Animal Político

Brasil Quo Vadis?

Se constata la división del país, notándose que los estados del Norte y del Este, que contienen mayor cantidad de pobres, apoyan a Rouseff; en cambio, en los estados del Sur y del Oeste, donde están asentadas muy importantes usinas industriales y cuyo estándar de vida es más alto, los pobladores siguen a Neves.

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Antonio Carrasco

00:00 / 26 de octubre de 2014

Ninguna campaña política produjo, en los últimos meses, tanta expectativa como el balotaje que se realiza hoy día, 26 de octubre, en Brasil, cuando decenas de millones de ciudadanos decidirán escoger entre dos candidatos presidenciales que representan escuelas de pensamiento económico y político no solo disimiles, pero  además antagónicas.

Según las últimas encuestas, el empate técnico aumenta la tensión entre el electorado y el suspenso se hace angustioso dentro y fuera del inmenso territorio, toda vez que la incidencia geopolítica de Brasil tendrá obvio impacto tanto en su vecindad circundante, como en el resto del mundo. Llevando este juicio in extremis, en Uruguay, su pequeño vecino que también celebra elecciones el mismo día, el presidente José Mujica llegó a decir que lo que acontezca en los comicios brasileños tendría repercusiones de vida o muerte para su nación.

En efecto, el resultado de ese duelo electoral se sigue de cerca en Europa, habida cuenta que la interdependencia con la séptima potencia económica es insoslayable en el desenvolvimiento comercial del viejo continente. En los Estados Unidos se observa con atención la suerte de la presidenta Dilma Rousseff, que en los dos últimos años mantuvo una actitud distante con el presidente Obama, entre otros motivos, por el supuesto espionaje telefónico de los servicios americanos. Ese detalle determinó que incluso cancelara abruptamente el banquete de Estado que la Casa Blanca tenía organizado en su honor. Por ello, se piensa que el triunfo de su rival Aécio Neves significaría un acercamiento con la concepción de acuerdos de libre comercio que pregona Washington.

Evidentemente, en su plataforma programática, Aécio Neves no fue avaro en proclamar su inclinación por un mejor entendimiento con los Estados Unidos, la Unión Europea y las potencias emergentes de la cuenca del Pacífico. Neves, consciente de que el epicentro de la economía mundial está virando vertiginosamente hacia esa área, cree conveniente seguir esa corriente. Es por este mismo motivo que en el plano regional mostró su preferencia por aproximar al Brasil hacia la Alianza del Pacífico ( México, Colombia, Perú y Chile, más observadores) para estimular las exportaciones brasileñas a través de ese costado.

En el plano interno, el carismático expresidente Luiz Inacio Lula da Silva se mostró ostensiblemente al lado de la Presidenta, y consiguió, en parte, revertir la tendencia hacia abajo de la candidatura oficial. De ese modo logró la ecuación del empate técnico.

División. Sin embargo, se constata la división del país, a todo nivel, notándose que los estados del Norte y del Este, que contienen mayor cantidad de pobres, apoyan a Rouseff, en cambio en los estados del Sur y del Oeste, donde están asentadas muy importantes usinas industriales y cuyo estándar de vida es más alto, los pobladores siguen a Neves.

Las frenéticas campañas que oponen al Partido de los Trabajadores (PT) y al Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) ostentan en las calles sendos distintivos: rojo para los primeros y azul para los segundos. Pocos son los indiferentes ante esta tajante división, en la que tomar partido es un imperativo cívico.

El seguimiento mediático del de- senlace final de esta contienda civil es por demás divertido, pues se hacen las cábalas más fantasiosas y se percibe la lucha por el poder con igual entusiasmo que durante el gran final de la Copa del Mundo.

Otros analistas pregonan una drástica muda en las líneas maestras de la política externa, en caso de que los votos favorezcan a Aécio Neves. Por mi parte considero que la cancillería brasileña, conocida como Itamaraty, es una potencia por sí misma, bien arraigada en la estructura constitucional de esa República Federativa, desde la época del Barón de Río Banco y su perseverancia diplomática frenará cualquier intento del Ejecutivo de alterar su conocida prudencia con un brusco cambio de timón. Efectivamente, el hielo polar que caracteriza la gestión de Dilma en sus relaciones con Washington, con Neves podrá subir de temperatura, ponderando lo positivo y restringiendo lo odioso. Igual temperamento se espera en las vinculaciones de Brasilia con los países del Alba (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) y las otras entidades tales como Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) y la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños). Seguramente se desacelerará el entusiasmo inicial augurado con ellas y no se desechará una aproximación estratégica con la Alianza del Pacífico.

En cuanto se refiere a Bolivia, la lucha frontal contra el narcotráfico preconizada en la campaña de Aécio Neves, comprendía un riguroso control  fronterizo (en 3.600 kilómetros lineales) y ofrecía ejercitar una severa admonición al gobierno de La Paz, para que intensifique el control del tráfico de drogas que se extiende a suelo brasileño. Desde aquel discurso, algo varió en las relaciones entre los dos vecinos. El presidente Morales recogió en las últimas elecciones el 61% de sostén de la población boliviana constituyéndose en un interlocutor fuerte para dirimir los problemas bilaterales. Esa dimensión cuenta mucho.

Por lo tanto, si es Dilma la elegida, las relaciones continuarán sin mayor gravedad, con una revisión prolija de las ventas de gas; además, se hallará algún modus vivendi que mitigue las espinas implantadas en el camino  bilateral por el refugio acordado por Brasilia a connotados adversarios del régimen masista.

En cambio, si Aécio Neves es ungido al Palacio de Planalto, la presión brasileña en la región tendrá impacto entre sus vecinos, particularmente en los más vulnerables como Bolivia, Paraguay y Uruguay. Para enfrentar esa nueva situación, contará mucho la acción que desplieguen los respectivos embajadores acreditados en La Paz y en Brasilia. Lamentablemente, hace casi tres años que Brasil no acreditó embajador ante el gobierno de Morales. Actitud inusual porque, de ordinario, no solamente los mantenía ininterrumpidamente, sino que destinaba como sus enviados al Palacio Quemado, a sus más fogueados diplomáticos. Cortesía que en los últimos tiempos no fue recíproca por parte de La Paz. Entretanto, esperemos que a partir de esta noche el pueblo brasileño se regale un destino promisor.

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