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Campañas por el No y el Sí apelan al miedo

Coinciden la campaña por el Sí y el No en apelar al temor en sus mensajes. A partir de ahora, el contenido de las campañas  tendrá además el reto de lograr captar la atención de los votantes  en medio del bullicio del Carnaval.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont

00:08 / 01 de febrero de 2016

De acuerdo con el contenido de las campañas electorales tanto por el Sí como por el No, el futuro que espera a los bolivianos (gane indistintamente cualquiera de las opciones) es oscuro. Parecería que solo un empate 50-50 podría salvar al país de la catástrofe del “neoliberalismo” (que dice el MAS que retornará fatalmente si gana el No) o de la “dictadura absolutista” (que dice la oposición que se instalará en caso de que gane el Sí).

Muy posiblemente ambos mensajes sean alarmistas, sin embargo, también es posible que al menos una de las dos intimidaciones tenga algo de verdad. El votante tendrá que discernir cuán verosímil es la posibilidad de un “retorno” de Gonzalo Sánchez de Lozada a Bolivia o cuán probable es que suceda un deterioro absoluto de una democracia vigente ya desde hace 35 años.

Otro punto en común en la forma de los mensajes, según el analista Armando Ortuño, es que ambas son “erráticas en términos de contenido y estrategia”, mientras que para el analista Julio Aliaga ambas siguen “muy bien el libreto” que dictan las encuestas que son públicas y los resultados de grupos focales a los que tuvo acceso.

A dos semanas de comenzada oficialmente la campaña electoral, aunque ya con más de dos meses de una suerte de precampaña, ¿cuáles son los rasgos centrales de los contenidos que cada frente pretende posicionar.

EL MENSAJE DEL SÍ. Es notorio que el oficialismo ha intensificado su participación en entrevistas en medios televisivos y radiales. Esto partió del mismo presidente Evo Morales, en general inaccesible para la prensa nacional e incluso internacional. Se vio a Morales en un desfile por diversos programas nocturnos de opinión e incluso en revistas televisivas matutinas de distintos canales privados. La línea fue dada y sus subalternos (aunque de alto rango) la siguieron sin dubitar, por lo que se vio al Vicepresidente y ministros con una inusitada accesibilidad en diversos medios. Pero, ¿cuál es el mensaje central del Movimiento Al Socialismo (MAS) con el que busca el voto por el Sí?

Ortuño sintetiza el mensaje central del MAS, el cual empezó unificado con el leitmotiv siguiente: “El Gobierno ha traído estabilidad econó-mica al país y tiene un proyecto de futuro para sostener esa estabilidad, para eso es necesario que el liderazgo se mantenga”.

En una campaña electoral el mensaje debe ser sencillo y claro. Inicialmente, esas características fueron cumplidas por el MAS. No obstante, en determinado momento el oficialismo comenzó a irse por las ramas. “De pronto comenzó a meterse en polémicas. El mensaje de estabilidad, que es positivo, comenzó a volverse negativo al introducirse la lógica del miedo: ‘todo se puede caer si no se vota por el Sí’”, dice Ortuño.

El ejemplo más radical de esto y que provocó un sinfín de burlas fue lo dicho por el vicepresidente Álvaro García Linera, quien vaticinó que el sol y la luna no volverían a salir y todo sería tristeza. Sin embargo, hay otras narraciones más concretas que apelan también al miedo, como lo anunciado varias veces sobre el retorno de políticos del neoliberalismo, con culpas penales, al país.

Entonces el MAS comenzó a decir que Carlos Sánchez Berzaín, de escaso sino nulo influjo, estaría detrás de la campaña por el No. Este mensaje hace perder fuerza —según Ortuño— a la ecuación inicial de “repetición de liderazgos igual a estabilidad económica”.

El analista Franco Gamboa apunta que la campaña del MAS no varía de otras que ha realizado: entrega de obras con un discurso de polarización, desechando todo lo que fue el pasado, todo “ligado a la figura personal e ‘irreemplazable’ de Morales más una gestión ‘inmejorable’”.

“Esto es reforzado por el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP), que anula y descoloca al Tribunal Supremo Electoral (TSE) con relación a la restricción de transmisión de entrega de obras por más de 15 minutos”.

Este fallo, entonces, no sería poca cosa, ya que —como Gamboa explica— la entrega de obras sería una parte fundamental de la campaña por el Sí y el espacio adecuado para difundir la otra parte del mensaje: la condición de Morales de insustituible, más una gestión “inmejorable”, más dar por obsoleto todo lo hecho en el pasado anterior a 2006. “El Tribunal Constitucional marca una ventaja para el MAS al menos en lo mediático”, dice Gamboa.

EL MENSAJE DEL NO. En la campaña del No, por el mismo formato de un referéndum (una votación sin candidatos stricto sensu, si bien eso no quita que pueda haber liderazgos) la campaña es fragmentaria. Según Ortuño, hace dos meses, su mensaje era fuerte, sencillo y claro. Se intentaba posicionar la preocupación respecto a la acumulación de poder apelando a los sentimientos democrático liberales de los ciudadanos.

Hubo éxito según las encuestas que dan una ligera ventaja al No tanto en el área urbana como rural. Hasta ahí, todo bien. Sin embargo, desde el momento en que diferentes líderes de la oposición partidaria empezaron a disputarse, sin éxito, el liderazgo de la campaña, el mensaje comenzó a fraccionarse.

