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Bolivia ‘trabajó’ su liderazgo en el G77

Dos gestiones de Bolivia influyen para ganar la confianza del G77: la negociación para la creación de una instancia de la ONU para atender desastres vinculados al cambio climático y   lograr ‘limpiar’ del documento de Río+20 la noción antes dominante de la ‘economía verde’, para posicionar otras formas de desarrollo.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont

00:05 / 01 de junio de 2014

Por qué se confía a Bolivia la coordinación general del Grupo de los 77+China precisamente en el 50 aniversario del mayor bloque negociador en la Organización de las Naciones Unidas (ONU)? ¿Por la imagen internacional del presidente Evo Morales, que logra presentarse como el primer mandatario indígena?, ¿por su discurso con fuertes elementos políticos muy afines a los principios promovidos en el pasado por el G77 en la ONU como, por ejemplo, el derecho al desarrollo o el derecho a la soberanía sobre los recursos naturales?, ¿por la gestión boliviana en los foros internacionales?

Aunque es difícil determinar la magnitud de su efecto, cada una de estas acciones llegaron a influir en el hecho de que los 134 países pongan su confianza y encarguen la presidencia anual del bloque a Bolivia.

Lo cierto es que en los últimos años hubo al menos dos gestiones concretas del país que de algún modo hicieron que Bolivia adquiera una posición expectable en el G77; gestiones que no fueron muy difundidas en la política internacional.

En ese sentido, el jefe de las delegaciones bolivianas a cumbres y convenciones sobre medio ambiente y desarrollo, René Orellana, relata dos actuaciones concretas en que el país fue clave: la creación de una instancia en la ONU para gestionar desastres naturales vinculados al cambio climático, y un parágrafo de importancia política sobre el derecho de cada país de escoger el modelo de economía que mejor le convenga.

Así, el jefe negociador representante de Bolivia señala que el “último logro” del país y del G77 fue haber conseguido que se apruebe, en la Conferencia Mundial de Cambio Climático en Varsovia (en diciembre de 2013), la creación de una nueva entidad en la ONU para hacer frente al impacto de eventos extremos como tifones, inundaciones o sequías, todos vinculados al cambio climático.

Esa entidad se llama Mecanismo Internacional de Varsovia para Reducir las Pérdidas y Daños Asociados a los Impactos del Cambio Climático, y tiene la función de proveer asesoramiento, acompañar con capacitación, transferencia de tecnológica, asistencia humanitaria y canalización de recursos financieros a los países en desarrollo cuando son impactados por eventos extremos, o también para fines preventivos frente a desastres, como sequías de larga duración, inundaciones, entre otros. Para lograr esta aprobación, Bolivia logró unir al G77 durante las negociaciones que duraron de 2011 a 2013. 

“Éste es un gran logro del grupo de los 77 que se ha gestado durante tres años. Acá, el G77 ha cerrado filas como un solo bloque y Bolivia ha dirigido y coordinado al grupo en ese tema por tres años. La coordinación de Bolivia de todo el G77, en este tema concreto, ya lo teníamos hace tres años”, remarca Orellana.

Martin Khor, director ejecutivo del South Center, organización intergubernamental de los países en desarrollo con sede en Ginebra, describe así la reunión de Varsovia: “Hubo un estallido de júbilo entre los delegados cuando en el último minuto de las negociaciones se aprobó el Mecanismo Internacional de Varsovia...”.

Pero, ¿cómo fueron las negociaciones? El jefe de la delegación boliviana cuenta que se utilizó una modalidad “muy rara” para el G77 y que se denomina “una sola voz”: “En una mesa estaban, al frente, los países desarrollados y de nuestro lado estaban todos los países en desarrollo, con sillas detrás, literalmente, de Bolivia. En esa disposición, una sola persona hablaba a nombre de los 135 países miembros del bloque, “esa persona era Bolivia”, que había logrado unir a su alrededor al resto desde hacía tres años, desde la Cumbre de Cancún sobre el Cambio Climático.

En esta línea, sobre las inundaciones de este año en el oriente del país, Evo Morales fue enfático al señalar que el cambio climático tuvo que ver con la intensidad de las lluvias. Otra negociación encabezada por Bolivia que influyó en ganar la confianza del G77 fue el documento que resultó de la Conferencia Río+20 titulado “El futuro que queremos”.Concretamente, el parágrafo 56 de este texto fue redactado y negociado por el país hasta que fue introducido.

Este parágrafo menciona: “Afirmamos que cada país dispone de diferentes enfoques, visiones, modelos e instrumentos, en función de sus circunstancias y prioridades nacionales, para lograr el desarrollo sostenible en sus tres dimensiones, que es nuestro objetivo general. A este respecto, consideramos que la economía verde en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza es uno de los instrumentos más importantes disponibles para lograr el desarrollo sostenible y que podría ofrecer alternativas en cuanto a formulación de políticas, pero no debería consistir en un conjunto de normas rígidas”.

“Uno se pregunta por qué es tan importante este parágrafo que parece tan obvio..., pues porque la economía verde venía como el modelo único y en los documentos oficiales de la ONU todo era economía verde”, apunta Orellana.

La economía verde es la que propone la ONU, sin embargo se la acusa de favorecer a las grandes empresas, impulsar la mercantilización de la naturaleza y al final de cuentas mantener el mismo paradigma.

Con este parágrafo se ha “limpiado el resto del documento de la economía verde” y se la ha reducido a “unas pocas menciones como herramienta, ni siquiera como una visión de desarrollo”, describe.

Este breve texto fue redactado por Bolivia y se lo posicionó junto a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) dentro del G77. “Fue una negociación muy difícil, salimos al pasillo, discutimos... Éste párrafo lo hemos peleado hasta el último segundo en Río+20”.

Tanto el logro de Varsovia como éste han ganado para Bolivia “un gran respaldo para asumir la presidencia y, por supuesto, en todo esto estuvo la conducción del Presidente, nosotros le íbamos informando qué aceptamos y qué no. Se siguió con la guía del canciller (Choquehuanca) y del Presidente”. “Esas gestiones fueron importantes e influyeron, pero no fueron determinantes”, dice el embajador adjunto a la ONU, Reymi Ferreira.

Ambas influyeron, sin duda, sin embargo, la razón de que el G77 confió su coordinación a Bolivia es porque “se necesitaba a un país con fuerza y propuestas en el campo exterior. Bolivia en los últimos años ha ganado mucha fuerza internacional. A eso se suma el liderazgo del presidente Morales”, apunta.

En cuanto a las propuestas bolivianas en el campo internacional, Ferreira resalta las relativas al tema del agua como derecho humano y el concepto de la soberanía alimentaria. “No obstante, Bolivia siempre ha planteado el Nuevo Orden Económico Internacional. Mucho más los últimos ocho años, ése es un elemento que también ha influenciado en la elección de Bolivia”, concluye.

Finalmente, el país ha intentado incidir en el G77 en el principio de armonía con la naturaleza, aunque el bloque (compuesto por países muy heterogéneos) aún no lo expresa con toda la contundencia con que lo hace Bolivia. ¿Será entonces ésa la próxima agenda?

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