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‘Calica’: 1952 dejó huella en guevara

En su primer viaje a Bolivia, Ernesto y su amigo de infancia ‘Calica’ vieron que aún persistían las diferencias sociales.

Foto: Libro Los viajes del Che por Sudamérica –  Alberto Granado y Calica Ferrer (Marea Editorial)

Foto: Libro Los viajes del Che por Sudamérica – Alberto Granado y Calica Ferrer (Marea Editorial)

La Razón (Edición Impresa) / Aline Quispe / La Paz

00:00 / 15 de octubre de 2017

Las transformaciones de la Revolución del 9 de abril de 1952 en Bolivia incidieron en la formación política de Ernesto Che Guevara debido a que favorecían a las mayorías. El argentino-cubano tenía 25 años y quedó impresionado con esos cambios durante el primer viaje que hizo al país, en 1953, junto con su amigo de infancia, Carlos Ferrer, a quien llamaban Calica. Empero, el Che también palpó que aún persistían marcadas diferencias sociales.

“Siempre digo que para la formación política de Ernesto, la Revolución de 1952 que atravesaba Bolivia en ese momento fue muy importante porque tenía la intención de favorecer a las mayorías y nosotros veíamos este hecho como revolucionario”, afirma Calica en una entrevista con La Razón desde Buenos Aires.

Era el segundo periplo de Guevara de la Serna por América Latina (1953-1956) ya que el primer viaje lo realizó con su otro amigo Alberto Granado e inspiró la película biográfica Diarios de Motocicleta.

El 10 de julio de 1953, Calica y el Che llegaron a la ciudad fronteriza de Villazón (Potosí) sin complicación y con ansias de conocer los cambios sociales que generaba el gobierno revolucionario. Ernesto ya había superado el ataque de asma que le afectó en la estación final de su recorrido en tren en La Quiaca (Argentina) y la altura le sentaba bien.

En ese punto tomaron otro tren con rumbo a La Paz y mientras viajaban divisaron en el fondo de una quebrada el impresionante nevado Illimani. El 14 de julio llegaron a la sede de gobierno, a la que Ernesto calificó de “la Shangai de América”, cuenta Carlos Ferrer en su libro De Ernesto al Che publicado en 2005.

Calica cita en el texto que la ciudad los deslumbró por su arquitectura colonial, sus calles empinadas y la fe expresada por el pueblo en sus iglesias: “la influencia de la cruz era evidente”, así como los “collas” (campesinos) que la inundaban con sus vestimentas llamativas, su paso cansino y sus rostros inexpresivos. “Pero lo que más nos impactó fue toparnos en la ciudad con la Bolivia revolucionaria: por todas partes pululaban grupos de milicianos armados que recorrían las calles”, asegura Carlos.

En abril de 1952, en Bolivia se produjo una insurrección popular que derrotó a las fuerzas militares de la dictadura de Hugo Ballivián y permitió el ascenso de Víctor Paz Estenssoro y el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) al poder. La medida se dio debido a una crisis política que se generó por la conformación de una junta militar tras el triunfo electoral del MNR en 1951. La Revolución Nacional trajo consigo la nacionalización de las minas quitándoles el poder a los llamados barones del estaño; el voto universal, que incorporó a la población indígena y a las mujeres; la Reforma Agraria, con la que se dotó tierras a los campesinos que las trabajaban; y la Reforma Educativa.

El amigo del Che asegura que con Guevara estaban sorprendidos del poder minero e indígena que había en el país. Una muestra era la impresión que les causaba las protestas protagonizadas por los trabajadores del subsuelo con sus ametralladoras por la avenida 16 de Julio (El Prado), y que ambos jóvenes presenciaron algunas veces desde la terraza del hotel Sucre, cuando sus paisanos los invitaban a comer o sus fiestas.

Calica confiesa que la idea de venir al país fue de Ernesto y que uno de los motivos fue “estrictamente político y social”. En su libro, dice que “Bolivia era como una mosca blanca en una América infectada de dictaduras militares y gobiernos autoritarios”.

