Animal Político

Carta a un dignatario de Estado enojado

La razón de esa sinrazón, supimos luego, era que un colega nuestro había escrito una nota en la que le aludía a usted y describía lo que el periodista consideraba una conducta suya no muy loable, criticable, deplorable, en realidad.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

00:05 / 21 de marzo de 2016

Señor ministro: el otro día nos rompió algo más que el corazón (mal pensados abstenerse), usted se acordará cuándo. Con sorpresa, un viernes, el insufrible día de cierre del suplemento, ése en que todos nos alistamos para el sábado y el fin de semana, claro, luego de haber cumplido con los deberes de rigor, vía teléfono supimos que no nos iba a enviar un texto de opinión suyo que días antes (una semana antes, si nos permite la protesta) habíamos acordado que nos mandaba. 

La razón de esa sinrazón, supimos luego, era que un colega nuestro había escrito una nota en la que le aludía a usted y describía lo que el periodista consideraba una conducta suya no muy loable, criticable, deplorable, en realidad.

Se imaginará la desazón que ello produjo en nuestros esperanzados corazones al saber que íbamos a contar con su opinión representando a la línea del Gobierno; pero ¡plaf!, “el señor ministro ha instruido que nada con LR, por el articulejo ese.... (bueno, esto de ‘articulejo’ le añadimos nosotros, la verdad, para dramatizar)”, fue lo único que una metálica voz nos dijo desde el otro lado del teléfono.

“¿Y aura?”, nos miramos estos animales políticos responsables de este noble suplemento. “Llamale directamente; ya sabes cómo son estos colaboradores, que dicen sí cuando en realidad se les mandó decir no; tal vez es el caso; tal vez estos cuates no nos conocen...”, le dije esperanzado a mi colega animal. Directo marcó y directo también una voz esta vez tierna nos  repitió la instrucción: “Hasta que el señor tantos tantos no rectifique o se disculpe, nada con LR ni con el AP ni con la ONU ni con nadie”.

Ni modo, usted habrá visto cómo este enternecedor suplemento tuvo que salir el domingo siguiente cojo de una pata; habrá visto cómo faltaba la visión del Gobierno, la suya, en una de sus páginas. No nos resentimos, para qué.

Señor ministro, siempre hemos pensado que un funcionario público está en todo su derecho de querer o no querer opinar o hasta hablar, y siempre, como se dice, religiosamente hemos respetado ello.

Pero también, estimado dignatario, si hay algo sagrado de la función pública, usted entenderá, es  la obligación de informar, y en su caso, una forma de información es su opinión. Nada que ver por no-sotros, estos nobles animales,     ministro, sino por la gente.

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