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Bolivia, entre los tres primeros países del mundo

El avance más significativo está en Diputados, donde el mayor porcentaje de elecciones anteriores era de 23% (2009) y ahora alcanza 50%, superando ampliamente el promedio mundial de mujeres en los parlamentos, 22,2%; el de la región, 25,2%; incluso el de los países nórdicos, 42,1%.

La Razón (Edición Impresa) / Mónica Novillo Gonzales

00:03 / 26 de octubre de 2014

El resultado de las elecciones nacionales del 12 de octubre ha puesto nuevamente ante la opinión pública el tema de la paridad en la representación de las mujeres en los espacios de decisión y, en particular, en el Órgano Legislativo. De acuerdo con estimaciones de la Campaña “50y50 Paridad es Ahora”, con base en el 99,82% de cómputo del Tribunal Supremo Electoral (TSE), al menos 81 mujeres asambleístas estarán presentes en la nueva gestión legislativa, alcanzando un porcentaje histórico de 48%.

El análisis de los resultados alcanzados permite afirmar que al menos 16 mujeres serán parte del Senado, mientras que 65 mujeres (50%) ocuparán las curules de un total de 130 en la Cámara de Diputados. Estos datos podrían variar levemente en función de la asignación de escaños plurinominales y uninominales, con el cómputo final del TSE.

Este logro es producto del acumulado histórico de las luchas de las mujeres por el reconocimiento de sus derechos, los avances normativos de los últimos años y los cambios —aún lentos— en la forma de ver la participación de las mujeres en los espacios organizativos y políticos tradicionalmente considerados como masculinos.

Una Constitución progresista. La Constitución Política del Estado (CPE) manda a que el Estado adopta para su gobierno la forma democrática participativa, representativa y comunitaria con equivalencia de condiciones entre hombres y mujeres (Art. 11) y que en la elección de asambleístas se garantizará la igual participación de hombres y mujeres (Art. 147), mandato que ha sido interpretado con los criterios de paridad y alternancia en la Ley de Régimen Electoral Transitorio (2009) y la Ley de Régimen Electoral (2010) cuya implementación se ha traducido en el progresivo incremento de la participación.

Bolivia a la vanguardia. El avance más significativo de los resultados electorales se observa en la Cámara de Diputados, donde el mayor porcentaje alcanzado en elecciones anteriores era de 23% (2009) y que ahora alcanza 50%, superando ampliamente el promedio mundial de mujeres en los parlamentos que es de 22,2%; el de la región, que es del orden de 25,2%; incluso el de los países nórdicos, 42,1%, de acuerdo con el Mapa de las Mujeres en Política 2014 de la Unión Interparlamentaria y ONU Mujeres.

De consolidarse los resultados en la Cámara de Diputados, Bolivia se encontraría entre los tres países del mundo con mayor participación de mujeres en el Legislativo, superado solamente por Ruanda (63,8%) e igualando a Andorra (50%). Con relación a la participación en el Senado, Bolivia estaría entre los tres primeros países del mundo: Zimbabue (47,5%) el primero, Burundi (46,3%) el segundo y Bolivia el tercero.

Beni, con mayor presencia de mujeres. En la distribución por departamentos, Beni contaría con la mayor representación de mujeres, 58%, seguido de La Paz y Tarija con 54%, Santa Cruz con 50%; y con porcentajes menores: Cochabamba, 48%; Pando, 44%; Oruro, 38% y Potosí, el de menor presencia, con 35%.

De la representación descriptiva a la representación sustantiva. El gran desafío que deben encarar las nuevas legisladoras es sin duda pasar de la denominada “representación descriptiva” que, de acuerdo con (Giovanni) Sartori (1992), es “estar” en el lugar de otros sin que esto implique, necesariamente, “actuar en” nombre de otros, a una “representación sustantiva”, en la que ya no se trata de estar por otros/as, sino actuar en nombre de otros/as, defendiendo determinados intereses. De ahí que la principal demanda y expectativa de las organizaciones de mujeres respecto a la presencia de mujeres sea justamente transformar la práctica política, incorporando nuevas modalidades de articulación con la sociedad civil, enriquecer el debate sobre igualdad y equidad de género en el trabajo legislativo.

La paridad no es solo número. Haber alcanzado porcentajes tan importantes en participación de mujeres es una realidad y no un detalle menor, tiene implicancias simbólicas en la transformación de los imaginarios de nuestra sociedad, en los valores y acciones políticas de partidos y alianzas. La mayor presencia de mujeres debe traducirse en el impulso de una agenda legislativa comprometida con la equidad, desafiándose a cuestionar las estructuras de nuestra sociedad machista y patriarcal.

Hablar de paridad hace referencia a transformar estructuralmente las relaciones inequitativas de poder de nuestra sociedad patriarcal, cambiar la forma de distribución del poder, la riqueza y los beneficios del desarrollo. Nos habla de cambiar no solo en el espacio público, sino en todas las esferas de la vida y en particular en el espacio privado. Paridad hace referencia a compartir las responsabilidades y tareas de cuidado que han sido asignadas tradicional y casi exclusivamente a las mujeres; a la toma de decisiones sobre el propio cuerpo, lograr mayor atención a las problemáticas como la violencia contra las mujeres, transformar el ejercicio de poder de las organizaciones políticas, entre otras.

Las nuevas legisladoras tendrán la importante tarea de demostrar que la presencia de las mujeres no es un cambio cuantitativo, estético o solo demográfico, sino que puede transformar la cultura política, la institucionalidad y profundizar la democracia en nuestro país.

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