Animal Político

Carta a los jóvenes y a las jóvenes de México

¿Qué tipo de sociedad es ésta que permite que gente aparentemente normal como nosotros cometa crímenes tan detestables? ¿Qué Estado es éste que parece infiltrado hasta los huesos por la narcoviolencia?

La Razón (Edición Impresa) / Boaventura de Sousa Santos

00:00 / 16 de noviembre de 2014

Me dirijo a todos mis amigos y a todas mis amigas de México. Si me permiten, me dirijo en especial a Ustedes los jóvenes y las jóvenes de México. Una conmoción atraviesa todo el mundo por el horror de la masacre de los jóvenes de la escuela normal de Guerrero y en particular por el horror de los detalles con que se ha cometido esta acción.

Comprendo su gran angustia, rabia y perplejidad: ¿Qué tipo de sociedad es ésta que permite que gente aparentemente normal como nosotros cometa crímenes tan detestables? ¿Qué Estado es éste que parece infiltrado hasta los huesos por la narcoviolencia? ¿Qué democracia es ésta que invita a la resignación ante enemigos que parecen demasiado fuertes para poder ser combatidos, mientras se aprueban leyes que criminalizan la protesta pacífica (como las leyes bala y mordaza)? ¿Qué Policía es ésta que es cómplice con la desaparición forzada y tortura de ciudadanos inocentes? ¿Qué política educacional es ésta que persigue a la educación rural y no permite que estos jóvenes sean héroes por la vida comunitaria que promueven, sino mártires por la muerte horrorosa que sufren? ¿Qué comisiones de derechos humanos son éstas que existen en ese país, que están ausentes y omisas ante crímenes de lesa humanidad, mientras que los verdaderos activistas de derechos humanos son asesinados? ¿Qué mundo es éste que sigue elogiando el Presidente de la República por el simple y único “relevante” hecho de haber entregado al imperialismo la última riqueza del país que restaba en manos de los mexicanos?

Sé que son demasiadas preguntas, pero lo peor que podría pasar sería que Ustedes se dejasen dominar por la magnitud de ellas y se sintieran impotentes. La contingencia de nuestra vida y de nuestra sociedad está dominada por dos emociones: el miedo y la esperanza. Sepan Ustedes que esta violencia desatada se dirige a su resignación, dominados por el miedo, y sobre todo por el miedo a la esperanza. Los poderosos criminales saben que sin esperanza no hay resistencia ni cambio social. Sabemos que es difícil escapar al miedo en condiciones tan dramáticas como las que viven. El miedo no se puede eliminar, pero lo importante es no rendirse al miedo, sino tomarlo en serio para poder enfrentarlo y superarlo eficazmente. A eso le llamamos Esperanza. Ustedes tienen la fuerza para salir de esta pesadilla, resistir a la ilegalidad y violencia institucionalizadas y construir una alternativa de esperanza. Para eso es necesario organización, respaldo popular y una clara visión no solamente política, sino también ética de una sociedad donde sea posible vivir con dignidad y en paz.

Hay varias opciones y no me sorprende que Ustedes las contemplen todas. Sé que algunos buscan crear zonas autónomas, libres de opresión y de dominación. Tales zonas liberadas son fundamentales como espacio de educación a fin de que Ustedes muestren unos a los otros que es posible vivir de manera cooperativa y solidaria para que cada uno y cada una pueda decir: yo soy porque tú eres. Pero más allá de las zonas liberadas es necesario enfrentar al poder político, económico y cultural que oprime y aterroriza.

Para eso hay dos opciones básicas y estoy seguro que Ustedes analizan las dos con mucho cuidado: por un lado, la lucha armada; por otro, la lucha pacífica, legal e ilegal. Si me permiten, les digo que la historia muestra que la  primera es irrenunciable solamente cuando no hay otra posible alternativa. La razón es simple: la lucha armada difícilmente tiene respaldo popular si es obligada a sacrificar la vida para defender la vida. La pregunta es: ¿hay espacio de maniobra para una alternativa pacífica? Humildemente pienso que sí porque la democracia mexicana, a pesar de estar muy herida y violada, está en nuestro corazón, como bien demuestran sus luchas contra tantos y sucesivos fraudes electorales.

Miren la experiencia del sur de Europa, donde la desesperación de los jóvenes está dando lugar a innovaciones políticas interesantes, partidos-movimientos que asumen internamente los procesos de democracia participativa, en los que los rostros conocidos son voceros de procesos de deliberación muy creativos en que participan miles de ciudadanos y ciudadanas. Y subrayo, ciudadanos y ciudadanas. Lamentablemente, en muchos países, y México no es la excepción, las tradiciones de lucha tienen estilos bastantes autoritarios, estilos machistas verticales. Hay que profundizar a ese nivel la democracia participativa, sobre todo cuando sabemos que las mujeres han sido tantas veces blancos privilegiados de los sicarios. 

¿Será posible en México un nuevo partido-movimiento organizado por las jóvenes y los jóvenes? Ustedes saben la respuesta. Mejor aún, Ustedes son la respuesta. No va a ser fácil porque los señores del poder van a intentar criminalizar su lucha pacífica. Hay que asumir el costo de la resistencia pacífica aunque ésta sea declarada ilegal, asumir ese riesgo en nombre de la esperanza. El miedo de la ilegalidad tiene que ser enfrentado con la convicción de la ilegalidad del miedo. Ahí está la esperanza.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia