IDH, mayores ingresos de las instituciones que reciben dinero de este impuesto y así, todos felices.

La cosecha que realiza Bolivia desde 2006 fue fantástica y que lo haya realizado el actual partido de gobierno parece natural, porque cuando uno trabaja en el sector público lo hace por el Estado, independiente del gobierno de turno.

Pero no se trata solo de cosechar, también debemos sembrar; es divertido comer las naranjas pero también debemos plantar los árboles del futuro. Hace mucho, se acuñó el término “sembrar el petróleo”, que en nuestro país modificamos un poco: “sembrar el gas”. Esta frase tiene un fuerte asidero en la teoría económica: en ésta se menciona que es necesario reinvertir las rentas por la explotación de un activo no renovable en activos renovables. ¿Qué? Que si vamos a vender las joyas de la abuela, el dinero recolectado sirva para vivir en el futuro; no sería prudente actuar como Isidoro Cañones, gastando el dinero en cosas que no generarán dinero “el día de mañana”.

Así, estimados lectora y lector, el desafío está planteado. ¿Cuál debe ser nuestro próximo proyecto Bolivia-Brasil? ¿Qué estamos sembrando ahora? ¿Cómo estamos gastando la “plata” por la venta de las joyas de la abuela? Por mi parte, soy feliz de haber sido, casi al final, parte de un gran proyecto nacional, que nos demostró a los bolivianos y bolivianas que sí podemos hacer cosas grandes, muy grandes.

Quizás no debemos esperar a que llegue 2019 para renovar el contrato; consolidar por 20 año más la venta de gas natural al Brasil puede ser algo bueno para nuestro país. ¿Estamos trabajando para ello? ¿Estamos invirtiendo en ello?  Muchos sembraron para que yo pueda escribir estas líneas, ahora me toca sembrar para el Santi, mi hijito.

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