Animal Político

¿Cambiarte el género para solidarizarte?

El cambio de identidad de género no es un trámite burocrático; implica otros grandes cambios.

La Razón (Edición Impresa) / Isabella Carranza es mujer trans

15:00 / 24 de mayo de 2018

En Bolivia, el 21 de mayo de 2016 se promulgó la Ley 807 de Identidad de Género; en virtud de ésta, las personas transexuales y transgénero, quienes no estén conformes con su sexo asignado al nacer, pueden cambiar el dato de sexo, nombre e imagen en todos sus documentos de identidad. Esta ley es completamente binaria para considerar a personas transgénero y transexuales como mujeres y hombres ciudadanos de este país.

En países como Australia, Nueva Zelanda, Nepal, Pakistán, India y Canadá este tipo de leyes son aún más amplias y contemplan varias opciones de identidad, como ser el género neutro, y no solo el binario (masculino-femenino). Estas normas aplican a personas intersexuales, antes conocidas como hermafroditas, y a personas que no se consideran ni hombres ni mujeres y que puedan optar el acceso a esta tercera identidad legal.

Hace unos días, el señor Diego Aramburo, dramaturgo cochabambino, presentó su obra llamada Genero (sin tilde) donde, según él (claramente fuera de todo conocimiento), quiere llegar a crear espacios de reflexión sobre su cambio de género de hombre a mujer a través de la Ley 807, queriendo mostrar las reacciones y dificultades por las que las personas trans atraviesan al cambiar de género en toda su documentación (siendo carente totalmente de una empatía hacia la lucha de años de la Comunidad Trans). Porque “la mujer” en cuestión no se considera, ni se siente mujer, por lo tanto, no es una persona transgénero.

El señor Aramburo dice hacer este cambio de identidad para renunciar a ser ‘’hombre’’, por no gustarle la construcción social que tiene el varón en la sociedad. El señor Aramburo dice también hacer este cambio por empatía con las personas trans. Sin darse cuenta de que al usar arbitrariamente una ley (sin nada más que fines publicitarios), que lleva años de lucha de la comunidad LGTBI, se mofa de ésta, haciendo parecer que el cambio de identidad de género es un mero trámite burocrático y desmereciendo todo el proceso que esto conlleva; a eso sumarle la dura metamorfosis que esta transición conlleva, ya que nacer de un sexo y cambiar al otro implica grandes cambios biopsicosociales.  

Esta acción irresponsable del señor Aramburo puede dar pie a que personas inescrupulosas, chicaneras, y con mucha viveza criolla utilicen esta ley para cubrir vacíos legales y sacar beneficios personales sobre una ley que tiene la única función de proteger a una comunidad.

En mi criterio, toda persona que no se considere hombre ni mujer debe optar por el género neutro, aunque aún no esté vigente en Bolivia. Por eso es que anhelamos tener activistas que busquen la legitimación del género ‘’no binario o género X”. Así, personas como el señor antes mencionado podrán cambiar de género a uno neutral. Sin confundir a la sociedad.

Al final del día, se tiene una obra de teatro más concluida, los telones se cierran, aplausos y abucheos al dramaturgo le llegan, pero a él le encanta. En el suelo, pisoteada por la indiferencia e ignorancia de aquellos que le aplauden, queda la Ley 807.

Activista de la comunidad LGTBI (Lesbiana, Gay,

Transexual, Bisexual, Intersexual) boliviana. 

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