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Bolivia y su derecho al Pacífico

Daniel Sánchez Bustamante: ‘Un país al cual su Gobier-no, mediante un tratado, le priva de su soberanía marítima, tiene perfecto derecho de desahuciarlo y demandar una parte legítima en los beneficios de que goza la comunidad internacional’.

La Razón (Edición Impresa) / Windsor Paco Gonzales es abogado

00:00 / 04 de junio de 2017

Hace casi 100 años, en 1919, se publicó una obra magistral, fruto de la inquietud de un gran hombre: Daniel Sánchez Bustamante. En sus páginas se indaga de manera sencilla la estructura presente y futura de Bolivia y se guarda algo así como el que ha de ser el camino de la redención de Bolivia en el añorado mar Pacífico.

Hablando de la nacionalidad boliviana el autor dice: “Es una nacionalidad pacífica y joven de grandioso porvenir, que evoluciona creciendo es claro, hacia el Pacífico, donde tiene que encontrar sus restauraciones históricas y sus soluciones vitales, ya sea a merced de un entendimiento honrado y franco, o ya a una presión irremediable del porvenir, fatal, cada vez más fuerte, que acabará por hacer saltar algún día en pedazos los grilletes que se le han puesto en 1879 y sellado en 1904. Entonces no preferiría como hoy los medios de la conciliación y del derecho puro, sino que caería verticalmente, con todo el peso de sus tradiciones y sus fuerzas acumuladas, sobre los sitios donde flotan y esperan las sombras de sus héroes. ¿Cincuenta, cien, doscientos años? ¡No importa! Lo grave es que Bolivia no podrá olvidar, mientras no encuentre justicia”.

Bolivia fue y ha de ser nación del Pacífico, sentencia en otra parte el autor y es así que esta afirmación se convierte hoy en este siglo XXI en un voto irrenunciable para todo aquel que se precie del nombre boliviano; Bolivia ha de volver a ser nación del Pacífico no por capricho, sino por imperiosa necesidad biológica, por imperativo de conexión geográfica rota y separada solamente por la fuerza, pero que se reintegrará apenas esa fuerza extraña cese o se debilite; hoy más que nunca se confirma la tesis del gran hombre que nos dejó esta espléndida obra. Bolivia más que nación amazónica o del Plata, ha de ser siempre nación del Pacífico, por sus comunicaciones naturales y por su menor distancia con el corazón de Bolivia. Bienvenidas sean las corrientes de progreso que puedan llegar desde la Cuenca del Plata o del Amazonas, los bolivianos nos alegraremos siempre de que nuestros hermanos del Chaco o del Madera se encuentren mejor y más comunicados con el interior de la patria, nos felicitaremos siempre de que nuestra amada Bolivia, cada vez más pujante, pueda sacar una porción de sus productos por el río Paraguay hacia el Atlántico; sin embargo y citando nuevamente la obra diremos: “Que un pueblo que vive sobre un territorio extenso y rico, con potencialidades vivas en su desarrollo, se quede encerrado y tranquilo en los límites convencionales de la violencia y renuncie para siempre a las líneas que constituyen su región natural, su hábitat, es soñar lo imposible”.

En dicha obra, se habla también del hinterland, que no es más que la tierra interior, el medio geográfico en el cual se desarrolla y expande un Estado; recordemos también que mientras más grande es esta tierra interior y cuanto más corta la distancia de ésta con el mar, la integración del hinterland con su costa es más rápida y el hinterland de las costas de Atacama y aún de Tarapacá es el gran macizo boliviano, tal debe ser el camino de Bolivia ahora y para siempre; ¿acaso actualmente no se está confirmando esta tesis?, ¿el gran corredor ferroviario que unirá los océanos Atlántico y Pacífico podrá ser sin el concurso de Bolivia?, se está comprobando que Bolivia es el hinterland de Atacama es cierto, pero también que es el heartland de Sudamérica, que geopolíticamente se divide en tres regiones fundamentales. La primera la conforman los países del Espinazo Andino; la segunda, la Cuenca del Amazonas; y, la tercera, la Cuenca del Río de la Plata. Entre los países que conforman las tres regiones señaladas, hay un solo país que se interconecta con los tres. Ese país único por sus características es Bolivia, que es el “corazón terrestre” de Sudamérica, la bisagra de unión de las naciones sudamericanas que necesita una puerta de calle propia que ofrecer no solo a sus propias futuras generaciones, sino al resto de los pueblos que la rodean; empero, el autor recuerda que no se debe olvidar tampoco que aparte de las leyes geográficas y de la naturaleza que la unen indisolublemente a sus costas propias en el Pacífico, asisten a Bolivia la historia y la justicia de su causa.

Dice en otra parte que no se puede ni se podrá enajenar un derecho de Bolivia que le es “inmanente”, el derecho de Bolivia al Pacífico y se pregunta: ¿Puede más la fuerza contra el mandato geográfico?, y añade el lúcido concepto: “Un país al cual su Gobierno, mediante un tratado, le priva de su soberanía marítima, tiene perfecto derecho de desahuciarlo y demandar una parte legítima en los beneficios de que goza la comunidad internacional”; empero aclara también que la situación de Bolivia, el carácter de su pueblo, la amplitud de sus riquezas territoriales latentes, harán siempre de este país una tierra de claridad, de atracción y de paz. No está ni en sus tradiciones, ni en sus necesidades, ni en su querer, el sistema de la agresión, la violencia o las conspiraciones oscuras y siniestras contra sus vecinos; nunca mejor expresado el espíritu del pueblo boliviano.

Dice el autor sobre el Tratado de 1904 que en cuanto a nuestra soberanía marítima, no significa sino un modus vivendi, que debe modificarse tarde o temprano, revirtiendo a Bolivia los órganos mínimos para que tal soberanía resurja, como enseña luminosa de una reconciliación sincera, perpetua e indestructible.

Entrado el siglo XX, Sánchez Bustamante fue declarado maestro de la juventud; Gustavo Adolfo Otero dijo de él que ningún título cuadraba tan perfectamente a este nacionalista constructivo y, en fin, al hombre que simbolizó las más hermosas aspiraciones de una Bolivia renovada, constituyéndose en el apóstol del optimismo y de la fe en los destinos de nuestra patria.

Pues bien, es hora de rescatar el pensamiento boliviano de hace un siglo, que se mantiene vigente porque la lucha titánica continúa, que se multipliquen por cien los que creemos en la victoria final de la causa de la reivindicación marítima de Bolivia, que seamos los más y no los menos, los que tenemos fe inquebrantable en los destinos de grandeza que aguardan a la patria amada, que las palabras y el pensamiento de hombres como Daniel Sánchez Bustamante sean nuestra guía, nuestra antorcha en la oscuridad del duro camino que nos falta por recorrer todavía, para lograr al fin la justicia que demanda el alma de Bolivia, que obras como Bolivia, su estructura y sus derechos en el Pacífico sean para los bolivianos lo que la Biblia para el fraile, lo que el pan para el mendigo, que sea objeto de debate, análisis y discusión en los colegios y universidades de todo el país, pues la hora de la justicia histórica está hoy más cerca de lo que estuvo hace cien años, porque es nuestro deber luchar contra la adversidad del pasado con coraje, inteligencia y responsabilidad; eso o cruzarnos de brazos y desaparecer de los fastos de la historia, así nos dice el autor y así lo creo también yo.

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