Animal Político

Bolivia y EEUU

Nueva era de relaciones Bolivia-EEUU

La Razón / Ramiro Prudencio Lizón

00:00 / 08 de abril de 2012

Actualmente los gobiernos de Bolivia y de Estados Unidos tienen la intención de reponer en el presente año a sus respectivos embajadores, ya que en 2008 se había declarado persona non grata al representante estadounidense en La Paz (Philip Goldberg) y, como represalia, también se exigió el retiro del embajador boliviano en Washington (Gustavo Guzmán). En noviembre del año pasado se ha llegado a suscribir un acuerdo marco entre los dos estados, con el fin de relanzar las relaciones bilaterales, reponer a los embajadores y estudiar una serie de temas, como la ayuda económica   a Bolivia y la cooperación para la lucha contra el tráfico de drogas.

Verdaderamente es muy loable la actitud del Gobierno nacional de tratar de reencauzar las relaciones con Estados Unidos. Cabe recordar al respecto, al ilustre hombre público Daniel Sánchez Bustamante, quien propugnó en 1919 que se debería “interesar al yanqui” en el problema marítimo nacional. Él consideraba que el gran país del norte, por la poderosa influencia que mantenía en el continente americano, podía ser un factor determinante para que Chile se aviniese a tratar ese asunto. 

En efecto, durante los años 20 del siglo pasado, nuestro país se esmeró por obtener el respaldo norteamericano para su ancestral causa y se logró algo trascendental: que el secretario de Estado, Frank Kellogg, propusiese que las provincias de Tacna y Arica, que estaban en litigio entre Chile y Perú, pasaran a soberanía boliviana, previa compensación adecuada a esos países. Pero luego se suscribió el tratado chileno-peruano de 1929 que dio fin al pleito de esas provincias y, posteriormente, se desencadenó la Guerra del Chaco, acontecimientos que nos alejaron mucho más del mar.

Tuvo que venir la Segunda Guerra Mundial para que Bolivia, siguiendo el derrotero de Sánchez Bustamante, se preocupase en buscar nuevamente el apoyo del “yanqui”. Precisamente, la adhesión más importante obtenida fue durante el gobierno del presidente Roosevelt, el cual tuvo gran aprecio a Bolivia, por haber sido una de las primeras naciones del continente en romper relaciones con la Alemania de Hitler. Ese gran estadista no sólo invitó al presidente Peñaranda a visitar Estados Unidos, sino que ofreció gratamente que su gobierno sirviese de intermediario para la entrega oficial de un memorándum al canciller chileno, Joaquín Fernández, sobre la cuestión marítima. En esa oportunidad, se obtuvo el compromiso verbal del Mandatario estadounidense de que, una vez concluida la guerra, se preocuparía personalmente en la superación del enclaustramiento boliviano.Pero, además, el gobierno de Roosevelt estaba decidido a cooperar a Bolivia en su política económica. Primeramente vino a La Paz el vicepresidente de Estados Unidos, Henry Wallace, para incrementar la política del “buen vecino”, ocasión en que manifestó el interés de su gobierno de cooperar al desarrollo nacional, y para ello enviaría una comisión que estudiaría todos los aspectos económicos del país. Poco después, en diciembre de 1941, arribó dicha comisión a La Paz, presidida por el ingeniero, Merwin Bohan. 

La legación Bohan efectuó un serio estudio de las posibilidades económicas de la nación. En sus conclusiones recomendó que se incentivara la industria minera (que la consideraba bastante de-    sarrollada) y, asimismo, se creara una agricultura extensiva en los llanos de Santa Cruz. Para esto último señaló la necesidad perentoria de que se construyese la carretera pavimentada de Cochabamba a Santa Cruz. Pocos años después, Estados Unidos ayudó al financiamiento de esa vía que determinó el gran de-sarrollo económico de hoy del oriente boliviano. Pero como ha sucedido muchas veces en nuestra agitada historia, problemas de política interna determinaron la ruptura del buen entendimiento con Estados Unidos. El 20 de diciembre de 1943 se produjo un golpe militar que dio fin al gobierno democrático de Peñaranda y encumbró a un régimen tildado de fascista. Con este brusco cambio se extinguió la simpatía estadounidense a Bolivia.

Durante los años 50 volvió a crearse una estrecha relación entre los dos estados, lo que salvó del marasmo económico a la llamada Revolución Nacional. Con los programas denominados Punto 4º y PL-480 (sobre concesión de alimentos que eran donaciones gratuitas), el país pudo cubrir el déficit fiscal y permitir el pago de salarios. Además, por esos años se instaló en el país la empresa petrolera Gulf Oil Company, que en pocos años incrementó la producción nacional de petróleo de 8.000 barriles diarios a más de 40 mil.

Respecto del problema marítimo, lamentablemente surgió en ese tiempo el litigio del río Lauca que ocasionó la ruptura de relaciones diplomáticas con Chile. Cabe destacar que este problema pudo resolverse fácilmente porque el propio presidente Kennedy estuvo interesado en él.  Pero el gobierno de entonces prefirió promover un escándalo en la Organización de Estados Americanos (OEA) que a la postre determinó la pérdida de ese río y un mayor alejamiento del océano Pacífico.

Posteriormente, y pese al poco empeño de los gobiernos que se sucedieron en la segunda mitad del siglo 20, para “interesar al yanqui”, de todos modos, se obtuvo el respaldo de Estados Unidos en las 11 resoluciones de la Asamblea General de la OEA relativas al mar. Actualmente,   el peso político estadounidense en el mundo es tremendo, ya que no tiene contrapeso alguno. Basta mencionar que la ONU ha emitido varias resoluciones en favor del estado Palestino. Pero ninguna de ellas ha podido servir para buscar un arreglo al largo litigio del Cercano Oriente, porque Estados Unidos apoya decididamente al Estado de Israel.

Ahora bien, si el Gobierno nacional desea verdaderamente llegar al mar con soberanía, debe hacer un  esfuerzo y buscar nuevamente una buena relación con Norteamérica.  Estados Unidos ya demostró su buena disposición en abrir cordiales nexos cuando apoyó el año pasado en la OEA a la cuestión marítima nacional. Porque es menester tener presente que toda gestión que se desee efectuar en cualquier organismo internacional está condenada al fracaso sin el poderoso respaldo del “yanqui”.

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