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Bolivianos, ‘comunitarios’ pero muy desconfiados

En 2017, por primera vez en Bolivia se aplicó la prestigiosa ‘Encuesta Mundial de Valores’.

Bolivianos, ‘comunitarios’ pero muy desconfiados.

Bolivianos, ‘comunitarios’ pero muy desconfiados.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos / La Paz

00:00 / 13 de junio de 2018

En comparación con 60 países de todos los continentes, en Bolivia, el llamado asociacionismo —la tendencia a formar grupos y organizarse bajo cualquier forma— alcanza un índice que es el doble del promedio mundial (ver el gráfico 1 adjunto), es una de las conclusiones de la Encuesta Mundial de Valores (EMV), un sistema de medición internacional que se lleva a cabo desde hace 40 años en el mundo y que se aplicó por primera vez en el país en 2017.

“En Bolivia, hasta para pelearnos nos juntamos”, decía Domitila Chungara en su exilio en Suiza en los años 90, y, como se ve, aún tiene razón. Pero, en contra de esta tendencia ‘comunitaria’, a formar comunidades, no deja de ser paradójico que la EMV haya encontrado que los bolivianos al mismo tiempo somos “sumamente desconfiados”, tanto entre nosotros (ver el gráfico 3) como “con los inmigrantes, los extranjeros y las personas con otras religiones, o, incluso, con orientaciones sexuales distintas”, destaca el libro que sobre la reciente encuesta publicó hace poco el Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Vicepresidencia, y que oficialmente será presentado a fines de este mes.

La EMV, un “programa de estudio de los valores y las actitudes de los ciudadanos” que se aplica en más de 100 países en distintas rondas (ya van seis, y Bolivia es el primero en la séptima), tiene al menos dos grandes atributos: proporciona un instrumento para conocer con base científica lo que se llama la idiosincrasia de un país, y, dos, como se trata de una encuesta estándar aplicada a todos los países (con algunas variaciones para adecuarse al contexto), permite comparar distintos ámbitos geográficos; siendo esto acaso una de sus mayores potencialidades.

La EMV fue aplicada en Bolivia entre enero y marzo de 2017; su muestra es de 2.067 encuestados en 35 municipios de todos los departamentos; con base en la institución que creó el instrumento, la WVS (EMV en inglés), aparte del CIS, participan en este trabajo la Comunidad de Estudios Sociales y Acción Pública Ciudadanía; los fondos de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y para la Población (Unfpa); y la confederación de ONG, Oxfam.

Asociacionistas pero desconfiados, esta es una “aparente paradoja”, destaca el coordinador académico de la EMV en Bolivia (y parte del CIS), Guillermo Guzmán. La intuición puede decirnos que a una sociedad de alta tendencia al asociacionismo es natural que le corresponda un alto nivel de confianza entre sus individuos; “pero los datos nos dicen exactamente lo contrario: somos uno de los países más desconfiados”.

“La cuestión es, señala Guzmán, cómo explicamos esta aparente paradoja”. Y arriesga una hipótesis, la suya, no del CIS, con base en las teorías del filósofo inglés Thomas Hobbes (1588-1679): que el Estado en Bolivia acaso se asiente sobre todo en el miedo, en el temor mutuo. “Nuestra tendencia al asociativismo puede ser una respuesta a nuestra poca confianza interpersonal”.

Pero para eso está la encuesta, para “abrir puertas de investigación”; lo reciente publicado es un primer informe, de los resultados más llamativos, pronto vendrá uno segundo, sobre la encuesta a adolescentes, y, a fin de año, el informe final.

Pero también es significativo que los niveles de confianza bajos sean una característica de los países latinoamericanos (todos por detrás del promedio general), como se ve en el gráfico 2, y que Bolivia esté entre los más bajos promedios: “apenas uno de cada diez bolivianos cree que se puede confiar en la mayoría de la gente; el otro 90% dice ser muy desconfiado con los demás”, señala el informe. Otro indicador de la alta desconfianza boliviana es su recelo con las personas de otra nacionalidad: sólo Perú le gana a Bolivia en esta escala. (Ver el gráfico 3)

La EMV también indaga acerca de lo que llama el “grado de satisfacción con la vida” (Ver el gráfico 4). Bolivia está sobre el promedio global en cuanto a que la gente dice sentirse más satisfecha con su vida, un indicador que, sin embargo, es común a los países latinoamericanos. Un dato llamativo aquí, afirma Guzmán, es el  optimismo de las nuevas generaciones; la percepción de que el futuro que les espera es mejor que el que tuvieron sus padres. “Esto no quiere decir, tampoco, que realmente la vida que les espera a los jóvenes vaya a ser mejor que la de sus padres”. Es una expectativa, pero en cualquier caso “es valiosa porque empuja a las nuevas generaciones a emprendimientos, a educarse, es como un futuro que hay que añorar o buscar”.

En lo relativo a la religiosidad de los bolivianos, la EMV encuentra, como dice Guzmán, que “la única novedad es que no hay novedad: seguimos siendo tan religiosos como antes”, esto contra la expectativa de algunos investigadores sociales, “que esperaban un menor nivel de religiosidad en la sociedad boliviana”, sobre todo luego de que desde 2009 (año en que se promulgó la nueva Constitución) aparentemente se dio un gran impulso al “Estado laico”. Por lo menos da para dudar “de qué tan laicos somos”, destaca el investigador.

Pero lo que también halla la encuesta es, como dice el texto, que siendo Bolivia un país religioso, y “a pesar de nuestro sincretismo, los bolivianos somos potencialmente intolerantes”. Como ilustra el gráfico 5, Bolivia está sobre el promedio global y en el ala de menor tolerancia en torno a la pregunta de si el encuestado considera que “la única religión válida es la suya”; de hecho tiene el índice más alto entre los países de América Latina. “Lo anterior sugiere que hay algo particular en la construcción de la religiosidad que lleva a la población boliviana a rechazar cultos distintos al propio y que genera actitudes potencialmente intolerantes en el país”, concluye al respecto el informe sobre la EMV.

En lo relativo a la equidad de género, no deja de sorprender el hallazgo de la encuesta: “Los bolivianos promovemos la igualdad de género ‘de puertas para afuera’, reconociendo el rol de las mujeres en ámbitos políticos y productivos, pero sin cuestionar los roles de género tradicionales dentro del hogar”, según consigna el libro recientemente publicado. Hay una contradicción en los criterios de género entre la vida pública y la privada; se es bastante “progresista” en lo primero, y “conservador” en lo segundo. Por ejemplo, tiene un alto grado de aceptación la idea de que “los hijos sufren cuando la madre trabaja fuera de casa” o aquélla de que “ser ama de casa es igual de satisfactorio que tener un trabajo pagado”.

Espere…

Acerca de las preguntas que tienen que ver con la percepción y los valores democráticos entre la población boliviana, la EMV encuentra datos no poco interesantes. Por ejemplo, cuando se indaga sobre qué es lo que se considera esencial para que exista la democracia, las respuestas van desde el índice más alto al más bajo en el siguiente orden. Democracia es: primero, “igualdad entre hombres y mujeres”; segundo, “elección libre de autoridades”; tercero, “vigencia de los derechos y de las libertades de la población”; y, en cuarto lugar, la democracia es “la obediencia de la gente a las autoridades”.

Sobre el medio ambiente, es peculiar el hallazgo de la EMV: “Los bolivianos mostramos una preferencia clara por la conservación del medio ambiente por encima de las necesidades de desarrollo...”

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