Detalla que entonces gobernaban los dictadores Manuel Odría en Perú; Gustavo Rojas en Colombia; Marcos Pérez en Venezuela; Alfredo Stroessner en Paraguay; y en Centroamérica, Fulgencio Batista en Cuba; Anastasio Somoza en Nicaragua y otros.

Pese a la buena impresión que les causó Bolivia, Ferrer desvela que con el Che también evidenciaron que los indígenas aún eran discriminados. Relata que cierto día, mientras tomaban un café en una confitería de La Paz, una señora estaba sentada en otra mesa y compartía una merienda con sus hijos y la collita (la campesina) que cuidaba a los niños estaba sentada en el suelo y le daban las sobras de los sándwiches.

“A Ernesto como a mí nos impresionó mucho esa diferencia social, no podíamos creer que eso pudiera ocurrir en pleno siglo XX”, expresa. Para ellos era fácil advertir estas diferencias ya que viajaban casi sin dinero, “muy en contacto con el pueblo”.

En tanto, narra Calica en su libro, en Cuba se producía un hecho que marcaría la vida de Ernesto: la primera acción revolucionaria comandada por Fidel Castro (entonces de 26 años), el 26 de julio de 1953, para derrocar a Batista. La revuelta fracasó y los militares asesinaron a casi 70 jóvenes; entre los sobrevivientes apresados estaban Fidel y su hermano Raúl.

Calica señala que Ernesto no tenía idea de cuál sería su destino y entre bromas y un poco serio le dijo: “En alguna guerrita nos vamos a meter”, como una premonición.

Días después emprendieron su viaje a la mina de wólfram Bolsa Negra (La Paz), que había sido nacionalizada, y en su estadía les impactó que a metros de la salida del yacimiento los ingenieros que guiaron su visita les mostraron unas ametralladoras que apuntaban al campamento minero, que antes de la revolución eran usadas contra los trabajadores cuando pedían mejoras salariales o mejores condiciones laborales.

Calica afirma en su texto que Ernesto, pese a que admiraba la Revolución, también la criticó y la llamó sarcásticamente la “revolución DDT”; la frase la acuñó luego de que visitaron al ministro de Asuntos Indígenas, Ñuflo Chávez —un campesino titulado de abogado— que recibía a las delegaciones indígenas para plantearle sus necesidades, pero antes de entrar los espolvoreaba con insecticida “porque tenían piojos”.

Los viajes del Che por Latinoamérica terminaron de cambiar su visión del mundo, dejaron huella en su formación política. Así, 14 años después, en 1967 inició una guerrilla en Ñancahuazú (Santa Cruz) con la idea de que desde Bolivia se geste la transformación. “Ernesto fue especial y la historia lo ve como un símbolo revolucionario, el hombre que buscaba justicia”, destaca Calica.

El Che casi muere en el Titicaca

Después de su visita a las ruinas de la ciudadela inca de Machu Picchu, en Perú en 1953, Ernesto Che Guevara soñaba con conocer el lago Titicaca, que además de ser el más alto del mundo, tenía en el centro a la Isla del Sol, que atesoraba unas ruinas incas. Y allí el argentino y su amigo de infancia Carlos Ferrer, Calica, estuvieron a punto de perder la vida.

Calica cuenta en su libro que el Che siempre le hablaba de su impotencia al contrastar el glorioso pasado indígena de las civilizaciones de esta parte del continente con la nueva realidad de sus descendientes, que vivían pobres, excluidos y oprimidos.

Conocer la Isla del Sol era uno de sus grandes deseos, por eso se embarcaron en un viaje en bote y al llegar a tierra firme debieron caminar por dos horas para poder llegar hasta lo que el Che llamaba el templo del Sol. Al volver, narra Calica, llovió tanto y tan intensamente que atravesar el lago se convirtió en una hazaña de alto riesgo; el campesino rezó a la Pachamama y recitó el Padre Nuestro una y otra vez. Ambos le ayudaron a remar con todas sus fuerzas y solo así sobrevivieron. “Creí que no contábamos el cuento”, dice hoy Calica.

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