“Es más confusa aún que la campaña por el Sí”, indica Ortuño. Con el mensaje inicial hubo éxito, pero a partir de la pugna por el liderazgo el mensaje se fragmentó: “Manfred Reyes Villa cree que es el paso para volver a Bolivia, Luis Revilla que dice que no es un problema con Morales, sino con cambiar la Constitución, y Félix Patzi se ha proclamado candidato a la elección de 2019”, señala.La descoordinación entonces  genera la confusión y la dispersión en el mensaje.

Inicialmente, la dirigencia de la oposición dijo que no haría campaña, sino que se sumaría a las iniciativas ciudadanas. No se puede negar que la campaña espontánea por el No se limita a las redes sociales (que no son poco poderosas), aunque también a la plataforma ciudadana Nueva Oportunidad (N.O.).

Ortuño expresa que hubo un lado positivo al movilizar a la gente de manera creativa en la plataforma de las redes, aunque también está el lado negativo que puede derivar al odio, a la mentira, al insulto, etc.

“Desde hace dos semanas, los mensajes en las redes han pasado de un reclamo de alternancia a los insultos y mentiras”. Un ejemplo de esto fue la polémica de la factura de peluquería para Evo Morales por Bs 1.400 que resultó ser falsa. “Esto en vez de ayudar, resta”, manifiesta Ortuño.

CATÁSTROFE. Hay entonces mensajes que prevén la catástrofe: el retorno del neoliberalismo o el absolutismo. “No es nuevo esto, pero la característica en común es el manejo del temor a las consecuencias del referéndum. El MAS intimida diciendo que el No destruiría todo lo logrado y se retrocedería a las políticas de los 90 con el consiguiente retorno de sus líderes”, apunta Gamboa.

Esta visión tiene su correlato en la oposición a la modificación constitucional con la ecuación de que la reelección deviene inevitablemente en una ruptura del sistema democrático. “Este temor de una degeneración hacia el totalitarismo marcan la señal mítica en la que la oposición identifica automáticamente el Sí con el absolutismo. En ambas perspectivas hay este reduccionismo”.

Tal vez entonces sea el “drama” lo que caracteriza mejor este punto en común de ambas campañas.

El mensaje de un segmento de la oposición enfatiza en que hay que rechazar la modificación porque “está para satisfacer los deseos de dos personas: Evo Morales y Álvaro García”. Ahí se ha quedado el mensaje de la campaña que encabeza partidariamente la coalición Unidad Demócrata, diagnostica Gamboa: “La gran deficiencia es que no tiene una presencia en medios ligada a un liderazgo que haga frente a Evo Morales. No hay una figura respetable y articuladora de la opción por el No, lo que le quita impacto. Esto no quiere decir que la tendencia probable no dé un margen de victoria a esta opción”.

LIBRETO DE LAS ENCUESTAS. Aliaga tuvo acceso a los resultados de grupos focales que indagaron sobre las percepciones de grupos de votantes indecisos. De estas muestras, una fue realizada por una organización civil vinculada a la Iglesia Católica y la otra, a un partido político. Ambas dan los mismos resultados, cuenta.

Los resultados que lanzan, para Aliaga, marcan un libreto que ambos frentes están siguiendo al pie de la letra. Lo que de algún modo contradice el diagnóstico tanto de Ortuño como de Franco.

Todas las encuestas públicas o internas hablan de una porción importante de indecisos (entre el 10% y 12%), además de la ventaja ligera del No. “Esos indecisos van a definir”. Las muestras dicen que el indeciso es un individuo urbano que ha votado por Evo Morales en elecciones pasadas y que ha apoyado o apoya a Morales (quien sigue teniendo un alto índice de aprobación)

“El indeciso es un sujeto que reconoce los logros de Morales, pero que está indeciso por tres motivos centrales, según los grupos focales: la corrupción, que dañó irreparablemente al MAS; la rosca plurinacional, un grupo de 50 personas que está enroscada en el poder alrededor del Presidente; y la intranquilidad económica, este grupo no tiene confianza en la prometida estabilidad”.

El grupo de indecisos entonces tiende a votar No por estos tres elementos. Por eso la campaña por esta opción sigue el libreto que indican los grupos focales, indica Aliaga, para quien la campaña del miedo por el No es marginal y hace daño al rechazo. Por eso el MAS insiste en la vuelta del neoliberalismo, “porque ese grupo de indecisos tiende al Sí”. La campaña del Sí también  sigue al pie de la letra el libreto que lanzan los resultados de los grupos focales.

“Ellos lo siguen con mayor disciplina porque es una campaña centralizada. Los grupos focales dicen que hay dos cosas que llevan al indeciso a votar por el Sí: estabilidad económica y el temor que responde ‘después de Evo, ¿quién?; no hay nadie’”, explica Aliaga. Del lado del No, no hubo una respuesta coherente a esa pregunta (como lo notó Ortuño al recapitular lo dicho por Reyes Villa, Patzi y Revilla). Ahora, en el MAS también hay campañas marginales, como, por ejemplo, la que habla de que la corrupción es menor a la de antes, “pero han visto que eso les hace daño”.

Éstas son las interpretaciones de los contenidos de las campañas, restando considerar un segundo elemento: esas dos semanas de campaña oficial fueron prácticamente las únicas, debido a que los siguientes días el Carnaval restará impacto y captará la atención de la población. El balance de estas semanas, para Ortuño, da como resultado un periodo de campaña “desastroso para los dos frentes”.

Hay un dicho en Bolivia que señala que en el país uno gana una elección no tanto por los aciertos como por meterse menos autogoles... “Me da la impresión de que el oficialismo se ha metido menos autogoles, pero lo que predomina es que ambos son erráticos”, manifiesta Ortuño. ¿Será posible que los encargados del marketing político de los frentes logren interpelar a los votantes en medio de la confusión carnavalera?

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