Animal Político

La Carta Magna de la ASEAN universaliza los derechos humanos

El negociador filipino considera que los principios consagrados en la Declaración revelan la voluntad política de que las condiciones sean iguales para todos en la política internacional

La Razón / Kevin H. R. Villanueva

00:00 / 13 de enero de 2013

El 18 de noviembre de 2012, los diez jefes de Estado de la ASEAN firmaron la Declaración de Derechos Humanos de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Esta Carta Magna asiática es un documento exiguo de 40 artículos que comienza con un preámbulo, seguido de seis secciones sobre principios generales, derechos civiles y políticos, derechos económicos, sociales y culturales, desarrollo, paz y cooperación internacional para la promoción y protección de los derechos humanos. Hasta ahora, ningún país o conjunto de países con personalidad jurídica de la región asiática había aprobado un documento de semejante magnitud.

¿Qué simboliza esta declaración histórica? Por fin se han enterrado el "debate sobre los valores asiáticos", que causó furor en los años 90, y el espectro del relativismo cultural. Esto no quiere decir, sin embargo, que hayan desaparecido los valores asiáticos. Lo que está claro es que los derechos y principios consagrados en la Declaración revelan la voluntad política de la ASEAN de que las condiciones sean iguales para todos en la política internacional.

Entre enero y septiembre de 2012, los diez representantes de la Comisión Intergubernamental de Derechos Humanos de la ASEAN celebraron una serie de diez reuniones arduas en siete ciudades diferentes de todo el Sudeste Asiático y dieron al proyecto de derechos humanos su forma autóctona; igualmente importante son las nociones nuevas y pulidas que giran en torno al derecho a la paz y el desarrollo, y la llamada de atención sobre el respeto de la soberanía y la igualdad en la cooperación internacional. Pese a todo, una característica icónica de esta Declaración regional y lo que, en mi opinión, es su mayor contribución, es el imprimatur de la ASEAN sobre la universalidad del régimen internacional de derechos humanos.

Los debates más largos y más espinosos de las negociaciones giraron en torno a la expresión "particularidades regionales". Los debates se convirtieron en un pulso entre adoptar los términos exactos del apartado de la Declaración y el Programa de Acción de Viena de 1993 —de los cuales procede la frase—, redactar una versión modificada que alterase el apartado suprimiendo dicha expresión o eliminar la palabra "particularidades" de una vez por todas.

El resultado fue un nuevo artículo: "Todos los derechos humanos son universales, indivisibles e interdependientes y están relacionados entre sí. Todos los derechos humanos y las libertades fundamentales de esta Declaración deben recibir un trato justo y equitativo, en condiciones de igualdad y con el mismo énfasis. Al mismo tiempo, la plasmación práctica de los derechos humanos deberá ser examinada en el contexto regional y nacional, y deberá prestar atención a los distintos trasfondos políticos, económicos, jurídicos, sociales, culturales, históricos y religiosos" (artículo 7).

Se decidió purgar la palabra "particularidades", para dejar constancia de la decisión unánime de la ASEAN de poner fin de manera eficaz a todo posible pretexto de criterios selectivos, entre otros la parcialidad, y a modalidades de discriminación o doble rasero, no sólo entre los Estados miembros, sino también en su propio seno y entre los detractores occidentales que podrían utilizar el discurso sobre los derechos para defender sus propios intereses. Se acordó que, en el futuro, nunca se interpretaría el artículo 7 en detrimento de la universalidad de los derechos humanos o de una manera que pudiese menoscabar los principios protegidos por la Declaración.

Esa disposición también mantiene el respeto de la rica diversidad sociocultural de los Estados miembros y sus tradiciones nacionales. Se utiliza para recordar a la comunidad internacional que debe prestar especial atención a las necesidades y deseos concretos de las poblaciones nacionales, pero que debe ser crítica y hacer gala de firmeza contra las prácticas locales que violan la dignidad humana.

Es lamentable que en el pasado la interpretación del término "trasfondos" haya tendido a hacer hincapié en los contextos nacionales, en detrimento de los contextos regionales. Así pues, hasta nuestros días, las distintas nociones de “particularidades” se han basado, inconscientemente, en las diferencias nacionales, en detrimento de las prácticas regionales compartidas. La Declaración de Phnom Penh de los Jefes de Estado sobre la adopción de la Declaración afirma explícitamente que la aplicación de los derechos humanos debe ser "conforme con la Carta de la ONU, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Declaración de Viena y el Programa de Acción, y otros instrumentos internacionales de derechos humanos de los que los Estados miembros de la ASEAN sean parte, así como las declaraciones e instrumentos pertinentes del bloque relativos a los derechos humanos", a fin de que la Declaración no se preste a las interpretaciones tangenciales de posibles regímenes autoritarios.

Estas deliberaciones manifiestan el ideal excepcional de solidaridad regional de la ASEAN en plena acción. La organización ha sido objeto de críticas desde dentro y desde fuera por no tener un sistema de votación efectivo. Pero el espíritu de compromiso y consenso se materializó constantemente —y con mucho esfuerzo— a lo largo de todo el proceso de redacción y, especialmente, en la negociación del artículo 7. Al margen de ciertas posiciones duras y obstinadas, los representantes invocaron la norma básica para deshacerse de los posibles problemas cuando uno o más Estados estaban en desacuerdo absoluto. Esto ha sido un arma de doble filo. Entre las ventajas de evitar conflictos de vecindad o las de un acuerdo, dominó el principio preeminente de la conveniencia política: uno para todos-y todos para uno.

Además, en consonancia con la informalidad de la ASEAN, los representantes también convocaron una serie de lo que llamaron retiros en el curso de las negociaciones. Los funcionarios, ministros y burócratas de la ASEAN recurren por igual a esta costumbre regional de carácter único cuando acuerdan que el protocolo debe dar paso a un diálogo directo e íntimo entre homólogos. El ambiente de los retiros es relajado, familiar y poco ceremonioso. Los redactores, que eran en última instancia responsables de cada palabra de la Declaración, organizaron esos retiros con prudencia y moderación con el fin de negociar lejos de la opinión pública, combinando en primer lugar las necesidades de confidencialidad (que no es lo mismo que secreto), y por último, pero igualmente importante, el valor omnipresente de salvar las apariencias en la idiosincrasia del Sudeste Asiático.

Estos ideales y valores son exclusivos de la ASEAN, pero sin lugar a dudas se basan en gran medida en los principios del sistema de Estado moderno. De hecho, podemos optar por ser cínicos y prestar exclusivamente atención a la capacidad de resistencia del Estado y a la frecuencia con que se tambalea en la protección de los derechos y las libertades individuales de las mujeres y los hombres. Pero también podemos optar por contemplar esta Declaración con otros ojos: un pequeño paso para la ASEAN, pero un gran salto para la humanidad. Lo contrario es igualmente cierto: Un pequeño paso para la humanidad, pero un salto enorme para la ASEAN. No es de extrañar que ahora nos beneficie a todos de un modo u otro.

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