Animal Político

¿Cambiará el mapa político actual?

Tras una recapitulación de las últimas elecciones, desde 2005 se ve cómo se han desempeñado las organizaciones políticas de la oposición queriendo encontrarse a sí no sólo desde el origen de su debacle, sino también sobre sus desafíos hacia 2014.

La Razón / María Teresa Zegada

00:00 / 17 de marzo de 2013

Faltan aproximadamente 20 meses para las próximas elecciones nacionales. El debate actual está centrado, por un lado, en las posibilidades jurídicas de reelección del actual Presidente, que con seguridad se resolverán a su favor; y por otro, en los atisbos de alianzas que intenta realizar la oposición para hacer frente, de manera más eficiente que en elecciones anteriores, al mayoritario partido oficialista. Lo demás entra en el campo de la especulación o de las proyecciones estadísticas que no corresponde realizar aquí.

Para mirar hacia 2014, recorreremos las tendencias electorales anteriores, las características de las actuales opciones políticas, así como sus desafíos futuros. Las elecciones de diciembre de 2005 han trazado una nueva configuración en el mapa político boliviano mediante el recambio de las élites políticas, el desplazamiento y virtual desaparición —por la vía electoral— de los partidos que habían hegemonizado el escenario político en las dos últimas décadas. Por otra parte, la mayoría absoluta obtenida por el Movimiento Al Socialismo (MAS) en alianza con el Movimiento Sin Miedo (MSM) (53,7%) ha roto con la habitual práctica de la “democracia pactada” y ha centralizado la representación en una fuerza claramente hegemónica. Por último, el sistema de partidos ha experimentado una importante mutación, pues de un sistema pluralista ha transitado hacia un sistema de partido hegemónico junto a la presencia cada vez más débil de opciones opositoras.

En la misma elección, la principal fuerza opositora, Poder Democrático y Social (Podemos), obtuvo el 28,6% de los votos; Unidad Nacional (UN), el 7,8%, y el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), el 6,5%. Entre los tres sumaron el 42,9% de los sufragios. Sin embargo, la acumulación de votos obtenidos, así como su presencia física en el Congreso, resultaron en la fragilidad y volatilidad opositora. Podemos presentaba una debilidad de origen, pues se conformó como una agrupación ciudadana que acogió a diversos sectores políticos como los regionalistas del oriente, militantes de la antigua coalición Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR)-Acción Democrática Nacionalista (ADN) y algunos intelectuales progresistas que se sumaron al proyecto del MAS, lo cual revela una falta de coherencia y cohesión ideológica interna, y la ausencia de disciplina partidaria a la hora de asumir decisiones. El otro partido de oposición relevante, UN, tuvo una experiencia parlamentaria parecida, pues sus pocos representantes optaban por posiciones personalistas antes que orgánicas, aunque, a diferencia de Podemos, intentó mantenerse en el “centro político”.

En las siguientes elecciones nacionales de 2009, el oficialismo nuevamente se impuso, esta vez con una mayor votación (63,9%) y la oposición se agrupó en siete frentes, entre los más importantes PPB-CN (Plan Progreso para Bolivia-Convergencia Nacional) con el 26,7%, encabezado por Manfred Reyes Villa; Samuel Doria Medina alcanzó el 5,7%, y René Joaquino, de Alianza Social (AS), el 2,3%. La votación acumulada por estas fuerzas descendió en aproximadamente el 7% con relación a 2005. Si bien el MAS incrementó su votación en el territorio nacional, la oposición mantuvo ciertos territorios cautivos, sobre todo en el oriente boliviano y en las ciudades capitales de Sucre, Tarija, Cochabamba y Potosí.

La volatilidad de los partidos de oposición ha sido muy alta en los últimos años. Si comparamos los partidos que se presentaron en los dos últimos comicios nacionales constatamos que de los ocho partidos que se presentaron en 2005 (con excepción del MAS), sólo uno se mantiene como sigla para las elecciones nacionales de 2009, UN; el resto o perdieron la sigla o se reagruparon y reciclaron en otros frentes políticos. De alguna manera, PPB-CN en 2009 recogió la identidad y votación de Podemos, principal fuerza de oposición en 2005, mientras los demás no rebasaron el 3% en ambos comicios.

En un momento de crisis de los partidos, UN y MSM han optado por construir estructuras partidarias, no así agrupaciones políticas. Ambos con una raíz común en el MIR de los 70, aunque con tendencias ideológicas y derroteros distintos. Coincidentemente ambos tienen su principal presencia electoral en La Paz (por el origen político de sus líderes), frontera que aún no logran rebasar.

Ambos afincan su representación en la clase media, mestizos, urbanos y sectores populares y no privilegian una adscripción étnica, campesina o corporativa, a diferencia del MAS, cuya base es esencialmente sindical.

UN ha ejercitado la iniciativa de una fórmula de unidad con la que ha participado exitosamente en Sucre, Quillacollo y en el Beni, junto al exgobernador Ernesto Suárez, el apoyo del MNR y en su caso de Verdad Democrática y Social (Verdes), sin que ello quiera decir que se pueda proyectar ese mismo éxito en el ámbito nacional. Por su parte, la agrupación Verdes, que surgió desde la Gobernación de Santa Cruz en torno a la figura del actual gobernador Rubén Costas, decidió proyectarse en el espectro nacional, considera que el apoyo expresado en Santa Cruz puede replicarse en todo el país, tomando en cuenta, además, el peso poblacional que tiene ahora esta región.

El MSM, que estuvo manteniendo una posición “independiente”, ha optado en las últimas semanas por buscar alianzas con fuerzas menores del oriente, sin mayores coincidencias ideológicas, como la agrupación del senador Germán Antelo, probablemente en un giro hacia un pragmatismo preelectoral. Por su parte, el frente PPB-CN no cuenta con una estructura organizativa, es una sumatoria de personalidades o fracciones de antiguas organizaciones sin vida orgánica ni disciplinaria. Por último, existen otras opciones que están en proceso de conformación y provienen en su mayoría de la disidencia del MAS, que por ahora se limitan a la presencia mediática de figuras públicas y discursos altamente críticos.

Así, los desafíos para las organizaciones políticas son enormes, considerando tanto las condiciones de hegemonía del actual partido gobernante como las debilidades propias de sus desempeños. Si bien los escenarios futuros están indisolublemente ligados a las condiciones del contexto, también responden a la capacidad de los actores de convertirse en sujetos, movilizar recursos de poder efectivos y simbólicos y actuar en el campo político.

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