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Bolivia y Brasil: dos dimensiones, dos perspectivas

‘El observador destacará la histórica disposición al diálogo y a la tran- sacción que distingue al sistema político brasileño y la comparará con el carácter confrontacio- nal y conflictivo de la experiencia política boliviana, marcada durante años por el estigma del cuartelazo’.

La Razón (Edición Impresa) / Gustavo Fernández Saavedra

00:05 / 06 de abril de 2014

Es difícil imaginar dos vecinos más distintos que Brasil y Bolivia, en términos de territorio, población, producto y poder. Una sola cifra resume las inmensas distancias entre la estructura económica brasileña y la boliviana: el producto de Brasil está en el orden de 1,3 millardos de dólares y el de Bolivia en el de los veinte mil millones. No es necesario fatigar al lector con la mención de otros datos.

El territorio del Brasil —8.459.417 kilómetros cuadrados—, que cubre casi toda la costa atlántica sudamericana, se expandió en el continente luego de desbordar la frontera del Tratado de Tordesillas, afirmó su presencia dominante en la cuenca del Amazonas y se extendió en la del Plata. Bolivia, en cambio, sin mar, en el centro del continente —1.083.301 kilómetros cuadrados, luego de perder una superficie semejante en las guerras del Acre, del Pacífico y del Chaco—, en el punto divisorio de las aguas de las cuencas del Plata y del Amazonas, marca su presencia en el macizo andino y la cuenca del Pacífico. Dos emplazamientos geográficos: uno, abierto al mundo, en el eje del centro de poder del Atlántico; mediterráneo y enclaustrado el otro.

Las raíces culturales de estos países son también dispares. La sociedad brasileña tiene un marcado carácter multiétnico y pluricultural, que amalgama descendientes de inmigrantes europeos y esclavos africanos en una comunidad nacional integrada, en la que el sentimiento de pertenencia se impone claramente sobre las diferencias étnicas y culturales. No obstante, si tuviera que escogerse una fuerza cultura dominante, tendría que decirse que los negros y los mulatos son la columna vertebral de la sociedad brasileña. Una de las primeras fuentes de su cultura. La música, la literatura, el deporte tienen su sello.

En contraste, la sociedad boliviana, que no tuvo grandes flujos migratorios del exterior, fue producto del penoso entrecruzamiento y mestizaje de la raíz indígena americana y el componente étnico europeo español de la Colonia, en un régimen marcado por la exclusión y la discriminación hasta muy avanzado el siglo XX. No cabe duda que la indígena americana es el eje alrededor del cual se construye la cultura boliviana.

El observador destacará la histórica disposición al diálogo y a la transacción que distingue al sistema político brasileño y la comparará con el carácter confrontacional y conflictivo de la experiencia política boliviana, marcada durante años por el estigma del cuartelazo. Comprobará continuidad y fluidez en el primero y frecuentes ciclos de inestabilidad en el segundo. Quedará con la firme impresión de que el Estado es más fuerte en el Brasil que en Bolivia y que, en cambio, la sociedad boliviana es mucho más activa y movilizada que la brasileña. Por cierto, no dejará de anotar que en Brasil se consolidó un Estado federal, democrático y republicano, con independencia real de poderes y que el Estado en Bolivia     —descentralizado en las formas pero unitario y fuertemente autoritario en la sustancia— todavía no cuajó su forma definitiva.

Ésos son los rasgos visibles de las dos naciones que comparten una de las fronteras más extensas del continente, con dos dimensiones económicas, dos raíces culturales diferentes, dos sistemas políticos con actores protagónicos distintos. Se tiene que agregar el recuerdo —lejano pero no olvidado— de las pérdidas territoriales de Bolivia con Brasil y la difícil y demorada demarcación de las fronteras.

La suma de esos factores explica la mezcla de desconfianza y aprehensión con la que los bolivianos observan la cada vez más próxima relación con su poderoso vecino y la sorpresa con la que el brasileño común recibe esa conducta, que encuentra inexplicable, ya que, desde su punto de vista, los vínculos con Brasil —que aporta mercados, tecnología e inversiones— solo pueden traer beneficios a Bolivia. No obstante, el hecho es que esa brecha existe y que tomará tiempo establecer una comunicación despojada de prejuicios entre ambos actores.

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